La idea, que ni siquiera es mía, dice así: sólo eres escritor si vives de ello. Entonces, habría muy pocos escritores ahí fuera. La mayoría de los que firman libros son en realidad camareros, abogados, funcionarios o profesores que, en sus ratos libres, escriben y son publicados. No son escritores de verdad. Tampoco lo son todos esos señoritos que disponen de rentas familiares para dedicarse a escribir libros que nadie lee. Así las cosas, no te convertirías en escritor cuando publicas tu primer libro, sino cuando publicas un libro que paga todas las facturas.
Me volvió esta idea demoledora a la cabeza leyendo Un instante en la oscuridad(Destino), de Gemma Urraka. Está bien, la novela, sobre todo en su primera parte. Recuerda un poco a Barbarian, la opera prima deZach Cregger, hoy famoso por Weapons. Dos desconocidos obligados a compartir casa durante semanas sólo puede acabar en horror o en "residencia creativa", que es lo mismo. Llamamos residencia creativa a la mendicidad moderna del hecho de escribir: que te den un sitio, como a los perros, para hacer tus necesidades.
La necesidad de escribir suele asociarse con la condición de escritor, lo que ha dado lugar a muchos malentendidos. Por ejemplo, a que tantísima gente se crea escritora, vaya por ahí diciendo que lo es y cualquiera pueda emparentarse con Balzac. "Estamos Shakespeare, Esquilo y yo. No hay más", como escribía con desbordada gracia Alberto Guillén en su libro La linterna de Diógenes (1921).
La primera vez que escuché la afirmación de que sólo eres escritor si vives de ello me puse en contra. Es lo que suele pasar con las buenas ideas de los demás, que tratas de sabotearlas. Con el paso de los años, he cambiado de opinión, me he dejado empapar por la idea ajena y ahora soy su principal defensor. Para acabar con la plaga de escritores hay que poner el listón muy alto: escritor es el que vende libros.
Cubierta de 'Un instante en la oscuridad', de Gemma Urraka.
Esto es así, en primera instancia, porque la profesión de escritor se rige por las mismas servidumbres que la de panadero o arquitecto: hay que vender pan, hay que vender casas. Nadie es panadero porque haga pan el fin de semana para sus nietos, por muy bueno que sea ese pan. Un escritor que no habla de dinero no es escritor. Si ustedes pegan su silla en el bar a la charla que mantienen (por decir dos nombres a voleo), Javier Cercas y Fernando Aramburu, verán que no hablan de monólogos interiores, estilo ático frente a estilo sucio, o metáforas o aliteraciones. Hablan de dinero, de traducciones, de editores húngaros que no pagan, de fallos en la distribución. Son escritores de verdad: nunca hablan de literatura. Salvo si les pagan por ello en una charla.
Por supuesto, usted tiene en mente el nombre de algún escritor (como lo tengo yo) que vende muy poco y escribe de maravilla, y cuya obra, a su juicio (y al mío) podrá muy bien sobrevivirnos a todos. Da igual. No es escritor profesional.
"La profesión de escritor se rige por las mismas servidumbres que la de panadero o arquitecto: hay que vender pan, hay que vender casas"
El escritor profesional no puede designarse en función de lo bien que a usted le parece que otro escribe, ni mucho menos subrayando la vocación purísima que emana de su amor por la literatura. El auténtico escritor vive el vértigo de la profesión, no es un flipado que junta con puntería mil palabras a la semana y luego se va a fichar al concesionario de automóviles donde trabaja.
En los talleres literarios, hay decenas de talleristas que aman los libros hasta las lágrimas, y que escriben dejándose el corazón entero en el teclado. No son escritores, y encima escriben muy mal. Si ser escritor fuera como ser mujer, que lo puedes decidir tú misma porque así lo sientes, todas las personas que escriben espantosamente serían más escritores que nadie.
Cuando comparto en público esta reducción a dinero del oficio de escritor, algunas personas alzan la voz y citan a Kafka. Kafka era corredor de seguros y escribía libros de los que se vendían once ejemplares. Este argumento no hace sino darme la razón. Kafka es escritor para nosotros, mientras que para él mismo no era más que un desgraciado. Hoy sería millonario. Precisamente lo consideramos escritor porque, ahora mismo, está traducido a todos los idiomas del mundo y, ahora mismo, lleva vendidos quién sabe si mil millones de ejemplares de su obra. Uno puede acabar siendo escritor cuando ya está muerto. Lo mismo pasa conJulián Ayesta y Helena o el mar del verano. Helena o el mar del verano, sobreviviendo en las librerías, ha hecho escritor al, durante toda su vida, diplomático Julián Ayesta.
Los escritores de éxito que he conocido me confirman esta epifanía fiscal (eres escritor si haces la declaración de la renta como escritor)
Así las cosas, hay más o menos el mismo número de escritores en España que de futbolistas. Nadie cree que tu tío albañil que juega en tercera división es "futbolista". Es un ejemplo que no me pueden discutir.
Porque la clave dineraria es muy impresionante. Yo mismo, cuando empecé a ganar dinero con las columnas, llegó un día en el que sentí cómo caía sobre mí una aplastante realidad: soy columnista. Eso me dije, iluminado. Soy columnista porque me gano la vida escribiendo columnas, no porque me las publiquen.
Los escritores de éxito que he conocido me confirman esta epifanía fiscal (eres escritor si haces la declaración de la renta como escritor). Sucede que vendes libros y te puedes dedicar únicamente a eso y, de pronto, descubres lo que es ser escritor, fuera de las poesías y fantasías de tus años mozos. Ser escritor no era salir reseñado en Babelia; era poder pagar la hipoteca.
Ser escritor de verdad, o escritor profesional, consiste sobre todo en asumir una responsabilidad adulta: la supervivencia
Porque ser escritor de verdad, o escritor profesional, consiste sobre todo en asumir una responsabilidad adulta: la supervivencia. Tienes que seguir escribiendo libros, te apetezca o no; tienes que mirar las ventas, aguantar las críticas, hacer números, competir, cuidar de tus lectores, sufrir como un pequeño empresario, siempre al borde de la ruina. ¿Quieres ser escritor? Eso es ser escritor.
Lo demás es tu hobbyde las vacaciones.
La idea, que ni siquiera es mía, dice así: sólo eres escritor si vives de ello. Entonces, habría muy pocos escritores ahí fuera. La mayoría de los que firman libros son en realidad camareros, abogados, funcionarios o profesores que, en sus ratos libres, escriben y son publicados. No son escritores de verdad. Tampoco lo son todos esos señoritos que disponen de rentas familiares para dedicarse a escribir libros que nadie lee. Así las cosas, no te convertirías en escritor cuando publicas tu primer libro, sino cuando publicas un libro que paga todas las facturas.