1993, el número que explica el suicidio de Blesa y TODO lo demás

La segunda temporada de '1992', serie política italiana de culto, vuelve a funcionar como juego de espejos con la España de la crisis: corrupción, suicidios, regeneración... y vuelta a empezar

Foto: Diputados de la Liga Norte soga en mano en una escena de '1993'
Diputados de la Liga Norte soga en mano en una escena de '1993'
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19 de julio de 2017: Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid, se dispara en el tórax con un rifle de caza mayor. Meses antes había sido condenado a seis años de prisión por apropiación indebida (caso tarjetas Black) y tenía otros dos procesos pendientes (la fiscalía le pedía cuatro años de cárcel por administración desleal y estaba imputado por la estafa de las preferentes). Un horizonte judicial muy negro eliminado de un solo disparo.

20 de enero de 2015: María del Mar Rodríguez Alonso, esposa de un senador del PP, se quita la vida en un hotel de Bilbao. Estaba imputada en la operación Gürtel por cohecho, blanqueo y tráfico de influencias. Días más tarde de que la fiscalía pidiera su ingreso en prisión, apareció muerta.

Verano de 2009: Juan Pérez Mora, falso juez que había engañado al capo de la Gürtel, Francisco Correa, se suicida a los 65 años tras estallar el caso.

No, no es todavía una epidemia de suicidios, pero podía llegar a serla si arreciaran los casos de corrupción surgidos al calor de la crisis económica (ya saben: cuando hay menos dinero para repartir, comienzan las trifulcas internas, y con ellas las filtraciones y las investigaciones en los tribunales). Aunque el suicidio de Blesa fue un shock por lo inesperado, su decisión no era en realidad tan extraña dado el contexto...

Regenera que algo queda

Bienvenidos a '1993', segunda temporada de la serie de culto '1992', cuyo despiadado retrato de los años en los que la democracia italiana lo cambió TODO (la corrupción y los procesos judiciales -Mani Pulite a Tagentópolis- se llevaron por delante a los grandes partidos mientras la sociedad se rasgaba indignada las vestiduras) para que TODO siguiera igual (o Berlusconi como pintoresca solución a la degeneración moral del sistema).

'1993', cuyo último capítulo emitió Movistar hace unos días, vuelve a funcionar como juego de espejos con la España posterior a 2008: si quiere usted saber el significado profundo de asuntos como la corrupción, la crisis del bipartidismo, las dimisiones en cadena (de Juan Carlos I a Rubalcaba), los banqueros deprimidos con escopetas de caza, la judicialización de la política, la regeneración, la canalización del malestar a través del nacionalismo o el cierre de la crisis por arriba, ésta es su serie.

Fotograma de '1993', que en España se emite en Movistar
Fotograma de '1993', que en España se emite en Movistar

Si la crisis institucional en España va ya para diez años y aún está en vías de cerrarse, en Italia se despachó en dos años tan frenéticos como brutales: allí sí cayó el bipartidismo, y allí hubo 23 suicidios (de altos cargos políticos y empresariales) en un espacio muy corto de tiempo (tremenda la escena de '1993' en la que los diputados de la Liga Norte piden soga en mano en el Parlamento que los políticos corruptos se quiten la vida o sean ajusticiados. ¿Quién dijo demagogia?).

23 altos cargos italianos se suicidaron entre 1992 y 1994 al calor de los escándalos de corrupción

En efecto, entre 1992 y 1994 dio tiempo a que el fiscal Antonio Di Pietro, uno de los protagonistas de la serie, activara la operación Manos Limpias contra las comisiones por obra pública a los partidos, a que los jueces abrieran el sistema en canal con muchos otros casos (que acabarían con más de 1.200 políticos y empresarios condenados, con 40 ayuntamientos disueltos y con la revelación de la absurda cantidad de dinero gastada en sobornos desde 1980: 3,2 billones de euros anuales), que se hundieran la Democracia Cristiana (al mando del país desde tiempos inmemoriales) y el Partido Socialista (uno de cuyos líderes históricos -Bettino Craxi- huyó a Túnez cuando estaba con la mierda hasta el cuello), y que el empresario Silvio Berlusconi aprovechara la ola de indignación popular y el vacío de poder para crear un partido de la nada (Forza Italia) y convertirse en el presidente de la, ejem, Italia regenerada.

Por no hablar de unos cuantos atentados/bombazos desestabilizadores que unos atribuyeron a la mafia y otros a la extrema derecha, en un revival de la confusión política de los años de plomo.

Y todo ello en apenas 24 meses. Superen eso. Solo una serie demoledora e inmisericorde podría hacer justicia a la época (los políticamente horribles años noventa, década que ahora está tan de moda).

El festival de los trepas

El serial italiano desarrolla numerosas tramas más o menos ficcionadas: de las estrictamente políticas (el boom arribista de la Liga Norte), a las sociales (los años del SIDA), pasando por las periodísticas (las sórdidas relaciones entre plumillas y magistratura) y las televisivas (la mujer como objeto sexual en la era de las Mamma Chicho y las 'velinas').

Dentro de sus diferencias, casi todos sus personajes parecen tener algo en común: llevar un trepa dentro. Del exmilitante de la izquierda alternativa reconvertido en cerebro del lanzamiento político de Silvio Berlusconi (con una mezcla de marketing y técnicas aprendidas en sus años de agitación izquierdista), al paria de los separatistas de la Liga Norte que acaba como diputado en Roma, donde comprueba que el nacionalismo teatral es una herramienta de lo más efectiva para medrar en la jungla de la política institucional.

Todos ellos orbitan sobre el tema de fondo de la serie: cómo se cocinó el experimento Berlusconi y cuáles fueron las condiciones sociales que lo hicieron posible. O qué ocurre cuando los trepas se ponen a la vanguardia de la regeneración.

Lo que, si lo piensan, es todo un indicador de los pavorosos límites políticos de los discursos regeneradores/anticorrupción. Por seguir con las analogías españolas: si Podemos pensaba (2014-2015) que limitándose a decir que el PP era el partido de los corruptos le valía para llegar a la Moncloa, se debió caer del guindo cuando apareció (de la nada) Ciudadanos replicando (con éxito) el mismo discurso. O la regeneración como significante vacío. Si en plena crisis financiera internacional tu arma principal consiste en limitarte a repetir que tú no eres un ladrón, igual es que no tienes demasiado que ofrecer...

En '1993', por tanto, también hay cargas de profundidad contra la izquierda, como el modo en que minusvaloró la amenaza de Berlusconi, al que veían como un candidato risible cuyo relato era obra de publicistas que no estaban a la altura, o cuando la superioridad moral no te deja entender la realidad, lo que recuerda a lo que le pasó a los demócratas con Donald Trump en 2016. El experimento Berlusconi (1993) -o la alianza de un titán de la televisión con secesionistas (Liga Norte) y neofascistas (Alianza Nacional)- no solo no era una patochada, como pensaba parte de la izquierda italiana, sino una genialidad política que se adelantó a su tiempo, o la mezcla de marketing, populismo y antipolítica que hace ahora estragos en medio mundo. ¿Si el multimillonario y oligarca Berlusconi coló en 1993 como candidato anti élites por qué no lo iba a hacer Trump en 2016?

Epílogo: Es justo que el artículo termine con un pequeño homenaje a un personaje secundario, pero clave: un viejo político de la Democracia Cristiana que ya lo ha visto todo y se dedica a dar consejos a sus jóvenes discípulos mientras el sistema colapsa (que no El Estado, para el que trabaja como fontanero): 1) "La mejor manera de enterrar un asunto en Italia es crear una comisión de investigación parlamentaria". 2) "¿Que tú solo cumplías órdenes del partido? Esa excusa ya la utilizaron en Núremberg y nos les valió de nada". Amén.

Chanquete ha muerto

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