Nación Underwood: 'House of Cards' vuelve más maquiavélico que nunca

"No cedemos ante el terror. Nosotros somos el terror". Frank y Claire vuelven tocados pero para nada hundidos. la quinta temporada de la serie se estrena hoy en EEUU y mañana en España

Foto: Vuelven los Underwood. Llega la quinta temporada de 'House of Cards' (Movistar)
Vuelven los Underwood. Llega la quinta temporada de 'House of Cards' (Movistar)

"No cedemos ante el terror. Nosotros somos el terror". Tocados pero para nada hundidos. Así se marcharon los Underwood y con esta declaración de intenciones resonando en nuestros oídos vuelven. La quinta temporada de 'House of Cards' se estrena hoy en Estados Unidos y mañana estarán los 13 capítulos en Movistar +. La serie de David Fincher regresa con una nueva y turbulenta entrega en la que el castillo de naipes construido por Frank y Claire pende de una puerta mal abierta. O no, porque el presidente y la Primera Dama prometen buenas dosis de ambición, guerra sucia, crueldad y manipulación para seguir en el poder.

La cuarta temporada (SPOILERS) terminó con Claire (Robin Wright) nominada a vicepresidenta en la carrera por la reelección de su marido. Ambos, cómplices de nuevo y rompiendo juntos la cuarta pared en una mirada gélida marca de la casa, han decidido abrir una guerra contra un grupo terrorista islámico para desviar la atención sobre las revelaciones de la prensa acerca de sus sucias artimañas para llegar al poder. Una maniobra electoral en toda regla que deja clara que la avaricia y el cinismo del presidente Frank Underwood (Kevin Spacey) y de su mujer, mano derecha y segunda en su candidatura a las elecciones de 2016, siguen intactos. Los Underwood vuelven a trabajar mano a mano contra el mundo (y su pasado).

"El pueblo americano no sabe lo que le conviene". "Una nación Underwood", responde Frank en uno de los tráilers promocionales de la temporada prometiendo más cinismo y oscuridad. Agárrense porque la quintaesencia del villano ha vuelto y por duplicado. Los Underwood quieren seguir haciendo valer esa máxima de que para medrar (o dominar la cadena trófica, citando al señor presidente) o cazas o te cazan. "El camino hacia el poder está cimentado a base de hipocresía y víctimas", nos dice en uno de sus apartes dramáticos, porque Frank y Claire son los maquiavelos modernos, pero también mucho más como revela 'House of Cars y la filosofía' (Roca). Un original acercamiento a la serie de William Irwin y J. Edward Hackett en el que analizan las tesis filosóficas que esconde el matrimonio. Desde Maquiavelo a Platón, este es el retrato del gran tiburón blanco de la política norteamericana (televisiva).

El Maquiavelo americano

Según el padre de 'El Príncipe', las acciones de Frank Underwood son un modelo de ambición inteligente. Hará lo que sea necesario para tener y mantener (en esas estamos) el poder. Violar la ley no significa nada para él —"De entre todas las cosas que tengo en alta estima, las normas no son una de ellas"—, la moral tampoco y todo vale para avanzar en su camino. "El ascenso al poder de Frank es una hermosa ilustración de los principios de Maquiavelo en acción", asegura Greg Littmann en este ensayo.

Frases como "es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo con la necesidad [porque] a veces lo que parece virtud es causa de ruina, y lo que parece vicio solo acaba por atraer el bienestar y la seguridad" lo demuestran. Una perla más: "Son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiando en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas".

Underwood cumple al dedillo la mayoría de los principios de Maquiavelo porque, como él, cree que para llegar y salvaguardar el poder no hay escapatoria a la necesidad de ser malvado, porque recomienda la mentira (vaya, algo tan viejo como la misma política) e incluso el uso del asesinato estratégico (como el de Peter Russo o Zoe, por ejemplificar con las primeras temporadas). Lo que sí criticaría Maquiavelo, sostiene el autor, es su tendencia a la venganza y su poca pulcritud a la hora de mantener las apariencias, aunque lo intenta. El filósofo italiano afirmó que "un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que, al verlo y oírlo, aparezca la clemencia, la fe, la rectitud y la religión mismas". Y Frank no es capaz de proyectar una imagen de honradez e integridad. "Soy un mentiroso señor. Me faltan escrúpulos y algunos dirían que incluso compasión, pero esa es solo la imagen que proyecto al mundo porque evoca miedo y respeto", afirma en el capítulo 26. Maquiavelo estaría de acuerdo en eso de que "es más seguro ser temido que amado", pero le criticaría porque "debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el amor, evite el odio". Y a Frank le odian, y de qué manera.

El superhombre de Nietzsche

"Armado con un pragmatismo implacable, decidido y resuelto en su misión, Frank Underwood debería ser un personaje fácil de odiar. Es calculador hasta la médula y carece de remordimientos; sus maquinaciones alcanzan cotas sociopáticas a la vez que se va convirtiendo en una fuerza imparable que acaba con todo el que se cruza en su camino. Él se siente muy cómodo en su papel de villano, pero aun así muchos nos hallamos fascinados sin remedio por él", afirma Leslie A. Aarons. Le equipara con el Úbermensch o superhombre de Nietzsche, "una persona con una obsesión insaciable por su propio poder". "El superhombre, como Frank Underwood, anhela poder y desea ser el más poderoso de los hombres -y más que los hombres", asegura.

En 'El anticristo' escribió Nietzsche: "¿Qué es bueno? Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre. ¿Qué es malo? Todo lo que procede de la debilidad. ¿Qué es la felicidad? El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada". Frank estaría de acuerdo con él, especialmente en el capítulo 30 cuando habla con un crucifijo, escupe a la imagen y acaba rota por el suelo. "Al final del capítulo, Underwood personifica la irreverencia de Nietzsche cuando recoge un pedazo de la estatua hecha añicos de Jesucristo -su oreja, para ser exactos- y nos dice: 'Ya cuento con la atención de Dios". Aunque para Matt Meyer, Underwood más que superhombre sería un amo (dentro de esa tricefalia de personas: amo, esclavo y superhombre nitzscheriana). ¿Por qué? Porque el superhombre no sobrevive, florece, dijo el filósofo, y Frank sobrevive para sostener su poder. Es más destructivo que creativo, y eso le convierte en alguien 'demasiado humano' para ser un superhombre.

Frank, los sofistas y su anillo

Frank Underwood es un cínico, como los sofistas que retrató Platón en su 'República'. "Una de las claves de sus enseñanzas era el cinismo para con el mundo político, en el que el más fuerte se aprovecha del débil y donde la explotación, la manipulación y, sí, la hipocresía "cimentan el camino hacia el poder", escriben James Ketchen y Michael Yeo. Centran su mirada en Trasímaco, el sofista que mediante la retórica se enfrenta a Sócrates sobre la idea de justicia. Para él no es más que lo que conviene al más fuerte. Las reglas las crean y benefician a los poderosos. Trasímaco y Frank son iguales: ven la política como poder y nada más. "Todo lo que Frank hace está calculado para impulsar sus intereses inmediatos y últimos y para aumentar su poder. Justo como le gustaría a Trasímaco", argumentan los autores. Además, ambos coinciden en el modelo político: el tirano, "el individuo injusto en grado sumo que puede hacer todo lo que le venga en gana".

Los autores también se detienen en uno de los gestos más representativos y significativos de Frank Underwood: su golpe con el anillo de Sentinel, la academia militar donde "aprendió su oficio". Es el símbolo de su capacidad de manipulación y de su habilidad para aprovecharse de los demás mediante el engaño y la traición. Relacionan este gesto con la historia del anillo de Giges de la 'República', "uno de los mayores experimentos sobre filosofía moral jamás expuesto". Se trata de una fábula protagonizada por un pastor que encuentra un anillo mágico que le da el don de la invisibilidad y le permite entrar en el palacio, matar el rey y ocupar el trono. Esta historia, que sirve a Platón para plantear la dicotonomía entre si es mejor ser bueno y parecer malo o viceversa, demuestra la tesis de Trasímaco: que la mayoría de la gente actuaría con injusticia para salir beneficiada y pareciendo justo. Precisamente uno de los 'dones' de Frank Underwood.

Claire y la distorsión del sueño americano

'House of Cards' abre con esa imagen de la bandera estadounidense del revés como una analogía del sueño americano distorsionado y convertido en una pesadilla. Podría parecer, de hecho, un retrato crítico del sueño americano desvirtuado y algo más evolucionado. Pero, ¿cuál es esa vida "mejor, más rica y más plena" de la que habló James Truslow Adams cuando acuñó eso del 'sueño americano' en 1931? 'House of Cards' aporta la respuesta más individual y egoísta: la búsqueda del poder por el poder. "A pesar de su desdén hacia la codicia de los demás, el mismo Frank Underwood es un esclavo de su afán de poder, atrapado sin saberlo en esta 'pesadilla americana'. Las cosas que hace a fin de ascender por el panorama político lo han despojado de toda su integridad y decencia, hasta el punto de que apenas parece quedarle rastro alguno de humanidad. Allá por donde pasa arrastra a muchos de quienes le rodean a esta pesadilla, incluida su esposa Claire, quien también se ve forzada a sacrificar muchos aspectos de su humanidad y femineidad por el bien de la victoria política de su marido y la suya propia", escriben Sarah J. Palm y Kenneth W. Stikkers.

Esos sacrificios, sostienen, han transformado al matrimonio en 'pragmáticos implacables', indiferentes a todo lo que no sea escalar y el poder, pero a la par, sostienen, Claire es una "supermujer resentida". "Consigue convencernos durante casi toda la serie de que es tan despiadada y calculadora como su marido". Su fachada se resquebraja en episodios como sus dudas respecto a la maternidad o su relación con Mega Hennessey, superviviente de una violación, pero también puede ser mucho más ambiciosa que él. Porque "Claire se ha arrancado el corazón y sacrificado por él; ahora ha llegado el momento de que él haga lo mismo. A fin de cuentas, están juntos en esto, unidos por su resentimiento". Precisamente esto enlaza a la perfección con la quinta temporada que empieza esta semana porque ¿quién es peor: Frank o Claire? ¿Ricardo III o Lady Macbeth? Como avanzan con esa 'Nación Underwood', deberíamos temerlos mucho más juntos que por separado. Y en esta nueva batalla vuelven de la mano para cargarse la cuarta pared y hacernos cómplices de su ambición desmedida.

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