'Twin Peaks', cinco curiosidades sobre la serie que cambió la televisión

38 millones de espectadores se engancharon el 8 de abril de 1990 a la ABC para descubrir quién mató a Laura Palmer. La Habitación Roja vuelve esta noche 27 años después

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38 millones de espectadores se engancharon a la ABC el 8 de abril de 1990 para descubrir quién era Laura Palmer y quién la había asesinado. En noviembre fuimos los españoles los que nos plantamos frente a Telecinco para conocer 'Twin Peaks', uno de los primeros fenómenos de la ficción catódica que pasaría a la historia como una serie de culto. 27 años después (y cumpliendo, aunque con un par de años de retraso, la promesa que Laura Palmer le susurra en sueños al agente Cooper), esta madrugada se estrenan en Showtime y en Movistar+ su tercera temporada. 18 nuevos episodios, con 37 de sus actores originales, dirigidos por David Lynch y envueltos en (más) misterio ya que no se ha revelado ningún detalle de esta nueva entrega más allá de ese "te veré en 25 años".

'Twin Peaks' sigue siendo una rareza. Este thriller costumbrista y surrealista que mezcla entretenimiento y perturbación de una forma tan personal como su director cambió la historia de la televisión. Su sombra es tan alargada que se deja ver en series como 'Doctor en Alaska', 'Expediente X', 'Perdidos', 'Fringe' o 'True Detective'. El propio Lynch; David Chase, creador de 'Los Soprano'; o el director Nacho Vigalondo analizan ahora el impacto de la serie, su legado y curiosidades en 'Regreso a Twin Peaks' (Errata Naturae).

No era fácil que en los primeros coletazos de los noventa triunfara una serie como 'Twin Peaks'. Colocaba al espectador frente a un universo tan surrealista como hechizante que trascendía la trama policial para fundirse con un culebrón, una historia de terror y una excéntrica comedia. O, como mejor explicó David Foster Wallace en 'David Lynch conserva la cabeza', un producto televisivo con "un tipo particular de ironía donde lo muy macabro y lo muy rutinario se combinan de tal forma que revelan que lo uno está perpetuamente contenido en lo otro". Al fin y al cabo llevaba el cuño de Lynch, encumbrado director tan extravangante como inesperado, que acababa de ganar la Palma de Oro en Cannes con 'Corazón Salvaje', y de Mark Frost, creador de la no menos célebre 'Canción triste de Hill Street'. Y, como afirma Chase, "por muy surrealista que 'Twin Peaks' pudiera ser, por muy extraña que fuera, se parecía más a la vida real que las típicas series de televisión de una hora".

Lynch, Frost… y Marilyn

Marilyn Monroe fue en realidad quien unió a Lynch y Frost. Warner quería hacer, basándose en el libro 'The Goddess', un biopic sobre los últimos siete días de la ambición rubia con Frost como guionista y Lynch como director. La unión cuajó tanto que, aunque el proyecto se desestimó, escribieron 'One Saliva Bubble', una surrealista comedia que tampoco vería la luz. Así fue como desviaron su mirada a la televisión y crearon 'The Lemurians', otra comedia en la que unos investigadores disfrazados de músicos de jazz recorrían el país en un taxi inglés, que también rechazó la NBC.

"Un día Mark y yo estábamos hablando en Du Pars, la cafetería de la esquina de Laurel Canyon y Ventura, de repente se nos apareció esa imagen de un cadáver flotando en la orilla de un lago", desvela Lynch en una entrevista recogida en el libro. Así nace 'South Dakota', una serie que iba sobre el asesinato de una joven en un encantador pueblo maderero. Frost la definió como "el siguiente paso evolutivo de las series dramáticas después de 'Dinastía'". En apenas diez días escribieron el primer borrador de la serie y el piloto trasladándola a un pequeño pueblo entre la frontera de Washington y Canadá y rebautizándola como 'Northwest Passage' (nombre que finalmente tuvo el primer episodio). Fue con la entrada de ABC cuando la serie se llamó 'Twin Peaks'.

El final europeo que creó a Bob y Mike

"Diane, cuando dos eventos suceden de manera simultánea, concernientes a la misma investigación, debemos prestar siempre una atención absoluta". Palabra del agente Cooper. Que las casualidades y la improvisación conforman la espina dorsal de Lynch y de 'Twin Peaks' queda perfectamente reflejado no solo en la personalidad de Cooper sino también en cómo nacieron los personajes más misteriosos de la serie. Nacho Vigalondo habla en el libro sobre esa película que llegó a los videoclubes españoles titulada 'Asesinato en Twin Peaks' con la enigmática cara de Laura Palmer muerta en una bolsa de plástico azul. Este filme se rodó para la seguridad (económica) de ABC, que tras dar libertad de maniobra a Lynch y Frost con un piloto que costó cuatro millones de dólares (el presupuesto del resto de la serie estuvo alrededor del millón por capítulo), les pidió alargarlo con un final alternativo para lanzarlo como una película en el mercado europeo.

Rodando este añadido, en una escena protagonizada por Sarah Palmer, a la derecha del encuadre, en un espejo que cuelga en la pared se cuela un rostro medio desenfocado de un técnico. Un error habitual que sirvió a Lynch para tomar una decisión trascendental para el futuro de la serie: crear a Bob. Esa cara era la de Frank Silva, uno de los decoradores a quien Lynch quería dar un papel. Incluso había rodado una terrorífica escena en la que miraba a cámara, agazapado tras la cama de la difunta Laura, pero fue esa aparición inesperada la que dio pie al nacimiento de Bob.

Su némesis, Mike, también surgió de otra decisión improvisada. Al Strobel había sido contratado como extra. Tenía que salir del ascensor del hospital y caminar hasta salir de plano. Lynch pensó que, al ser manco, era un guiño a 'El Fugitivo'. En pleno rodaje, probando, le piden que diga: "A través de la oscuridad del futuro pasado el mago ansía ver. Uno canta entre dos mundos: Fuego, camina conmigo". "¡Y su voz era fantástica! Podía haber tenido una voz como la de Mickey Mouse, ¡pero conseguí esa estupenda voz! Y eso creó, más o menos, toda la historia de Killer Bob", relata Lynch.

La Habitación Roja

Un enano bailando y hablando muy raro, Laura Palmer viva, un suelo zigzagueante blanco y negro, una venus y unos enormes y pesados cortinones rojos. El 'boom' onírico o, mejor dicho, la ida de olla total llega en el tercer episodio cuando Cooper nos traslada en un sueño a La Habitación Roja, una de las estancias y de las escenas más icónicas de la serie. Justo en ese momento, en esa claustrofóbica sala en la que la música de Angelo Badalamenti y el baile del Hombre de Otro Lugar (Michael J. Anderson) nos hipnotizan, 'Twin Peaks' deja de hablar sobre una investigación policial en un enigmático pueblo de 51.201 habitantes y se convierte en otra cosa más loca y original. Y, de nuevo, nació por casualidad para la 'tv movie' europea y se convirtió en determinante para la serie.

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"En 1971 le pedí a Alan Splet que me grabara diciendo: 'quiero lápices'. Luego le pedí que le diera la vuelta a la frase. Me la aprendí fonéticamente al revés, y luego la dije y Al la grabó. Luego la reprodujo al revés, con lo que recobraba el sentido normal, pero en una versón de una extraña belleza. En cierto momento estuve a punto de usar esa técnica con 'Cabeza borradora' para una secuencia en la fábrica de lápices que no se llegó a rodar. Cuando se me ocurrió la idea de La Habitación Roja aquello debió de volver a mi pensamiento. Entonces desarrollé la idea, pensando que todo lo visual debería hacerse también al revés. El de La Habitación Roja es el rodaje en el que más me he divertido en mi vida, y el resultado me parece precioso. Se hizo para el final alternativo de la versión europea, pero la secuencia tuvo repercusión a lo largo de toda la serie", desvela David Lynch. ​

Lynch y el salto a la televisión

Lynch se aventuró a saltar a la televisión en una época en la que hacer series no tenía el peso ni la reputación que tiene ahora. Venía de ganar la Palma de Oro y parir obras maestras como 'Terciopelo azul', pero se puso a trabajar en lo que se consideraba un género menor visto como un trampolín o como un cómodo retiro. Al menos para la mayoría. El cine era, dijo, "el gran angular" mientras que la televisión proporcionaba las ventajas del "teleobjetivo", pero su relación con ABC y la tele no fue tan idílica como parecía inicialmente.

Solo dirigió seis episodios de los 30 de las dos temporadas y aunque estuvo muy encima del proyecto, hay dos 'Twin Peaks': la de antes y después de saber quién mató a Laura Palmer. Es decir, la previa al 1 de diciembre de 1990 y la posterior. Si la alianza de Lynch y Frost con la ABC arrancó con absoluta libertad, fue la cadena la responsable de que la mayor pregunta de la serie quedara resuelta antes de tiempo. Mucho antes de lo que hubiera querido su creador. "Se la cargó", dice Lynch en 'Regreso a Twin Peaks'. "Había mucha gente valiosa en la ABC, pero yo seguía con la sensación de que lo que motivaba sus decisiones no tenía nada que ver con la serie. Y es ahí donde creo que se equivocan. La serie era la parte menos importante de su plan", añade.

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Los anuncios que "irrumpían como pandilleros arruinándolo todo" y el cambio del día de emisión de los jueves por la noche a los sábados terminaron por alejar a a Lynch, que además estaba rodando 'Corazón salvaje'. Eso dio lugar a una segunda temporada 'chicle' que, confiesa, "si Mark y yo hubiéramos trabajado juntos, habría sido diferente, pero no lo hicimos y pasó lo que pasó". Cosas como que "Cooper dejó de ser totalmente cooperesco. ¡Le pusieron camisas de franela y cosas así!" o el último capítulo, en cuyo guion tuvo que meter mano Lynch, concretamente en la escena de La Habitación Roja, para enderezar el final.

El legado de 'Twin Peaks'

"La serie que cambiará todas las series". "Televisión brillante". "Cambiará la historia de la televisión". Esto es lo que decían 'Connoiseur', 'Variety' y 'Los Angeles Daily News' tras el estreno de 'Twin Peaks'. Lynch pasó de ser el excéntrico y genial director representante del cine posmoderno al nuevo midas de la tele y 'Twin Peaks', una serie de culto y un auténtico fenómeno sociológico. En su espejo se mira buen parte de la ficción de los noventa y los primeros años del siglo XXI en títulos, dentro y fuera del género criminal, como 'Doctor en Alaska', 'Expediente X', 'Wild Palms', 'The Kingom' o las más recientes 'Perdidos', 'Bones', 'Fringe', 'Loui', 'Utopía' o 'True Detective'. "Adelantada como pocas a su tiempo, 'Twin Peaks' fijó, si no el camino a seguir, sí al menos el sendero que podría llegar a trazarse en el futuro cuando internet, la seriefilia más desbocada, el transmedia o el abandono definitivo de determinados prejuicios existieran como tales y se convirtieran en los mejores aliados de esa 'tercera edad dorada de la ficción televisiva' que todavía estaba por llegar y a la que algunos, a día de hoy, siguen buscándole el verdadero origen. Lo tuvimos ante nuestras narices. Aunque no supiéramos verlo del todo", aseguran Fernando de Felipe e Iván Gómez en el libro.

Con 'Twin Peaks' comienza la fiebre por las series. Sus creadores lo consiguen demostrando que había que dar al público algo más que las fórmulas narrativas convencionales y, sobre todo, aprovechando y modernizando uno de los elementos televisivos vistos con más desdén desde el cine: la serialidad. Fue uno de los principales atractivos para Lynch, que hoy sigue afirmando que siempre trató 'Twin Peaks' como una película pero en trozos. Para Hilario J. Rodríguez, produjo "el gran 'mashup' de la década de los noventa", mientras que Raquel Crisóstomo sostiene que "quizás sea la primera seria que se concibe a sí misma como objeto artístico que (ad)mirar". Porque, aunque nos diera miedito, Twin Peaks es ese pequeño pueblo, poco menor que Ávila, al que nos querríamos ir a vivir y que esta madrugada vuelve a nuestra vida.

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