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Tres Españas, entre otras tantas Españas
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Alberto Olmos

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Tres Españas, entre otras tantas Españas

Trapiello, Caballero y Alonso firman libros donde se filtra una clara impronta generacional

Foto: Una biblioteca. (Getty/Console)
Una biblioteca. (Getty/Console)
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Escribe Ángeles Caballero que "los clubes de lectura son el penúltimo refugio seguro para las mujeres". Lo hace en su nuevo libro, un diario, en rigor, llamado Orfidal y Caballero. El título tunea el de una película de Richard Gere, Oficial y caballero, lo que nos parece ingenioso. También afirma: "Siento, desde hace tiempo, una profunda decepción hacia los hombres".

Su diario empieza con un abrazo de Manuel Jabois, y acaba con agradecimientos a Pedro Vallín. En la solapa biográfica, leemos: "Echa mucho de menos a Javier Marías". La cosa es toda un poco así, contradictoria y ensimismada.

Cortito, este diario repasa las ideas comunes de nuestro tiempo, en el sentido de que la autora las emite como propias. No falta ni una. Como supondrán, la autora no afronta ningún problema de importancia. Es un libro como de mucho sufrir sin tener ningún motivo. Esta frase me ha provocado escalofríos: "Llego a la estación de tren de Chamartín y pienso, nada más bajarme del taxi, que estoy en el lugar más triste del mundo". Pues imagina llegar a Chamartín en Metro, después de una hora de trayecto subterráneo.

Taxis, restaurantes, parque del Oeste, Chamberí o el Paseo de Pintor Rosales componen el Madrid doliente de Ángeles Caballero. Creo que cuando pone "orfidal" en el título lo dice en plan bien, como que está bien tomar orfidal; o como que es lo propio de la vida tan dura que lleva una en el Madrid mejor. Otra idea o inclinación fatalmente contemporánea: mostrarse orgulloso de la propia pusilanimidad, entre psicólogos y farmacias. Yo qué sé.

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Dijo el rapero 50 Cent: "¿Sabes quién no tiene tiempo de deprimirse? Una mujer negra pobre. No se lo puede permitir".

Orfidal y Caballero va incluyendo amigos en sus páginas, y amigas y pequeños tremendismos. Uno nunca acaba de entender estos libros que se hacen para que salgan los amigos, toda vez que los tenemos que leer los demás. Los amigos, justamente, ni los abren.

placeholder Cubierta de 'Orfidal y caballero', el nuevo libro de Ángeles Caballero.
Cubierta de 'Orfidal y caballero', el nuevo libro de Ángeles Caballero.

Con todo, Andrés Trapiello sale citado, lo que me ha sorprendido. Citado para bien. Ángeles es de mis años (generación de los 70), y Trapiello, de 1953. El leonés también cuenta su vida en Próspero viento (Espasa), pero al menos su vida se las vio con Franco y con algún golpe de Estado, y con la incomodidad última de llevar la contraria al pensamiento establecido. Próspero viento es como una autobiografía política, que trata de explicar por qué sin moverse de los valores más progresistas, Trapiello pena ahora el motejo de conservador.

Son, en fin, dos generaciones muy distintas, cultivadas en lo que tocaba en cada época. Trapiello, la palabra, poco cine, nada de Internet; Caballero, como yo, mucho Internet y mucha televisión, alguna literatura. La consecuencia es que estos Trapiellos escriben infinitamente mejor que nosotros. Además, pudiendo quejarse, no se quejan. "No os toquéis en el dolor", dice Juan Ramón Jiménez, citado por Trapiello.

Próspero viento es otro gran libro de su autor, en estado de gracia desde que escribió El Rastro (2018). Se mete bastante con Javier Cercas (diez páginas enteras). Esto lo digo para que vean que, escribiendo bien, no necesitas hacer tantos amigos. Hacer tanto la pelota. Uno prefiere que le insulte un buen escritor a que le salude desde su libro un autor de chichiná.

placeholder Cubierta de 'Próspero viento', de Andrés Trapiello.
Cubierta de 'Próspero viento', de Andrés Trapiello.

"Hay quien cree que he escrito muchos libros porque estaba solo, pero en realidad ha sido al revés, para poder estar solo he escrito tantos libros". Los clubes de lectura no funcionan con Trapiello, parece.

Luego, una tercera España la leo en El efecto deseado (Seix Barral), de Guillermo Alonso. Guillermo es de 1982, así que poco Franco y poco Chamartín. Es de Pontevedra. "Vive en Madrid con su novio y sus gatos Paquita y Gastón". Diría uno que es un chico feliz. (Le llamo "chico" cuando tiene en realidad sólo siete años menos que yo.)

Su novela está muy bien. No tiene nada de española. Es otro campo magnético, otro escalón de la cultura en su camino de descenso. Se nota que no ha leído a Trapiello, por ejemplo, y sí a muchos autores anglosajones, a esos de frase larga, ritmo vivaz y mucho viaje y consumo constante. Lo mejor de su estilo es la fluidez, verdaderamente gozosa. Pienso en AM Homes o Joan Didion o Franzen o, en fin, cualquiera de los más prestigiosos.

placeholder Cubierta de 'El efecto deseado', de Guillermo Alonso.
Cubierta de 'El efecto deseado', de Guillermo Alonso.

Con todo, su libro es como el Lazarillo, pues un muchacho criado en un hotel se va ofreciendo a amos sucesivos hasta llenar trescientas y pico páginas. Todos los ricos son muy excéntricos, entendemos, y en esa excentricidad se desenvuelve muy bien la prosa de Alonso. "¿Sabes qué ventaja tiene comprar muebles tan caros y de tan buena calidad? Que todos son cómodos para dormir encima. No solo el sofá, también las tumbonas, hasta la mesa de mármol. Una vez dormimos sobre la mesa de mármol, era verano y nos refrescó".

Echo de menos más trama, más storytelling, defecto, bien es verdad, habitual en nuestras novelas: que, escribiendo bien, nos da un poco igual de qué van. Aun así, Guillermo Alonso ya no está a lo de Franco, ni a lo del Richard Gere gigoló. Eso me parece un avance.

Escribe Ángeles Caballero que "los clubes de lectura son el penúltimo refugio seguro para las mujeres". Lo hace en su nuevo libro, un diario, en rigor, llamado Orfidal y Caballero. El título tunea el de una película de Richard Gere, Oficial y caballero, lo que nos parece ingenioso. También afirma: "Siento, desde hace tiempo, una profunda decepción hacia los hombres".

Javier Cercas Javier Marías Seix Barral
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