Netflix: Izquierda sin norte: los pajilleros de la indignación cargan ahora contra Friends

Izquierda sin norte: los pajilleros de la indignación cargan ahora contra 'Friends'

La izquierda dispara contra la llegada de la mítica serie a Netflix por "machista" y ataca así los gustos vulgares de la misma masa social por cuyas condiciones debería estar partiéndose la cara

Foto: Los protagonistas de la serie 'Friends'.
Los protagonistas de la serie 'Friends'.

Estos días he leído un montón de artículos que explican minuciosamente por qué la izquierda juvenil detecta en la serie 'Friends' un machismo, un racismo y una homofobia repugnantes y peligrosos. Resulta que Netflix ha subido toda la serie a la plataforma, lo que ha producido la algarabía nostálgica de los cuarentones y treintañeros, que han encendido fuegos artificiales en las redes sociales. En ese momento, destacados miembros de la generación más moralista de la historia han decidido pasarla por ese ojo inflexible que llegó a denunciar el machismo de 'Los Simpson' (!!!). El resultado del examen no es una sorpresa.

'Friends' no pasa el filtro de corrección política de los 'snowflakes'. Os recuerdo que el diccionario Oxford llama 'generación snowflake' a la que está compuesta por universitarios de clase media-alta en Estados Unidos y Reino Unido con la piel finísima. Son 'snowflakes' quienes se dedican a dar la alarma en las redes ante cualquier opinión o contenido publicitario, cultural o de entretenimiento que pueda ser potencialmente ofensivo para minorías étnicas, mujeres u homosexuales. Esa misma generación que, tal como denunciaba a finales de los noventa Jim Goad en su afiladísima cuchillada en forma de libro, el 'Manifiesto Redneck', está tan obsesionada con los parámetros de la raza y el género que ignora el significado de las clases sociales.

Colegimos: la polémica en torno a 'Friends' dice más sobre los críticos que sobre la serie en sí. Hay que recalcar esto y seguir recalcándolo noche y día: la izquierda anglosajona que opta por la crítica cultural se desmorona. ¿Por qué? Porque dedica buena parte de su artillería a disparar contra los gustos vulgares y los comportamientos inmorales de la misma masa social por cuyas condiciones debería estar partiéndose la cara. Pese a las críticas contundentes de Goad y las más recientes de Owen Jones (autor de 'Chavs'), esta izquierda monocular anglosajona sigue activando sus alarmas ante cualquier canción marrana mientras cierran todas las fábricas de su país. Lo cual explica que Hillary Clinton ganase las primarias a Bernie Sanders, y que Donald Trump, aun después de demostrarse como un inútil, amenace con ganar a cualquiera que se le ponga enfrente.

La izquierda dispara contra los gustos vulgares de la misma masa social por cuyas condiciones debería estar partiéndose la cara

Desde que se emitió 'Friends', las tasas de desigualdad han crecido sin control. Todas las políticas económicas se han encaminado a blindar a unos jefes sin escrúpulos a costa de vapulear a los trabajadores. Pese a todo, la izquierda americana y joven parece todavía más obsesionada con las ofensas culturales que en tiempos de Obama. En Estados Unidos pasan una semana clamando para que una actriz absolutamente forrada cobre unos 'royalties' tan hinchados como los de su forrado compañero de rodaje, otra discutiendo sobre si un anuncio de H&M estaba llamando chimpancé a un niño negro, y la siguiente sobre el horror del nuevo tuit de Donald Trump. Aquí, tan lejos y tan cerca, vamos por el mismo camino. Discutiendo apasionadamente sobre la pertinencia de enterrar la obra de Woody Allen en un cotolengo. Chillidos encadenados en un salón virtual donde huele a queso fétido y a vino envejecido en barrica. La nada.

Dejemos algo claro. Las infinitas fracturas del precariado contemporáneo no necesitan un ocio moralizante o edificante, sino un poco de entretenimiento cuando el paro los ahoga o cuando salen de currar. Es mucho más probable que un trabajador precario cambie de canal si le ponen un bodrio aburrido que si echan un espectáculo en el que puede detectarse un cierto tufo sexista o denigrante. Que una película entretenida pueda resultar ofensiva no le importa lo más mínimo mientras le haga reír. Lo que nos lleva de vuelta a 'Friends': una serie cuyo éxito, que barrió los cinco continentes, estuvo marcado por una palabra que hoy olvida esa izquierda cultural: despreocupación.

El fin de la despreocupación

A los críticos contemporáneos de 'Friends' no les choca tanto la homofobia de Chandler como la despreocupación con la que se suceden esas escenas. Los años noventa no solo fueron una época de impunidad, sino el tiempo de extinción de la despreocupación cultural. Ahora estamos pagando las consecuencias de haber sido despreocupados en lo económico, de haber aceptado despreocupadamente esos créditos que nos ofrecían auténticos tiburones, pero la supuesta homofobia de 'Friends' que disfrutábamos despreocupadamente no evitó que celebrásemos la legalización del matrimonio homosexual en España. ¿Por qué será? Tras el aparato humorístico de la serie, que no dejaba de mostrar una lista de situaciones felices, no se deslizaba una filosofía reaccionaria, sino el carácter ligero y alegre de la época. Los guionistas no escribían de manera edificante, sino de manera hilarante, buscando hacer reír y nada más.

La izquierda haría bien si recuperase esa despreocupación risueña a la hora de entretenerse

Sospecho que la izquierda anglosajona haría bien si recuperase esa despreocupación risueña a la hora de entretenerse, y gastase una pizca de toda esa energía analítica en averiguar qué se puede hacer para que el trabajador precario viva un poco mejor. Si ese trabajador baila ritmos latinos y machistas, si consume películas de Vin Diesel o si se parte el culo con los chistes de cualquier Arévalo internacional, ese es el menor de sus problemas. Como advertía Jim Goad, para refinar los gustos de una masa precaria, antes hay que conseguirles un poco de tiempo libre para que se dediquen a pensar.

¿Queréis una buena excusa para poner el grito en el cielo con la excusa de que Netflix repone 'Friends'? Ok. Cuando se emitió la serie, los fans de los seis amigos de Central Perk no podían imaginarse que después, cuando acabasen sus carreras universitarias, terminarían trabajando por sueldos dignos de la basura blanca del libro de Jim Goad.

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