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Venezolanos, ¿tanto os cuesta moriros de hambre un rato más?
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Alberto Olmos

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Venezolanos, ¿tanto os cuesta moriros de hambre un rato más?

El pueblo venezolano es muy egoísta: no quiere una dictadura que en Europa puntúe a la izquierda

Foto: Cola en un supermercado de Caracas tras la captura de Nicolás Maduro por EEUU. (EFE/Ronald Peña)
Cola en un supermercado de Caracas tras la captura de Nicolás Maduro por EEUU. (EFE/Ronald Peña)
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Iba todo bien (la dictadura, el hambre, la corrupción) hasta que aparecieron los helicópteros. La soberanía de Venezuela incluye el monopolio de la violencia, pero sólo se ejerce a gusto contra uno mismo. A un pueblo desarmado lo fusilas, lo encarcelas o lo torturas sin mayores dificultades. Sin embargo, cuando llega un puñado de helicópteros y te capturan a la persona más protegida del país en apenas dos horas, de pronto descubres que tus poderosas fuerzas represivas no sirven ni para tumbar un patito en una feria.

Esto va de un país que no existe. Venezuela no existe. Un país es soberano porque elige su destino. Los venezolanos eligieron el 28 de julio de 2024 a un señor como presidente, pero otro señor hizo malabares con los votos y se eligió a sí mismo. Desde entonces, no existe Venezuela.

Nicolás Maduro hizo muy bien amañando las elecciones, y es una pena no volver a verle amañando elecciones, como sería su intención para los próximos años. Es tan sencillo como controlar el conteo de votos, tener a alguien a mano que sepa de matemáticas, e ir poniendo números a lo tonto que, sumados, te den como ganador.

Esto se hizo a la vista de todo el mundo. Y el mundo protestó, salvo Zapatero, que suspendía matemáticas en el colegio, y Ética. Pero el resto vio cómo un señor amañó nada menos que unas elecciones presidenciales y se quedó tan pancho. Y pasó una semana. Y pasó un año. Y, pasado más de un año, el señor Maduro vio que amañar elecciones era bueno, porque no te pasa nada.

Pasado más de un año, el señor Maduro vio que amañar elecciones era bueno, no te pasa nada

"La soberanía nacional reside en el pueblo", sabemos los que hemos estudiado. Patxi López, en un rapto chavista, dijo un día que "la soberanía nacional reside en el parlamento". Esto último quiere decir que la soberanía nacional de Venezuela reside en lo que a cuatro mafiosos les sale de ahí mismo, amigos. Entonces eso no es soberanía, es la cadena de mando de los criminales. Muy respetable, sin duda, pero no es soberanía.

La soberanía es estar orgulloso de tu país, y en uno donde se muere de hambre, se asesina y se tortura, no puedes estar muy orgulloso. En Venezuela nadie es soberano de nada. ¿Soberano de qué? ¿De tu cobardía? ¿De tu miseria? Ocho millones de venezolanos están tan orgullosos de su país que se ha marchado. Eso hace que 1/4 de tu pueblo no pueda vivir donde nació, ni donde están enterrados sus abuelos. Un país vaciado de sus propios ciudadanos no es un país, es un tinglado que se cae, un campo de concentración.

Nadie puede molestar a un dictador, porque eso corresponde al pueblo al que precisamente se tiene sometido a punta de pistola, y encarcelado

Lo bueno para una dictadura es que exista el Derecho Internacional. Hemos de deducir, por las chorradas que escuchamos, que aunque lograr una dictadura sea difícil, luego es muy fácil conservarla durante décadas, gracias al Derecho Internacional. Nadie puede molestar o importunar o sobresaltar a un dictador, porque eso corresponde al pueblo al que precisamente se tiene sometido a punta de pistola, y encarcelado y al que, eventualmente, si se pone muy farruco, puedes hasta fusilar. Suena justo.

Incluso si el pueblo de Venezuela, mediante algún tipo de referendo, pidiera al mundo una intervención militar extranjera que les librara de su dictador, eso iría contra el Derecho Internacional. Suponemos que es el propio dictador, un día melancólico que tenga, el que tiene que pedir al ejército de Estados Unidos que lo derroque.

Para que lo entiendan bien, pensemos en un padre que pega a su hijo todos los días, y tú lo ves. ¿Qué vas a hacer? Hombre, es su padre, la paternidad y la patria potestad están muy por encima de un niño maltratado, así que dejamos que le pegue durante años, porque somos gente de bien, que respeta las leyes. Hablemos con el padre y expliquémosle que está mal pegar a su hijo. Diálogo, amigos, diálogo. Y consenso. Respetemos el procedimiento. Esto es lo que nos dice mucha gente.

Mucha gente a la que le falta un tornillo.

placeholder Ciudadanos venezolanos celebran la operación de EEUU contra Maduro en una concentración en la Puerta del Sol de Madrid. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
Ciudadanos venezolanos celebran la operación de EEUU contra Maduro en una concentración en la Puerta del Sol de Madrid. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)

Yo ya asumo que vivimos rodeados de chiflados, gente averiada, con el cerebro desternillado. Les falta, en fin, el hueso cristiano, el cartílago humanista: que la vida va por delante de todo, mayormente del Derecho Internacional. Lo suyo es un ideal anestésico, una doctrina de heroinómano: la vida no vale nada mientras llega la vida mejor.

Estos apóstoles ejecutores, los Bottos, los Évoles, han dejado de ver que la gente muere o es asesinada, porque la gente es sólo conceptual. Ellos son únicos, actores, presentadores de televisión, pero la gente es al peso, puede ganarse o perderse, no es importante un millón de personas. Ellos juegan al Risk con la vida de los demás, que sólo son trozos de plástico que pones o quitas del mapa. Venezuela puntúa a la izquierda en el tablero de su delirio, y por tanto, mientras puntúe a la izquierda, que maten a toda la gente que quieran.

La gente, sin embargo, no se quiere morir de hambre, no quiere emigrar, no quiere ser fusilada, y los venezolanos menos que nadie, porque encima son guapos y saben bailar. Son muy egoístas. ¿Qué les cuesta morirse de hambre un par de décadas más? Nosotros, desde nuestra comodidad democrática y desarrollada, es lo único que les pedimos

Iba todo bien (la dictadura, el hambre, la corrupción) hasta que aparecieron los helicópteros. La soberanía de Venezuela incluye el monopolio de la violencia, pero sólo se ejerce a gusto contra uno mismo. A un pueblo desarmado lo fusilas, lo encarcelas o lo torturas sin mayores dificultades. Sin embargo, cuando llega un puñado de helicópteros y te capturan a la persona más protegida del país en apenas dos horas, de pronto descubres que tus poderosas fuerzas represivas no sirven ni para tumbar un patito en una feria.

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