Quizá supera la década el uso de la voz “pareja” para referirse a lo que antes ofrecía dos opciones: “novio” y “novia”. Esto ya avisa del empobrecimiento del lenguaje y, sobre todo, del empobrecimiento del sexo. Si todo son parejas, la bisexualidad queda deslucida. Antes uno podía tener novio y novia, o cambiar a la novia por un novio o al novio por una novia, y todo el mundo entendía la variedad de tu libido. El poliamor con “parejas” es como los dardos con velcro. Las cosas sin punta no tienen emoción.
El lenguaje políticamente correcto es esencialmente romo, y gusta de la niebla y de la ambigüedad. Observemos la denominación “migrante”. De nuevo, simplificamos sabores en la marca blanca de la nada, y dónde antes había “inmigración” y “emigración” ahora hay mucha gente que no se queda quieta. No sabemos dónde van. No sabemos si van o vienen. Así de importante es un simple prefijo.
Todas estas pobrezas nos vienen de Estados Unidos, lo cual quiere decir que traducimos tonterías, que es lo más ridículo que se puede traducir. Es como si en Estados Unidos prohíben las hamburguesas y, por imitación, aquí prohibimos la tortilla de patatas.
Entonces en USA se dice “partner”, que nos lleva directo y sin pensarlo mucho a “compañero”. Es decir, a compañero y compañera; y ya estaríamos pecando otra vez. Para no pecar y copiar la falta de matices alguien encontró en la P de nuestro diccionario la palabra “pareja”, como podría haber encontrado en la T la palabra “titi”. Yo creo que “mi titi” es más español que “mi pareja”, pero esto ya no tiene remedio.
La gente tiene pareja. ¿Qué tiene? Hay que preguntar. Al principio de este uso, decir que alguien tenía pareja hacía pensar en que lo era del mismo sexo, lo cual resultaba bastante más homófobo que escuchar abiertamente que un amigo tenía un novio. Luego, por proliferación del término, las parejas de la gente se volvieron como fantasmitas o posibilidades abstractas, una cosa sin asidero real, al punto de que mucha gente que dice tener pareja lo que tiene es un amigo para ir al cine.
Porque el término pareja, si de algo avisa, es de que sexo hay poco.
Novia y novio, como sabemos por la Iglesia, son evidencias eróticas. Se tiene novio para follar, no para ir al cine o llegar acompañada a las discotecas. La vida era una sucesión de novias, una sucesión de novios, que culminaba en el novio/novia definitivo, con el que se tenían hijos, casa y problemas, para acabar solos y envejecidos sin tocarse, momento en el que dos personas eran ya en efecto pareja. Ahora lo hacemos al revés. Empezamos aburriéndonos.
Formar parejas es formar uniones sin amor, interesadas y escolares. Formar noviazgos es que te gusta la vida, incluso el vocabulario
En español, la pareja es de baile o para patrullar Vallecas. Sólo el novio y la novia son para pasarlo bien. Te emparejas a principios de curso, para hacer trabajos en Naturales; te emparejas en Educación Física, también. Formar parejas es formar uniones sin amor, interesadas y escolares. Formar noviazgos es que te gusta la vida, incluso el vocabulario.
El sinsabor del término se ve enseguida si pensamos en títulos de películas, como La novia de Frankenstein, Novia a la fuga o La novia cadáver. No sé si ustedes tendrían muchas ganas de conocer a “la pareja de Frankenstein”. Es muy insultante eso de ser pareja de Frankenstein. Sin embargo, la novia del monstruo la imaginamos un pibón.
Ahora que una amiga tiene una hija adolescente, me dice que su hija está en casa “con su novio”, mientras nosotros tomamos vinos. Esto ya me informa de que no están viendo Disney+.
Leo en El País que decir “mi novia” o “mi mujer” es “una herencia cultural del patriarcado y activa ideas, conceptos y expectativas relacionadas con cuidadora, sostén emocional, propiedad de…” Y luego: “Pareja es un término que pone a dos personas en el mismo plano y visibiliza la relación como un sistema horizontal y no un rol propio de cada sexo. Es un gesto simbólico, una palabra que invita a pensar en modelos más libres y negociados”.
Lo que no invita a pensar es en que tiene algo de divertido. Imaginen negociar fuera de las horas de oficina. Imaginen ser horizontales todo el tiempo. Imaginen ser símbolo, y no cuerpo.
Aquí lo que se les escapa a todos es que la cosa va de cuerpos.
Novia es patriarcal, tiene que mandarte corazoncitos en el whatsapp. Novio, sin embargo, no da por hecho nada, ni que tenga moto
Entendemos por estas chaladuras de los expertos (sociolingüistas, psicólogas y modernos sin estudios), que el problema con novio/novia recae exclusivamente en el término “novia”. Censurar la voz novia “aleja a las mujeres de la infantilización”. Novia es patriarcal. Novia es que tiene que mandarte corazoncitos en el whatsapp. Novio, sin embargo, no da por hecho nada, ni que tenga moto.
“Mi novia” indica posesión, como una cosa. “Mi pareja”, ya ven, con idéntico determinante de posesión, indica que lucháis contra el heteropatriarcado desde la mañana a la noche, y no hay tiempo para meterse mano. “Mi novio” entiendo que significa, a pesar de tener el mismo estatus gramatical que “mi novia”, que yo soy suya y le hago los macarrones como le gustan, y necesito ser liberada de este yugo de amor con macarrones.
Cuando alguien habla de su novio o de su novia por lo menos parece que se tienen cariño. Decir "mi pareja" es como decir "mi gestor"
Lo curioso es que la gente normal sigue diciendo “novio” y “novia”, y no hay que dar tantas explicaciones y todo va muy bien. Cuando alguien habla de su novio o de su novia por lo menos parece que se tienen cariño. Decir “mi pareja” es como decir “mi gestor”. O “mi otitis”.
“Somos novios, nos queremos”, dice una canción. “Somos pareja, nos queremos”, habría que decir ahora. ¡Comparen! En el primero, ser novios y quererse es redundante; en el segundo caso, ser pareja y quererse hay que aclararlo. Surgen dudas.
Me gusta el lenguaje directo y sencillo, natural, frutal, vivo, no administrativo. Una calle llamada Laurel; una estación de tren llamada Delicias. Una novia.
No queremos tener pareja, ese rastrojo del amor, sino una novia redonda y verdadera, que llegue tarde y lo sepa.
Quizá supera la década el uso de la voz “pareja” para referirse a lo que antes ofrecía dos opciones: “novio” y “novia”. Esto ya avisa del empobrecimiento del lenguaje y, sobre todo, del empobrecimiento del sexo. Si todo son parejas, la bisexualidad queda deslucida. Antes uno podía tener novio y novia, o cambiar a la novia por un novio o al novio por una novia, y todo el mundo entendía la variedad de tu libido. El poliamor con “parejas” es como los dardos con velcro. Las cosas sin punta no tienen emoción.