Varias personas cultas y progresistas comentaron enseguida que Charlie Kirk merecía morir. Este merecimiento guarda relación con el odio acumulado. Si amontonas ingentes cantidades de odio, ser asesinado es siempre una posibilidad. Por ello, si Kirk no hubiera dicho las cosas que dijo, no estaría muerto. Esto es muy interesante porque deja en una zona de sombra la ejecución de Kirk. Por un lado, se le quería muerto; por otro, se le ha matado. Entre medias, se lo merecía. Determinar en qué momento Kirk se merecía morir resulta crucial. Mucha más gente tendrá que morir de un tiro en la cabeza para que entendamos la paradoja.
En España, sin ser exhaustivos, han sido personas tan cultas y progresistascomo Pedro Vallín e Ignasi Guardans los que nos han ilustrado sobre el merecimiento de muerte de Charlie Kirk. Sin embargo, antes de que la celebridad conservadora fuera asesinada, nadie avisó de que podía ser asesinada. Sólo cuando lo han matado, hemos sabido que era asesinable.
Ese desgraciado era un apologeta de la violencia y de las armas. Ha muerto de un tiro mientras fomentaba el odio a las personas trans, vinculándolas con la violencia. Sí, un tipo deleznable. Pero la gente honesta no puede apoyar la muerte violenta de los de esa calaña.
Nadie dijo: “Este Charlie Kirk va a acabar muerto” o: “No me extrañaría que lo mataran un día”. Sin embargo, cinco minutos después de verlo desangrarse en una universidad, Vallín, Guardans y muchas otras personas cultas y progresistas por todo el mundo conocían, como se conoce el sumario de una pena de muerte, las causas y motivos por los que recibió un balazo en el cuello. Es como si hubieran acertado la Bonoloto, los seis números, y luego afirmaran que no los pusieron al azar, sino obedeciendo a ese afán de progreso, a esa enorme cultura y a esa estricta racionalidad que les caracteriza.
Como en la lotería, la posibilidad de que Kirk mereciera morir (es decir, de que una vez muerto, y sólo entonces, mereciera morir) era muy remota. Primero, tenía que ser Charlie Kirk. Después, alguien, de entre los millones de ciudadanos estadounidenses, debía decidir matarlo. Finalmente, tenía que conseguir matarlo. Sólo entonces podríamos tener razón al afirmar que se lo había buscado.
Solo cuando lo han matado, hemos sabido que Charlie Kirk era asesinable
Junto a Charlie Kirk, hay decenas de personajes públicos americanos que despiertan un odio inmenso entre las personas progresistas y cultas. El propio Donald Trump vio pasar una bala delante de sus ojos. Ben Shapiro o Candace Owens han generado con sus palabras polémicas incluso más enconadas que las provocadas por las palabras suicidas de Kirk. Anticipando merecimientos, podemos ya deducir sin margen de error que Trump, Shapiro y Owens, en caso de ser asesinados, se lo merecían.
En la alternativa woke a Twitter, llamada BlueSky, donde se refugiaron miles de personas progresistas y cultas huyendo de la intolerancia de Twitter, se han deslizado varios nombres de figuras públicas que también merecen morir. Por ejemplo, Elon Musk y JK Rowling. Supongo que Andrew Tate no lo merece menos.
Así las cosas, ¿cuántos van, cuántos condenados, cuántos ejecutados en sueños, cuántos números de esa Bonoloto del tiro en la cabeza?
Aunque todo parece en calma (Kirk muerto y tú sabiendo que se lo merecía), veo una posible desconfiguración de este modelo moral. Imaginen que, en efecto, mañana (mañana mismo) matan a Andrew Tate. Será un francotirador, más o menos aficionado, y habrá vídeos donde se verá claramente la bala atravesar la cabeza de Tate y el borbotón de sangre subsiguiente y el desplome en el suelo. Todo será igual que con Kirk, sólo que una semana después.
Luego, serán asesinados Candace, JK Rowling y Shapiro. Antes de Navidad, sumando a Trump y a Elon Musk, habrán muerto, de forma idéntica a Kirk, seis americanos reaccionarios y odiosos más, que sin duda se lo merecían.
Sin embargo, ¿podrían las personas cultas y progresistas como Vallín o Guardans, y tantos otros por todo el mundo, repetir sus mensajes sobre el merecimiento de la muerte? Sólo hacen falta seis locos más, con cierta puntería, para encontrarnos en ese escenario. Si Kirk se lo merecía, y JK Rowling se lo merece, ¿por qué dejar viva a JK Rowling?
Una persona con la camiseta de 'Todos somos Charlie' tras la muerte de Kirk. (Reuters)
Si ya sabemos que matar fascistas a sangre fría, toda vez que se acepte el proceso judicial aparejado, está socialmente bien visto por, quizá, la mitad de los ciudadanos; y si ya sabemos que la otra mitad no puede hacer nada salvo seguir siendo fascista, ¿por qué no normalizamos las ejecuciones a discreción?
Si ya sabemos que la otra mitad no puede hacer nada salvo seguir siendo fascista, ¿por qué no normalizamos las ejecuciones a discreción?
Las personas cultas y progresistas, que están de hecho fomentando esta normalización de las ejecuciones a voluntad, no podrán, sin embargo, volver a argumentar que alguien se lo merecía, pues con dos, tres, cinco muertos al mes esa justificación se diluirá por consabida, sonará a innecesaria y dará paso a la verdadera explicación: hayan hecho lo que hayan hecho, merecen morir. Todos.
Es decir, merecen morirdesde el mismo momento en que conseguimos matarlos.
El ejecutor será condenado a la pena de muerte o a cadena perpetua, pero la sociedad será más culta y progresista gracias a que habrá decenas de fascistas menos, muertos a tiros, eventualmente apuñalados, y decenas de vídeos de sus asesinatos y de sus cuerpos vencidos y de los boquetes abiertos en sus cabezas de los que manarán la sangre y los sesos.
Cuantos más fascistas asesinados, más progreso. Es algo que puede entender cualquiera.
Varias personas cultas y progresistas comentaron enseguida que Charlie Kirk merecía morir. Este merecimiento guarda relación con el odio acumulado. Si amontonas ingentes cantidades de odio, ser asesinado es siempre una posibilidad. Por ello, si Kirk no hubiera dicho las cosas que dijo, no estaría muerto. Esto es muy interesante porque deja en una zona de sombra la ejecución de Kirk. Por un lado, se le quería muerto; por otro, se le ha matado. Entre medias, se lo merecía. Determinar en qué momento Kirk se merecía morir resulta crucial. Mucha más gente tendrá que morir de un tiro en la cabeza para que entendamos la paradoja.