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Ella también era fascista
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Alberto Olmos

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Ella también era fascista

La periodista Analía Plaza recibe un aluvión de insultos en redes sociales tras señalar "la vida cañón" de una minoría de pensionistas

Foto: La periodista Analía Plaza, autora del libro 'La vida cañón'. (Alejandro Martínez Vélez)
La periodista Analía Plaza, autora del libro 'La vida cañón'. (Alejandro Martínez Vélez)
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Es muy peligroso despedir periodistas porque se ponen a escribir libros. Analía Plaza perdió su puesto en El Periódico de España y ahora es mucho más famosa que cuando firmaba crónicas y reportajes. Su celebridad se la debe a un libro, La vida cañón (Temas de Hoy), que aborda la muy confusa categoría social de "boomer". En diversas entrevistas, la autora ha explicado su libro de tal manera que la gente no lo ha entendido, y la odia. La gente ha entendido que Analía Plaza considera a los pensionistas puras sabandijas, españoles que lo tuvieron muy fácil para comprar casa y que ahora encima cobran una pensión principesca. La juventud paga esa pensión y siempre será pobre. Este malentendido de titulares ha hecho que Analía Plaza sea considerada fascista.

Aunque el apelativo le venga muy bien para buscar trabajo en OkDiario, lo cierto es que el entorno de Analía Plaza ha reaccionado con estupefacción. ¿Cómo va a ser fascista Analía? ¿Cómo va a ser fascista alguien que lleva diez años llamando fascistas a todos los demás?

Analía Plaza forma parte de un comando de amigos periodistas cercanos a Sumar que muy alegremente tilda de fascista a cualquiera que no adore a Yolanda Díaz. Amparados en un horizonte intelectual muy pobre, su arsenal de hostigamiento incluye también los calificativos de machista, incel o cuñado, dispensados a su vez con total imprudencia. Su matonismo, del que podemos hablar por extenso otro día, no renuncia al sabotaje del compañero. A la hora de colgar a alguien el sambenito de facha o machista, siguen el mismo exigente criterio que las hordas de hoy para considerar fascista a la propia Analía: simplemente, les apetece. Linchar es gratis, y muy divertido si se practica con total impunidad. No vas a pararte a pensar en las barbaridades que dices sólo porque otra persona vaya a ser injustamente estigmatizada.

En rigor, Analía Plaza recibió el encargo de escribir su libro antes de perder el empleo. Despedida "por un boomer" (sic, nota final de su libro), su ensayo se inscribe dentro de ese aluvión de libros inmediatos y candentes destinados a no sobrevivir más allá de catorce meses. Esto no es ni malo ni bueno. Libros como El secuestro de la vivienda, de Jaime Palomera, o, mucho más atrás, Yo, precario, de Javier López Menacho, se hacen desde la urgencia conversacional, a sabiendas de que un conflicto en marcha necesita ser abordado por extenso y que muy probablemente se olvidará en dos o tres años.

La vida cañón trata varios asuntos que ya han sido estudiados en numerosos libros ( La España vacía, La España de las piscinas, Pipas, El entusiasmo, etcétera), y sólo su arriesgado título da paradójicamente sustancia a una propuesta esencialmente anodina.

El título procede de una canción del grupo Alcalá Norte, que recupera una expresión de la España popular de mediados del siglo XX equivalente a "la vida padre", "la gran vida", "vivir como un rey" o "vivir a todo trapo". Luego en realidad el propio libro apenas trata estos excesos, dentro de su "historia de España a través de los boomers".

placeholder Cubierta de 'La vida cañón', de Analía Plaza.
Cubierta de 'La vida cañón', de Analía Plaza.

Personalmente, encuentro poco útil la inclusión a nuestro debate de términos como "boomer" o "millennial". La vida cañón empieza redefiniendo esa voz anglosajona, que pasa de englobar a los nacidos entre 1946 y 1964 a categorizar en nuestro país a los nacidos entre 1957 y 1977. Así, los que nacimos en los años 70 y nos considerábamos Generación X en la década de los 90 (porque eso nos decían desde el Tentaciones de El País) ahora nos descubrimos boomers. Obviamente, casi nadie nacido en los años 70 tiene nada que ver con lo que Analía Plaza establece en su libro como propio del boomer ibérico. Creo que todos los menores de 50 años entendemos a qué se refiere la autora si pensamos, sin mayores tecnicismos, en nuestros padres.

Nuestros padres es posible que tengan entre dos y cinco casas y suficiente dinero en el banco como para habernos dejado entre 50.000 y 100.000 euros para comprarnos nuestra primera vivienda. A esta lozanía financiera puede sumarse eventualmente y en casos totalmente minoritarios una fastuosa pensión de 3.000 euros. No puede negarse que algunos españoles nacidos en los años cincuenta se lo han montado de maravilla.

Lo único que les queda a la mayoría de nacidos en los 80 y 90 es la herencia. Dependiendo de cuánto hereden, serán ricos o pobres

La vida cañón repasa con datos consabidos y testimonios de dudoso interés la evolución de una familia española armada en los años setenta u ochenta, y sus vicisitudes con la vivienda, el trabajo o la conciliación. El modelo, señala Analía, es ya irrepetible, debido al precio de las casas, la baja natalidad, el estancamiento de los salarios y la inflación galopante. Lo único que les queda a la mayoría de los nacidos en los años ochenta y noventa es la herencia. Dependiendo de cuánto hereden de sus padres, serán ricos o pobres. Da igual si te das de baja de Netflix y abandonas al psicólogo: no te llega para una vida ni remotamente comparable a la de tus progenitores.

Quizá debido a este abismo intergeneracional, Analía Plaza decidió titular su ensayo por elevación, señalando un ideal: esa minoría de pensionistas que, repetimos, se lo ha montado de puta madre. "Ahora los jubilados adinerados, los que cobran más de 2.100 euros al mes, suponen una cuarta parte de los usuarios, casi lo mismo que los pobres que cobran menos de 1.000 euros al mes". Analía Plaza no dice en ningún momento que los pensionistas vivan todos a cuerpo de rey y sangrando a las generaciones más jóvenes.

Se ha jugado sectariamente con el origen de este linchamiento en redes, dando a entender que, en última instancia, procede de la ultraderecha

Sin embargo, en redes sociales se ha interpretado así y podemos leer insultos como estos: "Fascista", "Lumbrera de Vox", "Escoria esta tal Analía Plaza", "una tontapollas", "espero que tus padres estén muertos" o "sicaria ultracapitalista". Rebeca Carranco publicó en El País una pieza defensiva titulada Los jubilados nos roban (o lo que X quiere leer), donde daba a entender que era el antiguo Twitter el que linchaba a Analía Plaza, Elon Musk en persona. Lo cierto es que todos los entrecomillados de este párrafo proceden de Bluesky, red social progresista que Analía Plaza ha abandonado, borrando su perfil, mientras que en X sólo ha tenido que poner el candado. Se ha jugado sectariamente con el origen de este linchamiento en redes, dando a entender que, en última instancia, procede de la ultraderecha.

Linchada por los míos podría ser el título del siguiente libro de la autora.

Es muy peligroso despedir periodistas porque se ponen a escribir libros. Analía Plaza perdió su puesto en El Periódico de España y ahora es mucho más famosa que cuando firmaba crónicas y reportajes. Su celebridad se la debe a un libro, La vida cañón (Temas de Hoy), que aborda la muy confusa categoría social de "boomer". En diversas entrevistas, la autora ha explicado su libro de tal manera que la gente no lo ha entendido, y la odia. La gente ha entendido que Analía Plaza considera a los pensionistas puras sabandijas, españoles que lo tuvieron muy fácil para comprar casa y que ahora encima cobran una pensión principesca. La juventud paga esa pensión y siempre será pobre. Este malentendido de titulares ha hecho que Analía Plaza sea considerada fascista.

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