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¿Qué tiene de malo amañar la lotería?
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Alberto Olmos

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¿Qué tiene de malo amañar la lotería?

El azar ordena buena parte de nuestras vidas, y muchos deciden intervenir en él

Foto: Celebración del cuarto premio de la reciente lotería de Navidad en Oviedo. (EFE/E. Alonso)
Celebración del cuarto premio de la reciente lotería de Navidad en Oviedo. (EFE/E. Alonso)

Entre 1995 y el año 2000, decenas de personas participaron en el amaño de un juego de azar en Estados Unidos. Se trataba del monopoly de McDonald's, donde tarjetas con nombres de lugares adheridas a los productos de esta cadena de comida rápida llevaban en el reverso desde un Mcmenú gratis a un millón de dólares. Muy oportunamente, el amaño se llevaba a cabo exclusivamente con tarjetas que regalaban sobre todo un millón de dólares. Esta historia debe sugerirnos de inmediato una pregunta: ¿qué es el azar?

Mañana giran otra vez los bombos para convertirle en millonario. Usted sabe que no va a ganar la lotería del Niño. Sin embargo, cree que va a ganar y por eso ha comprado no sé cuántos décimos. El azar, por tanto, es esperanza, el sueño momentáneo de la buena fortuna.

Foto: Los loteros de 'El X de la Suerte' en O Porriño entregan primer y tercer premio de la Lotería del Niño en 2021 (EFE)

Resulta estimulante apuntar que amañar bien la lotería no le quita la esperanza a la gente, y la deja además como estaba: sin nada. Es decir, si los números que salen mañana en los bombos, los grandes premios, ya están predeterminados y se los van a llevar familiares de altos funcionarios españoles, amigos o testaferros, y usted lo ignora, el sorteo del 6 de enero se desarrollará de manera indistinguible a uno realizado honestamente. O sea, usted no ganará, que es lo que pasa siempre.

Debería amañarse el sorteo porque no hay nada de malo en que una mayoría de gente que juega no gane, pues nunca gana

Ahí entra un tema apasionante: que debería amañarse el sorteo, sí, porque no hay nada de malo en que una mayoría de gente que juega no gane, pues nunca gana, y casi nada de malo en que los eventuales ganadores honestos del sorteo tampoco ganen esta vez, porque a fin de cuentas ellos no han hecho nada para ganar. Usted, el ladrón de loterías, por lo menos se ha molestado en amañar el sorteo, con riesgo de cárcel y de descrédito social. Lo lógico, por tanto, es adulterar el sorteo, todos los sorteos, y muchas veces es lo que me da por pensar que se hace.

El azar en un papel

En ocasiones juego al Euromillón, que son cinco números marcados al azar en un papel, más otros dos marcados en otro campo de ese papel. Si salen los siete, es mucho dinero. Pero también hay un sorteo paralelo aparejado al Euromillón, una serie estrambótica de caracteres que se adjudica a cada boleto jugado y que, de coincidir con la serie estrambótica premiada, te asigna instantáneamente un millón de euros. Por ejemplo, en uno de los últimos sorteos, esta combinación robótica ganadora fue WGP95254.

A nadie le importa esa serie, ese sorteo paralelo, y todo el que juega espera únicamente haber elegido bien los siete números que, en efecto, salen de un bombo, como puede verse por televisión. Pero ese WGP95254 no sale de un bombo, sale sin más, supongo que de un programa informático que tiene su propio informático y su propio notario y su propio funcionario manejando y supervisando. ¿Qué tan difícil sería amañar ese sorteo, el del millón de euros? Una vez me puse a mirar dónde tocaba, y tocaba en sitios tan inocentes que parecían elegidos a posta. Castro Urdiales, Caravaca de la Cruz, Punta Prima, por decirles las tres últimas localidades donde un jugador del Euromillón ha tenido una suerte extraordinaria. El Euromillón propiamente dicho casi siempre toca en grandes ciudades.

placeholder Un jugador rellena un boleto de Euromillones. (iStock)
Un jugador rellena un boleto de Euromillones. (iStock)

Precisamente porque el azar es indiscutible (nadie se queja nunca de que le toque a otro, solo de que no le toque a él), es muy difícil sospechar del azar, si está bien vendido y no se dan motivos. (Últimamente, la gente siempre ve cosas raras en las manos del señor que mete las bolas en el bombo, eso es verdad). Por ello, como en el caso del monopoly de McDonald's, solo una denuncia de 'alguien de dentro' podría dar al traste con un engaño en principio invulnerable y sumamente parecido al azar de verdad, pues siempre gana otro.

Pero la segunda idea que me sugieren estas especulaciones es más ancha, si quieren. ¿Por qué debemos confiar en el azar? Eso se preguntan sin duda los que se lanzan a amañar sorteos y, de hecho, muchos otros para los cuales la vida es una profecía autocumplida, por colarles un cliché. ¿Por qué tengo que esperar sentado si, en realidad, podría forzar el azar? Ese es el tema, queridos lectores: forzar el azar.

Foto: Una administración de lotería de Burgos, que vendió el primer y el segundo premio en 2021. (EFE)

La mayoría de los amigos que tenemos, por ejemplo, son azarosos. Los escritores mandan libros a concursos y, si hay suerte, ganarán. A veces alguien se fija en tu película, en tu canción o en tu trabajo y lo promociona. Tuviste suerte.

Lo que pasa por la cabeza de los emprendedores del azar es justamente esta idea: ¿por qué tiene que ganar otro y no yo?

Lo que pasa por la cabeza de los no tan malignos (pero un poco sí) emprendedores del azar es justamente esta idea: ¿por qué tiene que ganar otro y no yo aleatoriamente? Así, imaginen que en lugar de tener los amigos que tenemos tuviéramos otros, que a fin de cuentas serían tan amigos, exactamente tan amigos, como los que tenemos ahora, pero buscados de manera voluntaria entre personas que nos convinieran más. No otra cosa significa que unos padres metan a su hijo en un colegio privado donde todos los niños son hijos de la élite de la ciudad, por ejemplo. Están eligiendo amigos para sus hijos, en lugar de aceptar pasivamente que su hijo tenga de amigo a un pobre. Y no otra cosa es también hacer la pelota a escritores mayores que, en algún momento, serán jurados de un concurso donde tu manuscrito espera veredicto. O enviarle tu película o tu canción a alguien famoso que pueda darle el espaldarazo definitivo, en lugar de aguardar candorosamente a que esa persona se interese por sí sola por tu obra. De este modo, podríamos decir que el opuesto exacto del azar es el trepa, aquel que hace más de lo debido por que la lotería de la vida le toque.

Los demás (que creo que somos mayoría) confiamos en el azar, lo cual tiene algo de confiar en Dios, lógicamente. En la vida nos toca lo que Dios, el azar, la combinación de todas las circunstancias determina que nos toque, amigos, premios, loterías, amantes apasionados, Mcmenús. Y, cuando nos cae encima algo realmente bueno, siempre pensamos: me lo merezco. Mientras que cuando descubrimos todo lo que ha hecho un trepa o un amañador de premios de lotería para que le toque a él, pensamos: eso no vale.

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