Reyes vengativos, monjes crueles y enanos: el ‘Juego de tronos’ de la Historia de España

En el pasado de nuestro país no es difícil encontrar traidores, crueles asesinos y ajustes de cuentas similares a los de la producción de 'Juego de tronos'

Foto: Parecido entre Sebastián Morra y Tyron. (EC)
Parecido entre Sebastián Morra y Tyron. (EC)

Los seguidores más fieles de ‘Juego de tronos’ seguramente recuerden que, durante las primeras temporadas de la serie, era fácil aludir a la Historia de Inglaterra cuando se trataba de buscar la inspiración de George R.R. Martin. El propio autor ha reconocido que hechos como la Guerra de las Dos Rosas, que enfrentó a los Lancaster contra los York, inspiró el conflicto entre las casas de los Lannister y los Stark. Otros encontraron en la ‘cena negra’ y la ‘masacre de Glencoe’ los truculentos hechos que pudieron sugerir al escritor un acontecimiento tan funesto como la ‘boda roja’.

La historia medieval de las islas británicas cuenta con multitud de personajes para inspirarse y construir una historia como la de ‘Juego de tronos’. Pero si buceamos un poco en la red, y hurgamos en la Historia de España, no es complicado encontrar sujetos que podrían haber inspirado alguno de los momentos más crueles y descabellados de la producción de HBO. Reyes exaltados, nobles que se dejan llevar por sus arrebatos, o miembros de la iglesia que se preocupan más por la política que por Dios son algunos de estos personajes que, de una u otra forma, lograron pasar a la Historia de nuestro país.

'La campana de Huesca', el cuadro de José Casado de Alisal que retrata la leyenda.
'La campana de Huesca', el cuadro de José Casado de Alisal que retrata la leyenda.

Ramiro II de Aragón, el monje cruel

Tras la muerte de Alfonso I, que hizo testamento a favor de Dios, las coronas de Navarra y Aragón se separaron, y mientras los primeros elegían a García Ramírez como sucesor, los aragoneses se decantaron por el hermano del difunto y su legítimo heredero, Ramiro. Un hombre que hasta ese momento era obispo de Roda y, desde muy joven, había llevado una vida monacal.

Durante los primeros meses de su reinado, el monarca debió sofocar varias revueltas. Pero en 1135, cansado de la presión, decidió enviar un mensajero (que no cuervo) a visitar a un abad y pedirle consejo. Lejos de redactar su respuesta, el religioso se lo llevó al huerto y le mostró cómo cortaba las coles que sobresalían de las demás. A su regreso, el mensajero relató lo que había visto, y el monarca interpretó que debía acabar con aquellos nobles que se salían de la línea que él marcaba. Para ello, con la excusa de mostrarles una campana que se oiría “en todo el Reino”, convocó a todos los nobles y los recibió uno a uno. Los rebeldes fueron decapitados y, tras la hazaña, Ramiro hizo pasar a los demás dentro de la estancia para amedrentarlos.

Este sangriento episodio dio lugar a la leyenda de la 'campana de Huesca', que con el paso de los siglos ha sufrido diversas variaciones. Pero que los expertos dan por buena, especialmente si se tiene en cuenta el registro de nobles de la época, los enfrentamientos entre aragoneses y musulmanes cerca de Fraga ese mismo año, o la Crónica de San Juan de la Peña. Para los más curiosos, Ramiro II regresó a la vida monástica en 1137, después de prometer a su hija de un año de edad con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.

'Florinda', óleo sobre lienzo de Franz Xaver Winterhalter.
'Florinda', óleo sobre lienzo de Franz Xaver Winterhalter.

Don Julián y don Rodrigo, la terrible venganza

“Florinda perdió su flor, el rey padeció castigo”. Así recoge el Romancero español la violación que sufrió Florinda la Cava a manos de don Rodrigo, el último rey de los godos. Un evento muy similar a la rebelión de Robert que, tal y como descubrimos en el último episodio de la séptima temporada gracias a Bran, nació de una falsa premisa. La violación de Lyanna Stark a manos de Rhaegar Targaryen, un suceso del que ahora sabemos que fue un enlace en secreto.

Pero el destino de Florinda no fue como el de la Stark, y la joven no tardó en contarle los hechos a su padre, el conde don Julián. Preso de la ira, él mismo la sacó de la corte del monarca en Toledo para llevársela a Ceuta. Allí se puso en contacto con Muza, el gobernador musulmán de la región, para hacerle una propuesta que no podría rechazar. A pesar de su historial de enfrentamientos, el conde le explicó que las luchas internas de los godos hacían factible que, con su ayuda, invadiesen la Península y consiguiesen un suculento botín. El comienzo de una fructífera amistad que saqueó en numerosas ocasiones tierras andaluzas hasta que, en el año 711, las tropas musulmanas, entre las que se encontraba el conde, vencieron a las de dDon Rodrigo, del que no se encontró su cadáver.

María de Bárbola y Nicolás de Pertusato, los enanos de 'Las Meninas'.
María de Bárbola y Nicolás de Pertusato, los enanos de 'Las Meninas'.

Enanos, gente de placer

Ninguna de las casas reales que reinaron en España contaron entre sus miembros con personas afectadas por enanismo, como en el caso de los Lannister. Pero algunos, como los Austrias, disfrutaban con la compañía de enanos, a los que era habitual ver en los viajes y los eventos públicos de los monarcas. Según los historiadores, a Carlos V nunca le faltó un enano a su lado, ni siquiera en sus incontables viajes por el mundo. Felipe IV disfrutaba jugando al ajedrez, y uno de sus contrincantes habituales era Juan Bautista de Sevilla, conocido como ‘Bautista el del ajedrez’. Así lo recogió José Moreno Villa en su estudio titulado ‘Locos, enanos, negros y niños palaciegos’, publicado en 1930.

Entre los enanos más conocidos de la corte española se encuentra Nicolasito Pertusato, al que vemos situado a la derecha en ‘Las Meninas’ de Velázquez, pisando al perro. De procedencia italiana, ingresó en palacio a los 15 años con la reina Mariana de Austria como principal valedora. Poco a poco, se ganó la confianza de los monarcas, y en 1675 Carlos II le ascendió a ayuda de cámara, una "versión ligera" de la Mano del Rey. Y un cargo inalcanzable para aquellos que padecían enanismo y que vivían en la corte dentro del grupo al que denominaban “gente de placer”. Una camarilla compuesta principalmente por enanos traídos de todo el mundo, desde Países Bajos a Zaragoza, con el único fin de acompañar y entretener a sus señores con sus bromas y sus historias.

La relevancia que los enanos tenían en la corte española queda patente en la cantidad de artistas que los retrataron, desde Tiziano a Velázquez, pasando por Francisco de Herrera o Pantoja de la Cruz. Entre los más importantes se encuentra, sin duda, el pintor sevillano, que además de pintarlos en 'Las Meninas', les dedicó retratos individuales, como el que podemos ver en la parte superior de esta entrada. El protagonista es Sebastián de Morra, que además de tener cierto parecido físico con Tyrion Lannister, tuvo una de las carreras más extensas con la familia real española y fue tutor de Baltasar Carlos, el heredero de Felipe IV. A pesar de que falleció antes de subir al trono, la importancia que el enano tuvo en la vida del príncipe quedó clara en su testamento, en el que le dejaba su mejor daga de plata.

Representación pictórica de la decapitación de Pedro I en Montiel.
Representación pictórica de la decapitación de Pedro I en Montiel.

Pedro I de Castilla, el regente cruel

Conocido como 'el Justiciero' por sus partidarios, y 'el Cruel' por sus detractores, el sucesor de Alfonso XI fue rey de Castilla durante casi dos décadas. Una época marcada por las luchas entre los reinos de la Península, que no impidieron que Pedro de Borgoña tuviese una azarosa vida sentimental, con tres matrimonios e hijos bastardos con otras tantas mujeres. Tras la repentina muerte de su padre por culpa de la peste, llegó al trono con 15 años y se aferró a él a pesar de que la amante de su padre y sus hijos bastardos no se lo pusieron fácil.

Una de sus primeras decisiones fue recluir a Leonor de Guzmán, la hermosa e influyente amante de Alfonso XI, en el Castillo de Carmona. Posteriormente, sería ejecutada en Talavera de la Reina, y aunque este hecho marcó el reinado de Pedro I, los historiadores lo atribuyen a su madre, María de Portugal. Quien junto a Juan Alfonso de Alburquerque se encargó de los poderes efectivos durante el comienzo de su reinado.

Su matrimonio fallido con Blanca de Borbón, de dos días, terminó provocando la ruptura de relaciones con Francia, el acercamiento con Inglaterra, el ostracismo de Alburquerque y una rebelión que se extendió gracias a los hermanastros de Pedro I. El comienzo de un enfrentamiento que terminó derivando en una guerra civil contra el Reino de Aragón, para cuya financiación llegó a profanar la tumba de Alfonso X el Sabio. En 1369 murió a manos de su hermanastro Enrique, después de que le apuñalase mientras era sujetado por un militar francés. Posteriormente fue decapitado y su cabeza, clavada en una pica, para mostrarla en aquellos territorios que permanecían leales a su causa.

Grabado de la época titulado 'La explanada de Barcelona', con España a la izquierda.
Grabado de la época titulado 'La explanada de Barcelona', con España a la izquierda.

Carlos de España, el temido francés

“Estará loco, pero para estas cosas no hay otro”. Así justificaba Fernando VII la confianza que depositó en este noble y militar francés al servicio de España, que renegó de sus orígenes tras la Guerra de la Independencia. Su apoyo al monarca le valió conseguir un buen número de títulos y cargos, entre los que se encontraba el de capitán general de Cataluña. Allí, su crueldad le llevó a ser conocido como 'el tigre de Cataluña', ejerciendo un poder absoluto que se preocupó por eliminar cualquier rastro liberal. Desde la apariencia de las mujeres o la vestimenta de los hombres, a los cierres de comercios decretados para favorecer el recogimiento cristiano.

Su afición al ron y al aguardiente, que acostumbraba a mezclar, fomentaron su crueldad en el entorno familiar, o con aquellos que trabajaban para él. Incluso con los barceloneses que se cruzaban en su camino, u osaban pasear cerca de su palacio. Convencido de una confabulación secreta entre masones y liberales en el exilio, formó un cuerpo de sicarios que se ocuparon de detener a centenares de ciudadanos, que posteriormente eran juzgados sin garantías. Treinta y dos víctimas con las que únicamente pretendía crear un clima de terror que atemorizase a la población. Algo a lo que también contribuía cada uno de los cañonazos que se oían en toda la ciudad tras cada muerte. El cómputo final de víctimas de España fue mucho mayor, y algunos terminaron apodándolo 'Calígula'.

Sepulcro del arzobispo Carrillo en Alcalá de Henares.
Sepulcro del arzobispo Carrillo en Alcalá de Henares.

Carrillo de Acuña, el religioso traidor

Descendiente de una familia de nobles portugueses, Alonso Carrillo de Acuña siguió los pasos de su tío, el cardenal Alfonso Carrillo. Su fallecimiento le sirvió para llevar una meteórica carrera eclesiástica que, a los 34 años, le convirtió en arzobispo de Toledo. Un cargo en el que permaneció hasta su muerte, en 1482, pero desde el que más que preocuparse por el futuro de la Iglesia que representaba, le sirvió para influir en la política de la época.

Su poder superaba al de algunos nobles, y desempeñó misiones diplomáticas para Enrique IV, el rey de Castilla. Sin embargo, cuando su entrega no fue correspondida, su codicia y ambición le llevaron a unirse al bando de hombres que querían destronar al monarca. Un evento que pasó a la historia como la 'farsa de Ávila', y en el que se proclamó rey al infante Alfonso, que no sería aceptado por buena parte del país.

Cuando Alfonso murió, su hermana Isabel fue proclamada heredera, y Carrillo se convirtió en uno de sus consejeros. Pero la llegada de los Reyes Católicos terminó por apartarle de la corte. El tratamiento autoritario de los monarcas, al que no estaba acostumbrado, y el nombramiento de un nuevo cardenal, el cargo que tanto añoraba, le llevaron a apoyar al rey de Portugal, que luchó por los derechos al trono castellano de la princesa Juana la Beltraneja. Cuando finalizó la guerra y los portugueses fueron derrotados, Carrillo tuvo que disculparse ante la reina y retirarse al palacio arzobispal de Alcalá de Henares. Allí murió en 1482 este religioso que, como Meñique, era aficionado a cambiar de bando según fuese más conveniente para sus intereses.

Desde Melmac

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