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Contra la sonrisa de tu líder siniestro
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Alberto Olmos

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Contra la sonrisa de tu líder siniestro

Sonreír todo el tiempo es hoy un signo de decadencia moral, y un engaño masivo

Foto: El nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, posa para una foto durante las elecciones de Nueva York. (Reuters/Kylie Cooper)
El nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, posa para una foto durante las elecciones de Nueva York. (Reuters/Kylie Cooper)
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Zohran Mandani ha ganado la alcaldía de Nueva York sonriendo. Eso es todo lo que ha hecho. Ha sonreído tanto que es difícil imaginárselo dormido, o en el funeral de su padre. Debe de sonreír hasta andando a solas por su casa, sin mirarse al espejo ni nada. Para Zohran sonreír no es una actitud, sino una disciplina.

Cuando un político sonríe, sabemos que es de izquierdas. Si la derecha se apropia de la bandera del país, la izquierda se apropia de la televisión. La sonrisa del político progresista es una sonrisa televisiva. Sólo significa que sabe que lo están mirando, y que quiere que sigas ahí y no cambies de canal.

Si la derecha se apropia de la bandera del país, la izquierda se apropia de la televisión

Hace muchos años descubrí lo de la “sonrisa televisiva”. Fue en un programa de Telemadrid, que co-presentaba una mujer muy guapa, Patricia Pérez. A lo mejor era la mujer más guapa que ha habido nunca en la televisión. Sonreía, claro, era espectacular cómo sonreía. Sin embargo, en una de las emisiones, dieron paso a publicidad, y el regidor no saltó instantáneamente a los anuncios, sino que nos dejó durante apenas tres segundos con un plano de Patricia. Sonreía, y de pronto no. Desactivó su sonrisa y puso una cara de completa amargura. Fue una transición aterradora, sonrisa maravillosa/amargura, un gran fallo de raccord en la falsificación de la felicidad.

placeholder Las presentadoras Patricia Pérez (d) y Celia Montalbán fotografiadas cuando presentaban en Telecinco 'Vuélveme loca', un magacín humorístico matinal. (EFE/Carlos Serrano)
Las presentadoras Patricia Pérez (d) y Celia Montalbán fotografiadas cuando presentaban en Telecinco 'Vuélveme loca', un magacín humorístico matinal. (EFE/Carlos Serrano)

Zohran sonríe de más, próximo a la luxación maxilar, al desencaje de la cara y a la evisceración. Me inquieta su sonrisa, me pone enfermo y nunca votaría por esa sonrisa. Ha convertido su rostro en una máscara, y la máscara sufre. El hombre detrás de la máscara lucha contra la naturalidad, que te hace estar de mal humor un día, o melancólico. Esta es una lucha muy tóxica, donde el personaje devora al humano, lo niega en su pluralidad sentimental.

Para salir sonriendo el cien por cien de las veces que eres fotografiado o grabado, tienes que sonreír como si siempre te estuvieran fotografiando o grabando. Disciplina, ya decimos. Esto provoca conflictos escénicos, como denunciar una violación con la cara llena de felicidad.

Se ve en Irene Montero (caso Alves), en Yolanda Díaz, en las ministras de Pedro Sánchez. Sonríen aunque hablen de la muerte, la violencia, la injusticia, la corrupción, la guerra. La disciplina de sonreír lo invade todo, y parece no tener marcha atrás. Ajustado el cuerpo a una máscara, la máscara no se despega cuando no viene a cuento. Siguen sonriendo cuando no toca.

placeholder La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Seguridad Social, Yolanda Díaz. (Europa Press/Eduardo Parra)
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Seguridad Social, Yolanda Díaz. (Europa Press/Eduardo Parra)

Sin embargo, sonreír lo soluciona todo. Sonríe Javier Ruiz cuando se le caen las médicas, sonríe Silvia Intxaurrondo cuando reconoce errores (bomba-lapa); Jordi Évole habla sonriendo. Es un truco radiofónico conocido: la voz sale más dulce si sonríes al hablar. Puedes decir cualquier barbaridad con una voz que sonríe.

Sonreír de verdad o de mentira es prácticamente indistinguible. La sonrisa televisiva o política (de izquierdas) se apropia del efecto empático de la sonrisa. Cuando nos sonríen nos vamos más contentos a casa, nos sentimos acogidos, nos parece que hay ahí delante una buena persona. Con las sonrisas falsas, puede haber ahí delante un hijo de puta. Si has tenido muchos jefes, sabes de lo que te hablo.

La sonrisa es anestesia. Dilo con una sonrisa, sácame una muela con una sonrisa, rompe conmigo entre risas.

Como todo lo bueno, la sonrisa llegó a España con José Luis Rodríguez Zapatero. Antes no votábamos sonrisas cuando votábamos al PSOE. Sonreía Trinidad Jiménez que daba gloria verla, y Leire Pajín. La cuota de Zapatero no fue de género, sino de comicidad. Medio gobierno tenía que sonreír todo el tiempo.

Como todo lo bueno, la sonrisa llegó a España con José Luis Rodríguez Zapatero. Antes no votábamos sonrisas cuando votábamos al PSOE

Anguita no sonreía. De hecho, era un tipo muy serio, correctivo, arisco. Esa izquierda está anticuada, la que no sonríe. La nueva izquierda es Yolanda Díaz, que es una comunista feliz. Si el comunismo te hace feliz, debe de ser muy bueno, el comunismo.

Cuando el político sonriente fracasa, también sonríe. Kamala Harris estaba siempre de subidón, con la sonrisa idéntica a la de Zohran Mandani, que parece que se las hizo el mismo cirujano plástico. Es una sonrisa que no se mueve, que no decae, que genera energías renovables. Sigue ahí puesta cuando ya no te votan, más falsa que nunca. Debe de ser bonito para esta gente sonreír alguna vez con motivo, acertar un sentimiento.

placeholder Kamala Harris en Los Ángeles, California, en noviembre de 2025. (Reuters)
Kamala Harris en Los Ángeles, California, en noviembre de 2025. (Reuters)

“¿Has visto la cara de tu amigo cuando duerme?”, nos preguntaba Nietzsche. Esto quería decir que el amigo dormido, incauto, desarmado, puede ser una persona que en realidad no conoces.

¿Has visto la cara del político sin sonrisa? ¿Y la del presentador? Yo creo que necesitamos ver esas caras no actuadas, pillarlas por sorpresa, como quien hojea algunas páginas finales del libro del alma humana.

¿Qué hay detrás de una sonrisa sempiterna?

Yo se lo digo: el mal.

Zohran Mandani ha ganado la alcaldía de Nueva York sonriendo. Eso es todo lo que ha hecho. Ha sonreído tanto que es difícil imaginárselo dormido, o en el funeral de su padre. Debe de sonreír hasta andando a solas por su casa, sin mirarse al espejo ni nada. Para Zohran sonreír no es una actitud, sino una disciplina.

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