'Scandal' o escándalo al final del capítulo: las series de televisión pierden el miedo

La series de televisión se convierten en espejo de minorías y altavoz de temas polémicos como el aborto, la homosexualidad o el trato a las minorías

Foto: 'Orange is the new black'
'Orange is the new black'

Pocas cosas puede haber más satisfactorias para un creador que ver cómo su obra se convierte en noticia en los principales medios y en tema de debate entre sesudos expertos. Una muerte impactante (o unas cuantas), un giro inesperado de la historia o una estrella invitada de primer nivel aseguran que unos minutos de televisión se conviertan en tema de conversación y fuente de noticias. Pero las series de televisión son menos egocéntricas de lo que parece y, cada vez más, ponen sobre la mesa con gran repercusión temas relevantes que van más allá de la ficción.

El capítulo de 'Scandal' albergaba un desenlace tan sorprendente como incómodo. Un aborto. Y no de cualquier personaje. De la protagonista, Olivia Pope

No importa si se trata del interés personal del guionista, de si el creador de la serie vive una realidad que quiere dar a conocer, o si simplemente es que ha llegado el momento. La última en hacerlo ha sido Shonda Rhimes, a través de su drama “político” 'Scandal'. La todopoderosa guionista y productora, cerebro también de 'Anatomía de Grey', regaló a sus espectadores hace un par de semanas un capítulo con aires navideños que albergaba un desenlace tan sorprendente como incómodo. Un aborto. Y no de cualquier personaje secundario y episódico, no. De la protagonista, Olivia Pope, que recientemente ha dejado de solucionar los problemas de Washington para asentarse en el centro de poder de la capital, la Casa Blanca.

El aborto en la ficción televisiva

Dejando a un lado que la serie es lo que es, un placer culpable, y que la línea con la que Shonda separa lo creíble de lo posible es muy difusa, el último capítulo de 'Scandal' se ha convertido en noticia, gracias a su capacidad para tratar con valentía y honestidad un tema tan polémico como es el aborto. Sin diálogos moralizantes ni personajes que se ahogan en un mar de dudas. Sólo una mujer fuerte y segura de sí misma que decide hacer lo que cree que es mejor para ella. Pero antes de que Olivia llegase a la consulta, la senadora por Virginia, Mellie Grant, se había encargado de entregar el mensaje de Shonda a los ocho millones de espectadores que sintonizaban esa noche.

Novata en la cámara de senadores, la republicana exmujer del Presidente (así es 'Scandal') encuentra preocupante que el presupuesto que el gobierno destina a Planned Parenthood deje de estar garantizado. La organización se encarga desde hace décadas (en la serie y en la vida real) de la salud reproductiva de millones de mujeres norteamericanas, ya sea ofreciéndoles asesoramiento anticonceptivo, sometiéndoles a chequeos periódicos para prevenir el cáncer o realizando abortos legales. Y por mucho que sus principios choquen con los de la asociación, Mellie no está dispuesta a tolerar que los presupuestos del próximo año no garanticen la salud de las mujeres. Se convierte en filibustera y, tras 16 horas, consigue bloquear la aprobación de los presupuestos.

Durante la emisión del episodio, la propia Shonda Rhimes comentó en Twitter que los datos que la senadora mencionó en la serie sobre la situación de las mujeres son reales. Al igual que la necesidad del Congreso de Estados Unidos de aprobar un presupuesto definitivo, que se conformó con ser temporal allá por el mes de septiembre, cuando Planned Parenthood se convirtió en el motivo de las discrepancias en buena parte de la bancada republicana. Planned Parenthood, por su parte, emitió una comunicado en el que agradecía a la prolífica guionista su interés por dar a conocer la situación que atraviesan, en la que los intereses políticos prevalecen sobre la salud de millones de norteamericanas. Aunque para reforzar su mensaje Shonda Rhimes haya llevado a su protagonista a una situación poco frecuente, especialmente si consideramos la edad o el estatus social de la protagonista.

Pese a que muchas mujeres toman esa decisión cada año, para las cadenas de televisión el aborto sigue siendo un tema tan incómodo como hace treinta años

Dos meses antes de que el caso Roe contra Wade reconociese el derecho al aborto en Estados Unidos, en noviembre de 1972, la ficción televisiva ya había planteado a los espectadores las dificultades a las que se enfrenta una mujer cuando quiere poner fin a su embarazoY lo hizo a través de Maude, la serie protagonizada por Bea Arthur que se convirtió en símbolo del feminismo en la década de los 70. Posteriormente, en los 90, el aborto formaría parte de las tramas de series adolescentes como 'Sensación de Vivir', 'Dawson Crece'  o 'Melrose Place'. Y ya en el siglo XXI dramas como 'Sexo en Nueva York', 'Mujeres Desesperadas' o la propia serie de Shonda Rhimes, 'Anatomía de Grey', introducían el aborto en alguna de las tramas principales.

Unas historias más polémicas y menos habituales en la pequeña pantalla, porque las razones que llevan a la protagonista a plantearse su embarazo poco tienen que ver con su juventud, la falta de medios o su incierto futuro, tal y como plantean series como 'Friday Night Lights'  o 'Parenthood'. En la edad adulta las razones son mucho más personales y nada altruistas, legítimas pero vistas como un acto egoísta. Y a pesar de que sea una realidad que muchas mujeres toman esta decisión cada año, para las cadenas de televisión sigue siendo un tema tan incómodo como hace treinta años.

Amazon y Netflix con la comunidad transexual

Convertirse en una serie polémica no es tarea fácil. Aaron Sorkin ya reflejó en 'Studio 60', el control al que estaba sometido cualquier contenido que se emite en una cadena convencional de la televisión estadounidense. Y como, muchas veces, su emisión depende del criterio de todo tipo de asociaciones y lobbies. Y de la moral de directores de cadenas filiales, por muy pequeñas que sean. Las cadenas de cable no tienen estos problemas, aunque pueden tenerlos con los anunciantes, y como mucho están sometidas al juicio de instituciones como el Consejo de Padres para la Televisión. Y empresas como Netflix o Amazon, simplemente hacen lo que quieren y a través de dos de las producciones más originales y aplaudidas de los últimos años: 'Orange Is The New Black' y 'Transparent', otorgan visibilidad a un colectivo presente en nuestra sociedad, el transexual.

La comedia de Jenji Kohan ambientada en una cárcel de mujeres reflejó las dificultades por las que pasa un transexual a través de la peluquera Sophia Burset. A la que interpreta la actriz transexual Laverne Cox, que gracias a su papel se ha convertido en un símbolo para la comunidad. Además de ostentar el honor de ser la primera transexual en aparecer en portada del Time, Cox es la primera en ser nominada a un Emmy en la categoría de actriz invitada. Pero no le corresponde a ella el honor de haber interpretado al mejor personaje transexual de la televisión. Porque la admiración y el respeto que ha despertado Maura Pfefferman, la protagonista de 'Transparent', es responsabilidad de la creatividad de Jill Solloway y del magnífico trabajo del veterano Jeffrey Tambor.

La actriz Laverne Cox ha sido la primera transexual en aparecer en portada del Time y la primera en ser nominada a un Emmy en la categoría de actriz invitada

Pero antes que Burset y Pfefferman tuvo que abrirse paso Jack McPhee, que en 'Dawson Crece' daba el primer beso homosexual en el prime time norteamericano o la peluquera lesbiana de 'The L Word' Shane MacCutcheon. Y el publicista homosexual de 'Queer as Folk', Brian Kinney o David Fisher, el personaje de 'A Dos Metros Bajo Tierra' interpretado por Michael C. Hall y probablemente uno de los menos estereotipados de la comunidad homosexual televisiva. Una comunidad que ha ido creciendo en los últimos quince años, y que con series como 'Looking', centrada en tres gays que viven en San Francisco, confirman que pertenecer a una minoría no les convierte en un producto minoritario.

Las minorías étnicas

Esta máxima televisiva ha sido llevada a la pantalla recientemente, en el cuarto capítulo de la comedia de Netflix, 'Master Of None'. Creada por el actor y guionista de orígenes indios Aziz Ansari, en la escena vemos cómo un ejecutivo de un estudio trata de hacer ver al personaje de Ansari por qué no puede tener dos personajes de la misma etnia en una serie. Y termina diciéndole que si la gente ve en pantalla a dos indios, pensará que la serie está dirigida al público indio. Afortunadamente la realidad es menos radical que éste ejecutivo, y ya es habitual encontrarse en una serie a varios personajes de diferentes comunidades. Aunque a veces parezca que se trate de cumplir con una cuota, más que de exigencias del guión.

La novedad en lo que se refiere al traslado de las minorías raciales a la pantalla, ha llegado cuando varias cadenas se han atrevido a centrarse en una minoría concreta. 'Black-ish' recupera a la familia afroamericana de clase media-alta que ya representó Bill Cosby en los ochenta, pero le ha añadido sus imperfecciones, clichés a la orden del día y tramas muy atrevidas como el significado y los usos apropiados del término nigger. 'Empire' por su parte dibuja un imperio musical y una familia llena de traiciones y desprecio a través de los afroamericanos Lyon. En 'Fresh Off The Boat' la ABC apuesta por el día a día de una familia asiático-americana, que regenta un restaurante de temática cowboy en Orlando. Para completar el crisol de razas en la misma temporada, la 2014-2015. la cadena The CW estrenó 'Jane the Virgin'.

La adaptación de la telenovela venezolana homónima tiene como protagonista a la joven, y “milagrosamente” embarazada, Jane que vive con su madre y su abuela, una inmigrante ilegal venezolana, en Miami. Un personaje en el que se pueden ver reflejados miles de latinos, que llevan décadas en el país pero siguen temiendo la aparición de la policía por miedo a ser deportados. Porque si de algo ha servido la llegada de 'Jane The Virgin' a la pequeña pantalla es para construir personajes latinos que se apartasen de los tópicos del medio. Por fin una serie que no representa a los latinos como pandilleros, drogadictos, criadas o niñeras. Que además se ha convertido en el altavoz de aquellos que apuestan una reforma migratoria en Estados Unidos. Porque cinco minutos de ficción pueden ser más eficaces y más útiles que muchos espacios divulgativos.   

Desde Melmac

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