Mala Fama
Por
László Krasznahorkai, el escritor transcendental que nadie leía en España
El autor húngaro galardonado con el Nobel de Literatura 2025 ha escrito páginas brillantes sobre la Alhambra y el paisaje extremeño
Hay un librito de László Krasznahorkai que no han leído en Suecia, aunque acaben de darle el premio Nobel de Literatura. Se titula
En alguna coordenada de esa frase de cincuenta páginas, el autor apunta, sobre sí mismo: “... porque detrás de aquel nombre no había nadie, no había ningún profesor, podía ser que un título de este tipo precediera alguna vez al nombre, pero ese uso había perdido la razón de ser hacía años, hacía mucho tiempo, antaño, cuando no sabía aún que el pensamiento no tenía continuidad y cuando escribió unos cuantos libros ilegibles, páginas y páginas con acumulación de frases empachosas, una lógica aplastante, una terminología asfixiante, se descubrió muy pronto que, por supuesto, nadie los necesitaba”.
Más adelante, nuestro autor súbitamente extremeño dirá: “... tenía a dos conocidos en España, su antiguo y altruista traductor y su antiguo y altruista editor, pero desde que empezaron a retirar y a convertir en pasta de papel sus libros traducidos porque no se vendían se rompió todo el contacto con ellos.”
Todo este lloriqueo está muy fundamentado, pues László Krasznarhorkai es, por decirlo enseguida, un autor difícil. Su literatura es un enorme y arriesgado trabajo con el idioma, que encima es el húngaro, lengua pluvial (todas esas tildes, muy bonito de ver) que aquí nos vuelca con maestría, asimismo premiable el excelente traductor Adan Kovacsics. El premio Nobel de Literatura, sin excusa, ha premiado literatura, redundancia que también es muy grata de contemplar. No hay causas nobles o desamparados o solidaridad o denuncia alguna que justifique el galardón, sólo hay un escritor que trata de ampliar el sentido de la escritura y, con ello, la conciencia del lector. Pocos viajes por las páginas de un novelista de nuestro tiempo son comparables al de leer a Krasznahorkai, al que tranquilamente pongo a la altura de Musil o James Joyce.
El premio Nobel de Literatura, sin excusa, ha premiado literatura, redundancia que también es muy grata de contemplar.
Un modo indoloro de empezar con su obra es la novela, bastante breve para sus costumbres,
Luego seguiría con
A Krasznahorkai, como a Handke, no le preocupa lo que sale en el periódico, sino el hombre con mayúsculas y su destino final.
La frase larga de Krasznahorkai encuentra su ser cinematográfico en el plano a su vez muy largo, y por eso algunas de sus novelas han sido llevadas al cine por Béla Tarr, y algunas películas de Tarr cuentan con guion de Krasznahorkai. Entre húngaros, se entienden en esto de fabricar aburrimiento.
Ambos artistas están buscando en el lenguaje que trabajan un nuevo camino de aprendizaje, un camino lentísimo, en blanco y negro, en tinta y celulosa, que rinde tributo a los maestros antiguos en eso de no intentar nunca entretener, porque para eso ya está la tele, internet y Eurovisión. Fíjense cómo de serios serán los húngaros que no mandan candidato a Eurovisión desde 2019.
La adaptación de Béla Tarr de Satantango (o
Hay un librito de László Krasznahorkai que no han leído en Suecia, aunque acaben de darle el premio Nobel de Literatura. Se titula