¿Qué ha hecho el imperialismo por nosotros?
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Alberto Olmos

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¿Qué ha hecho el imperialismo por nosotros?

El dominio estadounidense sobre el mundo no parece tan malo si lo comparamos con las alternativas

Foto: Manifestación en Nueva York contra la intervención de EEUU en Venezuela. (EFE/Sarah Yenesel)
Manifestación en Nueva York contra la intervención de EEUU en Venezuela. (EFE/Sarah Yenesel)
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Vuelve el anti-imperialismo, cuando mejor lo estábamos pasando. La captura de Maduro en su búnker de Caracas ha disparado las reticencias a que Estados Unidos nos salve, porque estamos muy orgullosos de no tener salvación. Vivíamos muy a gusto sabiendo que en Venezuela se tortura y se encarcela, y se amañan comicios con tres ábacos y un rollo de esparadrapo; y a gusto podíamos avanzar en la vida sabiendo que en Irán las mujeres necesitan una revolución sólo para ponerse ropa que pegue con algo; y no digamos lo que nos importa que un país entero, Corea del Norte, sea un monumental experimento sádico donde millones de personas no pueden ni llorar sin que les multen por terrorismo melancólico.

Sin embargo, si Estados Unidos pone fin a males evidentes en países catastróficos enarbolando principios humanitarios y democráticos por todos compartidos, os enfadáis. Os ponéis frenéticos. Vuelve el universitario de los años 70. Vuelve la soflama definitiva y la épica del manumitido. Se proponen héroes. El anti-imperialismo siempre se hizo para ligar. Con Tinder no llegas a las mismas chicas a las que llegas con el anti-imperialismo.

Hay rabia, como cuando ganaba siempre el Real Madrid. La gente está muy cabreada ante la perspectiva de que Estados Unidos empiece a cerrar las dictaduras. Sin dictaduras, no hay variedad cultural ni lugares baratos para el verano. Peligra Cuba. Con lo bien que lo hemos pasado en Cuba, amigos.

El manual del anti-imperialista empieza con gran aparato intelectual, un vasto saber geopolítico y un cierto flipe de conspiranoico. Mientras la prensa esbirra vende un mundo mejor, el anti-imperialista conoce las ruedas catalinas del tinglado. Llora, gime, patalea porque la gente, en su estupidez, no es capaz de entender estos grandes procesos históricos. Los titulares le dicen a la gente que todo es por la democracia y la libertad, una simpleza que tragan como bebecitos. Cuando la verdad es mucho más compleja, hermética, sólo accesible a cerebros superiores: es por el petróleo.

El anti-imperialismo siempre se hizo para ligar. Con Tinder no llegas a las mismas chicas a las que llegas con el anti-imperialismo

Por favor, noten la inmensa distancia intelectiva entre explicar algo con "es por la Libertad" y explicarlo con "es por el petróleo". Son sólo cuatro palabras en ambos casos, pero en la serie que incluye "petróleo" hay muchísima más elaboración argumental.

Que posiblemente la verdad esté en un punto intermedio entre un sinfín de simplezas no es algo que toque determinar ahora. Porque lo importante es cómo nos hemos venido arriba, cómo han vuelto los vituperios a naciones y políticos, a ciudadanos y celebridades, que ya pueden ser tildados de nuevo como "lameculos" o "lacayos", señalando su infecto vasallaje al imperio maligno. Esto es muy pillo porque basta con criticar el intervencionismo americano para ser súbitamente un alma libre, no intervenida, por mucho que la comodidad de todo tu mundo, de arriba abajo, esté interconectada y dependa umbilicalmente del sistema cultural y económico sostenido por Estados Unidos. Sólo hay una cosa más fácil que ser anti-imperialista, y es comprar en Amazon.

Sólo hay una cosa más fácil que ser anti-imperialista, y es comprar en Amazon

"¿Qué han hecho los romanos por nosotros?", se preguntaban en La vida de Brian, para concluir que a aquel imperialismo con sandalias se le debían numerosos avances e inventos que beneficiaron a toda la Humanidad. ¿Qué ha hecho Estados Unidos por nosotros? El imperialismo de hamburguesas ha parado por ahora la guerra en Gaza y ha depuesto a un botarate ridículo y cruel en Venezuela, a pesar de que una flotilla y un señor llamado Zapatero estaban a punto, realmente a punto de conseguir que todo siguiera exactamente igual que estaba. La alternativa al imperialismo yanqui es Greta Thunberg haciéndose publicidad en el Mediterráneo y nuestro ex presidente certificando como comicios impecables amaños electorales tan chapuceros que se podían divisar desde Palencia. Otra alternativa es que un país donde nunca se vota os haga comer arroz y ver películas de kung fu a todas horas. Y otra alternativa es que el mundo sea dominado por los que persiguen la homosexualidad y no dejan a las mujeres ponerse ropa que pegue con nada. Visto así, el imperialismo americano es bastante molón, pues por lo menos nos ha dado a Marilyn Monroe. Siempre es mejor el imperialismo conocido que el imperialismo por conocer.

¿Qué ha hecho el anti-imperialismo por nosotros? ¿Qué nos han dado los valientes anti-imperialistas europeos o los audaces anti-imperialistas latinoamericanos con residencia habitual en París? Quizá sólo algunos libros bonitos, que hoy puedes comprar en Amazon; quizá sólo algunas canciones entrañables, que hoy puedes escuchar en Spotify.

Vuelve el anti-imperialismo, cuando mejor lo estábamos pasando. La captura de Maduro en su búnker de Caracas ha disparado las reticencias a que Estados Unidos nos salve, porque estamos muy orgullosos de no tener salvación. Vivíamos muy a gusto sabiendo que en Venezuela se tortura y se encarcela, y se amañan comicios con tres ábacos y un rollo de esparadrapo; y a gusto podíamos avanzar en la vida sabiendo que en Irán las mujeres necesitan una revolución sólo para ponerse ropa que pegue con algo; y no digamos lo que nos importa que un país entero, Corea del Norte, sea un monumental experimento sádico donde millones de personas no pueden ni llorar sin que les multen por terrorismo melancólico.

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