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Las mejores novelas del año en un país donde no se lee
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Alberto Olmos

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Las mejores novelas del año en un país donde no se lee

De los libros no premiados en 2021, a mí me han gustado dos especialmente. 'Miss Marte' (Alfaguara), de Manuel Jabois, y 'Yo, mentira' (Tránsito), de Silvia Hidalgo

Foto: Feria del Libro de Madrid. (EFE/Emilio Naranjo)
Feria del Libro de Madrid. (EFE/Emilio Naranjo)

No sabría uno decir ya de qué va la cosa, de qué va la cosa de la literatura española. 2021 termina con su cosecha habitual de títulos que no cambian nada la literatura universal; o sea, que si no se hubiera publicado ninguno, nadie en 2050 diría: "Eh, ¿y esos libros maravillosos de 2021? ¡Los echamos de menos!". Escribimos quizá para que la gente tenga algo que leer que no se haya leído antes, porque la gente no se ha dado cuenta de que los libros que no están en el escaparate siguen funcionando allá al fondo de una habitación. Es todo una huida hacia adelante a caballo de la irrelevancia.

Durante los primeros compases del siglo XXI, eso llamado autoficción dio carácter al libro nuevo. Ahora la autoficción languidece, se repite, Carrère hace yoga porque ya no sabe qué hacer. Se siguen contando historias y se recuperan autoras del pasado siglo que saben demasiado al pasado siglo (Concha Alós, Ann Quin…). Luego se dan premios que, hay que reconocerlo, nos evitan leer cuatro o cinco libros al año.

Foto: Las portadas de los libros (DISEÑO)

De los libros no premiados en 2021, a mí me han gustado dos especialmente. 'Miss Marte' (Alfaguara), de Manuel Jabois, y 'Yo, mentira' (Tránsito), de Silvia Hidalgo. Ya les hablé de ellos con el entusiasmo habitual. No inventan la rueda, pero están muy bien hechos, son dialogantes y se puede hacer una película que sirva de debut a un director que no rodará ninguna más, aunque, quizá, ganará el Goya a mejor guion adaptado. La gente que no guste de estos dos libros no sabe nada de literatura y, por lo tanto, no debería ser invitada a ninguna fiesta donde también me inviten a mí.

placeholder Cubierta de 'Miss Marte'. (Alfaguara)
Cubierta de 'Miss Marte'. (Alfaguara)

'Tres' (Anagrama), de Dror Mishani, sirve justamente para eso: para entender quién sabe de literatura. Aparte de para leerla con sumo gusto. En Goodreads hay quien se ha aburrido con el libro (una estrella) y hay quien lo considera excepcional (cinco estrellas). Malos lectores y lectores, en fin. No se puede construir mejor un personaje que como enseña esta novela; tampoco es fácil alcanzar la perfección estructural de su trama. La gente que cree que Ali Smith es gran literatura tampoco suele entender que gran literatura —en caso de duda— siempre es saber contar una historia.

placeholder 'Tres' (Anagrama)
'Tres' (Anagrama)

Ha sido un año en el que, inopinadamente, me he encontrado con muchos libros malos. O ilegibles. O que al autor le han publicado porque él, justamente, es su autor. Diría que ha sido el año en que más libros he dejado a la mitad. Prácticamente, todos los que usted tenga en mente, de autores españoles nacidos en los sesenta y setenta. Daría nombres, pero tampoco tengo que ser yo siempre el que da los nombres. Con todo, por apuntar al extranjero, me han decepcionado Rachel Cusk ('Segunda casa') o Ben Lerner ('El instituto Topecka'), que ya es decepcionar.

El mejor escritor español contemporáneo es ahora mismo Andrés Trapiello, simplemente porque lleva cuatro o cinco años a un nivel excepcional. Después de 'El Rastro' y 'Madrid', 'La fuente del encanto' (Fundación Lara) quizá podría considerarse otra vez su mejor obra. Lo que parece un aburrido repaso de sus poemas preferidos, de entre los suyos, se convierte en una memoria sentimental gozosa y entrañable. León años cincuenta, el frío que hacía y las ganas que tenía uno de irse a Madrid. Una delicia.

placeholder 'La fuente del encanto'. (Fundación Lara)
'La fuente del encanto'. (Fundación Lara)

Y la mejor editorial española contemporánea (no digan que no les doy titulares) es Libros del Asteroide. Este año ha publicado varios de mis libros favoritos: 'Valle inquietante', de Anna Wiener, 'Un domingo en Ville d`Avray', de Dominique Barberis, o 'Los días perfectos', de Jacobo Bergareche. Tiene ya Asteroide esa pátina que tenía en su día Anagrama, según la cual basta tener en las manos un libro suyo para estar de inmediato a favor de disfrutarlo muchísimo. Me pasa sobre todo con los libros que publica en color azul.

placeholder 'Los días perfectos' (Asteroide)
'Los días perfectos' (Asteroide)

De hecho, algo como azul es la cubierta de 'Ya sentarás cabeza', los diarios de Ignacio Peyró, que salieron a finales del año pasado y solo he leído en el transcurso de este. Me ha parecido un libro, una prosa, excepcional.

Dos volúmenes de los que se ha hablado mucho, y estoy de acuerdo, han sido 'Los penúltimos días de Escohotado' (Esfera de los libros), de Ricardo F. Colmenero, y 'La casa del ahorcado' (Debate), de Juan Soto Ivars.

Foto: Juan Soto Ivars. (Jeosm Photography)

Libros de los que nadie ha hablado, y qué le vamos a hacer, porque están muy bien, son 'Los incidentes' (Fulgencio Pimentel), de Djian Philips, o 'Tiempo ordinario' (Papeles Mínimos), de Eduardo Laporte. El primero es novela negra intelectual y el segundo, diarios. También me ha parecido muy interesante 'Revelaciones de la maestra de arco' (Pre-textos), de Javier Vela. O el durísimo y funeral 'Cuál es tu tormento' (Anagrama), de Sigrid Nunez.

Volviendo a la narrativa española, sobresalen, por motivos divergentes, el debut de Marta Jiménez Serrano, 'Los nombres propios' (Sexto Piso), y 'Membrana' (Galaxia Gutenberg), de Jorge Carrión. El primero es una ópera prima que abre toda una feliz expectativa en relación con su autora; el segundo es una obra que debe hacer la décima o más de su autor, y que en cierto sentido da la razón a su persistencia en la exploración de nuevas formas narrativas.

También muestra gran resistencia José Ángel Mañas, cuya novela documental 'Una vida de bar en bar' (Algaida) es lo más cercano que ha dado este año la literatura española a eso que se conocía como novela social.

Eso les cuento, sin que necesariamente tengan que hacerme mucho caso. Yo la mejor novela del año siempre la acabo leyendo al año siguiente, porque a veces es mejor perder un poco el paso, y decidirse por leer lo que ya nadie lee.

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