El bluf de Manuel Bartual: por qué su relato viral en Twitter no da la talla

El fenómeno pop de la semana pasada fue el hilo narrativo del comiquero Manuel Bartual en Twitter. La prueba material es que ganó 300.000 seguidores en seis días

Foto: El autor de la historia viral del verano en Twitter, Manuel Bartual. (Iba Diethelm)
El autor de la historia viral del verano en Twitter, Manuel Bartual. (Iba Diethelm)

No hay duda: el fenómeno pop de la semana pasada fue el hilo narrativo del comiquero Manuel Bartual en Twitter. La prueba material es que ganó 300.000 seguidores en seis días y copó 'trending topics' (tendencias más exitosas) internacionales. Entre las celebridades que interactuaron con su historia destacan el futbolista Gerard Piqué, el director de cine Nacho Vigalondo y el actor José Coronado.

También intentaron hacerse publicidad a su costa empresas como Trivago. ¿Conclusión? Nadie debe poner en duda su impacto mediático, pero sí la enjundia de lo que ofrece como narrador. Aquí va un intento de argumentar mi nulo entusiasmo con el experimento.

Demasiado convencional

La inmensa mayoría de los análisis coinciden en una cosa: el contenido del culebrón es extremadamente convencional. Así lo expuso, por ejemplo, el joven filósofo Ernesto Castro, muy interesado en el fenómeno. En realidad, estamos ante algo parecido a las legendarias 'Historias para no dormir' con las que triunfó Narciso Ibáñez Serrador en el tardofranquismo (por cierto, muy relacionadas también con los recursos del cómic). Hay quien las clasifica con el adjetivo de 'creepypasta', una categoría de relatos cortos de terror compartidos por la red para perturbar a los internautas. Adaptar este formato a Twitter es considerado por algunos como una pequeña revolución, pero la única novedad objetiva es haber descubierto un trampolín para pasar de 16.000 a 417.000 seguidores en un parpadeo. La prensa es quien más loca se ha vuelto con la historia, que muchos consideran "la serie del verano". Los medios más entusiastas han coronado a Bartual como "el Stephen King de Twitter".


La acción transcurre durante unas solitarias vacaciones, convertidas de repente en 'thriller' angustioso. Su principal recurso son los 'cliffhangers', frases que dejan al lector al borde del precipicio del suspense, por ejemplo: "Mierda, acabo de acordarme de una cosa". La tensión sube de voltaje para luego revelar que el protagonista se ha dejado en el hotel "un bollo que había comprado para desayunar". Las mayores emociones del relato son subidones de incertidumbre, que al final quedan en nada.

De hecho, los giros más intensos ocurren en la cabeza de cada lector. ¿Por qué iba a ser esto mejor que el denostado 'clickbait'? Esta expresión anglosajona alude a los titulares de internet que buscan picar nuestra curiosidad de manera tramposa. "Millonario con ametralladora persigue a su primer amor… Lo que pasó después te sorprenderá". ¿Quién puede resistirse a pinchar? Suelen ser ganchos para ingenuos con demasiado tiempo libre. O aceptamos las dos prácticas o rechazamos las dos.

Del monólogo al diálogo

Las desviaciones más interesantes de la historia han llegado en forma de respuestas de otros tuiteros. Destaca, por supuesto, la de las Kellys, colectivo sindical de limpiadoras de hotel que supieron aprovechar el tirón para denunciar que cobran 1,50 euros por arreglar habitaciones como la del relato. También usaron el juego de dobles de la trama para otra protesta: las cadenas hoteleras y los responsables de las subcontratas se pasan mutuamente la pelota de sus draconianas condiciones de trabajo, dejándolas sin margen de negociación. Es un tipo de terror mucho más tangible y cotidiano.

Otro momento hilarante fue el hilo del célebre @norcoreano, que iba tropezándose por Pyonyang con dobles suyos gigantes (las numerosas estatuas en honor al Amado Líder). Bartual consiguió interpelar a tuiteros de lo más diverso. También a usuarios anónimos, como @justagreekyboy, que opina: "Todos sabemos que la historia es 'fake' [falso], pero no queremos aceptarlo porque no tenemos nada más interesante que hacer un viernes por la noche".

Masturbación digital

La trama ocurre en un no-tiempo y en un no-lugar. Podría ser Magaluf o Marrakech, 1976 o 2026, una república islámica o un Estado bolivariano. Vale cualquier territorio con autobuses y hoteles. Remite así a un relato sin raíces ni contexto social. Posmodernidad envasada al vacío. Siendo crueles, podemos describirlo como un Big Mac de la narrativa. La acción es notablemente asocial. ¿Quién narices se va solo de vacaciones? Los únicos personajes relevantes son Bartual y el doble de Bartual. En tiempos de emergencia social, estos repliegues narcisistas hacia el 'yo' quitan mucho trabajo al autor (describir la interacción humana) y apuestan todo a las emociones desconectadas de las relaciones. En dos palabras: masturbación digital.

Si nos fijamos, hoy resulta casi imposible encontrar ficciones masivas que eludan el conflicto social, desde el último 'Spiderman' hasta 'Los Soprano', pasando por 'The Wire', 'Cuéntame' y 'El ala oeste de la Casa Blanca'. Por no hablar de 'Juego de tronos', que surte de metáforas a todo el espectro político, desde Cristina Cifuentes hasta Pablo Iglesias. Ya no aceptamos bien las tramas sin un chute de adrenalina socioeconómica. Lo peor del hilo de Bartual es que no aguantaría el tipo escrito sobre el papel y perdería pegada en la pantalla (no es 'La Jetée' de Chris Marker, ni siquiera un capítulo televisivo de Hitchcock). Estamos ante una historia demasiado previsible, encerrada en la fugacidad del momento, el vacío cultural de finales de agosto; un limbo sin apenas competencia.

Sacrificio al altar de Silicon Valley

Acierta de pleno el escritor Jorge Carrión cuando nos recuerda que Twitter (al contrario que YouTube) no paga a los creadores por sus contenidos. Es otro paso en el suicidio colectivo de la industria cultural en los altares de Silicon Valley. Muchos analistas coinciden en la misma pregunta: ¿hemos descubierto un género nuevo? Más bien un formato. Con él se pueden contar muchas cosas. Quienes decidan cultivarlo, lo tendrán fácil, ya que basta una historia con un mínimo de sustancia para superar las vacaciones de Bartual. Después de pensarlo unos días, me niego a celebrar esta trama, como rechazo celebrar el simple acto de leer. Lo que tiene valor es sumergirse en historias con un mínimo de profundidad.

Contra toda lógica, la mayoría de los periodistas culturales parecen encantados. Se trata de un contenido poco exigente, con gran eco de público, sobre el que se puede disertar sin apenas esfuerzo. ¿Estas son las ficciones que queremos prescribir, promocionar y legitimar? ¿Hola?

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