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De cómo Borges se convirtió en el funcionario perfecto
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Alberto Olmos

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De cómo Borges se convirtió en el funcionario perfecto

Creíamos que el escritor se mostró tibio frente a las dictaduras militares; una reciente biografía nos lo aclara: fue mucho peor

Foto: Jorge Luis Borges en marzo de 1982 en Roma, donde recibió el Premio Balzan. (Getty Images)
Jorge Luis Borges en marzo de 1982 en Roma, donde recibió el Premio Balzan. (Getty Images)
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No me pregunten por qué, pero Jorge Luis Borges está considerado el mejor escritor en lengua española del siglo XX. Escribió sobre todo cuentos. A algunos expertos su adjetivación antepuesta debe gustarles, por ejemplo: "La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía…" O: "De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño como la periódica serie de hechos de sangre…" Yo prefiero con mucho el Borges (la prosa) del relato Emma Zunz: "Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente". Para gustos, se inventó la mafia literaria.

El caso es que Lucas Adur (1983) presentó este año su biografía de Borges, y así de primeras parecía un trabajo tesinando y poco apasionado. Pero, después de atravesar algunos grises en tono y estructura, ha resultado ser una obra importante. La ha titulado Jorge Luis Borges: un destino literario (Cátedra).

Entre nuestros gozos revolucionarios de juventud se encontraba Benedetti, Extremoduro y considerar fascista a Borges. Esto parece que lo instiló en nuestro riego sanguíneo universitario Ernesto Sabato. Sin tener la menor idea, creíamos que Borges era fascista, porque no había negado el saludo a un dictador o porque no había condenado las sucesivas y reincidentes dictaduras militares de su país. Leyendo la biografía de Adur, descubrimos algo increíble: fue muchísimo peor de lo que pensábamos.

Esto de que los biógrafos (sucede con José Teruel y su Martín Gaite) hagan biografías que dañan por completo a sus biografiados no sé cómo tomármelo. Yo creo que lo hacen sin querer, pero el hecho cierto, la congoja sobreentendida, y que muchos de estos autores eran realmente patéticos fuerzan esta interpretación no buscada.

placeholder Cubierta de 'Jorge Luis Borges', la biografía del escritor argentino de Lucas Adur.
Cubierta de 'Jorge Luis Borges', la biografía del escritor argentino de Lucas Adur.

Con Borges, de primeras, nos encontramos a un trepa. Adur mismo habla del "proyecto estético" del gran cuentista, siendo que en esa estética suya se incluía la puesta en escena social. Sabíamos que Borges pasó por España e hizo algunos amigos. Ahora concretamos que en sólo dos meses en Madrid se recorrió todas las tertulias de la ciudad, dejando plantada la semilla de su éxito venidero.

Dense cuenta de que en Madrid, años 20, no había ni Tinder. Quiere decirse que encontrar tertulias, colarse en ellas y hacerse amigo de todo quisque exigía un gran esfuerzo. Ese esfuerzo lo hizo Borges.

Nuestro autor iba publicando libros, sin mucho mito de momento, y viviendo con su madre, cosa que hizo, este convivir antinatura, durante décadas, pues ella superó los 90 años de edad. Gracias al patrimonio familiar, sabía inglés y podía copiar a los mejores de Albión, y viajaba a Europa y, en general, esperaba enchufes y favores.

placeholder Borges en 1963 junto a su madre durante un viaje a Londres. (Harry Dempster/Getty Images)
Borges en 1963 junto a su madre durante un viaje a Londres. (Harry Dempster/Getty Images)

Uno de estos enchufes nos abre al laberinto de su éxito. A pesar de no tener título universitario, se movieron las cosas para colocarle de bibliotecario en una biblioteca menor. Ahí Borges sufría mucho, sin hacer nada en un puesto para el que no estaba acreditado (se variaron las normas para darle acceso: lo de siempre).

Es entonces cuando comprendemos al Borges verdadero, funesto, cuadriculado. Era, sin más, un funcionario perfecto.

Sobre su tarea en la biblioteca menor escribió él mismo: "En la biblioteca trabajábamos poco. Éramos alrededor de cincuenta empleados, haciendo lo que podrían haber hecho quince con facilidad. (…) El primer día trabajé honradamente. Al día siguiente, algunos compañeros me llamaron aparte y me dijeron que no podía seguir así porque los ponía en evidencia."

Todo lo que hacía Borges en esos años era perfectamente miserable, o al menos así lo veo yo. No consigue nada sin contactos o enchufes

Esta sinrazón funcionarial anticipaba la gran lotería del futuro: estar dentro de la administración pública, que siempre compensa. Borges era antiperonista, y cuando Perón cayó debido a la "Revolución Libertadora" (1955-1958), enseguida le nombraron director de la Biblioteca Nacional. Adivinen: no tenía que hacer nada. Adivinen: no hizo nada.

Duró en el cargo hasta 1973 (se jubiló), y, mientras, fue encumbrado en su país como el gran escritor que era, pero porque no tenían a otro escritor al que encumbrar. La derechona argentina lo convirtió en el escritor del régimen, o de los diversos estadios oscuros de la política de aquel país. No es que Borges (entendemos) triunfara al fin en Argentina en los años 50, rendidos lectores y críticos y colegas a su inmenso talento, sino que el Poder decidió que este hombre fuera su Cervantes, su alto funcionario de la literatura.

Todo lo que hacía Borges en esos años era perfectamente miserable, o al menos así lo veo yo. No consigue nada sin contactos o enchufes, no hace nada que no redunde en beneficio propio. Si pierde un premio, mueve hilos para que periodistas amigos reclamen para él ese premio. Si lo gana, es porque el jurado eran esos amigos suyos. Si se une a Bioy Casares para hacer libros, siempre son libros que asfaltan el camino para que los lectores acaben en los libros que han escrito el propio Borges y el propio Bioy. Si se colabora en una revista, es porque una amiga (Sur, de Victoria Ocampo) es la dueña, y en esa revista sólo colaboran los amigos, en cadenas de favores que es difícil seguir sin un mapa de carreteras descomunal.

Luego la historia de la literatura dirá que Borges se impuso en el siglo XX únicamente por la calidad de sus cuentos. Es mentira. El uruguayo Felisberto Hernández es mejor cuentista y nadie lo conoce. No hizo por ser conocido. No hablaba inglés.

Su ceguera misma, apunta Adur, fue trabajada por Borges para que formara parte de su personaje

Entre "vertiginosos espectáculos" y "análogo trance", va Borges conquistando el mundo, primero Europa y luego Estados Unidos. Todo se debe siempre a que alguien conoce a alguien que conoce a alguien.

Su ceguera misma, según apunta Adur no sé con qué maldad deliciosa, fue trabajada por Borges para que formara parte de su personaje mundial, del cromo del sabio escritor que no ve, pero nos guía a todos.

Sobre novias habla mucho esta biografía, pero enseguida entendemos que la novia definitiva era una sustituta de la madre. Ahí entró, tras varias candidatas fallidas, María Kodama. Es llamativo el poco espacio que dedica este largo libro a la señora Kodama, siendo que, para muchos de nosotros, era una presencia constante en los años finales del escritor.

Borges escribió de cuchillos y vivió de dictaduras, se movió entre la prosa milimétrica y la vida planeada, es el mejor escritor en español del siglo XX porque eso votan en Madrid, Barcelona y Ciudad de México. Tuvo incluso la suerte de que no le dieron el Nobel.

Lo más rebelde que hizo en su vida fue no ganar un premio.

No me pregunten por qué, pero Jorge Luis Borges está considerado el mejor escritor en lengua española del siglo XX. Escribió sobre todo cuentos. A algunos expertos su adjetivación antepuesta debe gustarles, por ejemplo: "La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía…" O: "De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño como la periódica serie de hechos de sangre…" Yo prefiero con mucho el Borges (la prosa) del relato Emma Zunz: "Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente". Para gustos, se inventó la mafia literaria.

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