'SMILF': soy madre, pero también quiero salir de fiesta y echar un polvo

La cómica Frankie Shaw escribe, dirige y protagoniza este retrato de la maternidad moderna que en España emite Movistar +

Foto: Imagen promocional de la serie de Frankie Shaw 'SMILF'.
Imagen promocional de la serie de Frankie Shaw 'SMILF'.

Desde que empecé a ver 'SMILF' rezo cada noche por el alma y el bienestar de Frankie Shaw. Escribir, dirigir y protagonizar una serie en la que se manifiesta que ser madre es de todo menos maravilloso debe colocarte en el 'TOP tres' de individuos más peligrosos del mundo. Existe una liga de Madres Fantásticas, y de Señores que exigen devoción por el cuidado a los demás, que se encuentran al acecho de cualquier tuit, comentario o suspiro que revele que aborreces la maternidad. Serían menos voraces en sus reprimendas si reconocieras que hidratas tu piel con sangre de bebé o que piensas alistarte en el ISIS.

Lo que ha hecho Frankie Shaw con 'SMILF' es un retrato real de lo que supone ser madre. Hasta no hace demasiado, y salvo excepciones, han sido hombres directores y guionistas quienes han contado su versión de lo que es la maternidad. Llamadme rara, pero estaremos todos de acuerdo en que es un tema que nos corresponde narrar a nosotras. Imaginad por un momento que las mujeres en masa hubiéramos hecho películas sobre la disfunción eréctil, por ejemplo. No tiene demasiado sentido. El resultado ha sido la creación de una figura sufriente que vive para los demás a costa de renunciar gustosamente a su propio yo. Este concepto de la maternidad, tan cercano a la esclavitud, ha calado tan hondo que cuestionarlo, o proponer nuevos modelos, se recibe como una amenaza a los pilares básicos de la sociedad.

Las propias vivencias de la protagonista son la base de un corto de animación homónimo que ganó el premio del jurado en la edición del Festival de Sundance de hace dos años y que dio lugar a la serie de Showtime. Shaw es Bridgette, una veinteañera que sobrevive en Boston con un niño pequeño. No puede pagar el alquiler, es actriz, sueña con ser una estrella del baloncesto y se masturba viendo en internet las fotos de la novia del padre de la criatura, apodada 'Pezones duros Nelson'. Aunque la sinopsis podría parecer droga dura para amantes de Ken Loach, 'SMILF' es un relato amable, tremendamente divertido y con el poso de tristeza suficiente para recordar que lo que vemos es la vida real de muchas mujeres.

Imagen de la serie 'SMILF'.
Imagen de la serie 'SMILF'.

De mayor hay que ser mamá

Nada más aterrizar en este mundo me pusieron un Nenuco entre los brazos. Después vinieron las Barriguitas, las Nancys y las Barbies. Las cocinitas, el maquillaje, los vestiditos y demás complementos también se fueron instalando en mi habitación. Poco a poco yo misma lo fui pidiendo. Habrá quien pensará que es lo que quería, con lo que me gustaba jugar, pero la realidad es que no me habían dado muchas más opciones. Las películas que veía estaban protagonizadas por princesas que se parecían a mis muñecas. Buscaban desesperadamente un joven apuesto que las salvara de un mundo difícil en el que un castillo y una cuenta bancaria solvente, a nombre de él, parecían ser la única vía posible a la felicidad.

Querer escapar de un destino escrito e inevitable para nosotras puede sumirnos en una frustración incurable. Reconocer que tener un hijo es importante en tu vida pero no lo único importante, te sitúa automáticamente en el bando de las egoístas y las malas madres. Puede que en un renuncio inocente te abras al internet y repliques en una conversación que esto de tener un niño es más duro de lo que esperabas. Siempre aparece alguien que espeta: “¿Qué creías? ¡Haberlo pensado antes!”. Pues a juzgar por la inmensa mayoría de los libros y películas que he consumido a lo largo de 30 años, lo que esperaba es que el embarazo fuera un momento dulce, que la maternidad conllevara el final de todos mis problemas, que el resto del mundo me importara más bien poco en el momento en que tuviera un niño entre los brazos, que me saldría solo renunciar a mi vida personal para estar siempre a su disposición. Pero nada de esto ha sucedido. Quiero decir, nos adoctrinan para que entreguemos nuestra vida a la crianza y los cuidados de quienes nos rodean y luego no se nos permite quejarnos. Nuestro silencio es imprescindible para mantener vivo el sistema que adhiere nuestros zapatos al suelo y no nos deja golpear hasta romperlo el techo de cristal.

Imagen de la serie 'SMILF'.
Imagen de la serie 'SMILF'.

Reírnos de nuestras imperfecciones

Frankie Shaw grita bien alto que ser madre no es incompatible con querer echar un polvo o perseguir un sueño en el que tú eres la protagonista. Representa, además, algunos de los problemas exclusivos del género femenino, como que el físico prime sobre tu intelecto, que vender tu cuerpo pueda llegar a ser una opción para mantener a tu familia o que alguien crea que cualquier desliz amoral que cometas da derecho a los señores a meterte mano. El guion nos invita a reírnos de nuestras propias imperfecciones, y no hay nada como el humor para romper los férreos esquemas de lo que se considera que es una madre.

Como al personaje de Bridgette, me gusta hacer planes con mi pareja, crecer profesionalmente y que mi hijo me vea pintarme la raya del ojo para salir con mis amigas. Lo que yo tengo por una buena madre es aquella que enseña con sus propias acciones que las mujeres no estamos para ser las siervas de nadie. Si renunciara a toda mi vida para cuidar de la familia, y puesto que siempre son las mujeres quienes casualmente escogen este camino, reforzaría en mi hijo la idea de que las tareas domésticas son cosa nuestra, que una buena mujer es la que permanece siempre en casa. Quiero ser un referente y un ejemplo para él, que si el día de mañana busca una compañera, sea para compartir su vida y no para que le friegue, le ponga lavadoras y sea la niñera de su descendencia. Y lo más importante: para poder hacer feliz a mi hijo, yo también tengo que serlo. Es una suerte que exista 'SMILF', alguien tenía que contar la verdad.

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