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Un túnel del terror repleto de trampas: vuelve 'Black Mirror'

Netflix estrena hoy la cuarta entrega de la producción creada por Charlie Brooker compuesta por seis nuevos episodios

Foto: Christin Milloti en una secuencia del episodio titulado 'U.S.S Callister'. (Netflix)
Christin Milloti en una secuencia del episodio titulado 'U.S.S Callister'. (Netflix)

El 4 de diciembre de 2011 Channel 4 estrenó el primer episodio de su nueva apuesta de ficción, 'Black Mirror'. Bajo el título de 'El Himno Nacional', la audiencia asistió asombrada a una historia frenética en la que el Primer Ministro británico debía mantener relaciones sexuales en prime-time con un cerdo. Una sátira política brillante en la que los medios de comunicación y las redes sociales jugaban un papel determinante que entonces podía parecer algo descabellado, pero que con el paso del tiempo ha ganado realismo, e incluso, credibilidad.

Seis años, y trece capítulos después, la producción ha cambiado de cadena, Charlie Brooker ha ganado dos premios Emmy y su nombre, y el de su obra, está en cualquier lista de creadores televisivos a tener en cuenta en el disputado universo de la ficción serializada. El mismo que desde hoy cuenta con seis nuevos episodios de 'Black Mirror', gracias a la llegada de la cuarta entrega de la alabada producción a Netflix.

La internacionalización de la producción de Brooker, con su traslado de la cadena británica Channel 4 a la poderosa plataforma de streaming estadounidense, es la confirmación de la excelencia del guionista británico. Pero, forzosa o voluntariamente, el traslado a Netflix también ha supuesto que Brooker haya rebajado el nivel de terror, miedo e incertidumbre que contenían sus historias. Y cualquier aficionado a la antología tecnológica es consciente de que, desde la tercera temporada, 'Black Mirror' ya no es tan acojonante como lo fue en su día. Es poco probable que los nuevos episodios sean capaces de cambiar esta sensación, a pesar de que entre las seis nuevos episodios también es posible encontrar joyas que, como 'El Himno Nacional', queden para siempre en la memoria de los espectadores.

Control y memoria

La cuarta entrega de 'Black Mirror' arranca con el episodio titulado 'Arkangel'. Con Jodie Foster a cargo de la dirección y Rosemarie Dewitt ('Mad Men', 'La La Land') como protagonista, Brooker propone al espectador una especie de película indie en la que una madre que vive con miedo permanente a que algo le pueda suceder a su hija toma una drástica decisión. El creador se adentra así por primera vez en el complicado mundo de la tecnología aplicada al control parental, una vertiente que el creador inglés aún no había llevado a la pequeña pantalla, pero que se antoja imprescindible en el mundo en el que vivimos.

En 'Cocodrilo', el título del segundo capítulo, la acción se centra en Mía, una mujer que debe guardar un secreto inconfesable. Con cierto parecido a creaciones previas de Brooker, como 'Toda tu historia', Andrea Riseborough protagoniza una historia en la que un aparato es capaz de adentrarse en la memoria de sus usuarios para convertir sus recuerdos en imágenes. Un adelanto tecnológico que tendrá graves consecuencias, pero que no termina de estar a la altura de ingenios e instrumentos que Brooker nos ha enseñado a lo largo de cuatro temporadas.

Black Mirror
Black Mirror

Horror y amor

La primera joya de la nueva entrega de 'Black Mirror' llega en el ecuador de la temporada con el título de 'Black Museum'. Inspirada por los cuentos de terror de Stephen King, el episodio protagonizado por Letitia Wright ('Humans') y Douglas Hodge ('Catastrophe') recupera el espíritu de 'White Christmas' y cuenta tres historias en poco más de una hora de metraje. Con guiños a relatos previos como 'Oso blanco' o '15 millones de méritos', el episodio se centra en el museo que le da nombre, un lugar espeluznante que, como reconoce su dueño, "no es apto para cardíacos". Médicos adictos al dolor, aparatos que se introducen en la mente de otros y hologramas convertidos en una tortura infinita se dan cita en esta particular galería de los horrores en la que, como es habitual en Brooker, nada es lo que parece hasta que llegan los títulos de crédito.

Siguiendo la estela de la exitosa 'San Junípero', el guionista británico vuelve a apostar por el romanticismo para su cuarto capítulo, que lleva por título 'Hang the Dj', en homenaje al tema de The Smiths 'Panic'. Frank y Amy son los protagonistas de esta historia, dos usuarios de una especie de Tinder que es capaz de adivinar cuánto tiempo durará tu próxima relación. Una habilidad que, en algunos casos, termina siendo una maldición, porque ninguno de sus usuarios es capaz de contradecirla o tomar decisiones propias, por muy deteriorada que esté la vida en pareja. Con Joe Cole ('Peaky Blinders') y Georgina Campbell ('Broadchurch') como protagonistas, 'Hang the Dj' no logrará las alabanzas de su predecesora en el género, pero es un planteamiento muy interesante en una producción poco dada a tener fe en el ser humano.

Maxine Peake, protagonista del episodio titulado 'Cabeza de Metal'
Maxine Peake, protagonista del episodio titulado 'Cabeza de Metal'

Lo viejo y lo nuevo

La cuarta temporada de 'Black Mirror' se despide con el capítulo más corto de la nueva entrega, y también con el más largo de la historia de la producción. El primero, titulado 'Cabeza de Metal', aporta una novedad a la carrera artística de Brooker, que hasta ahora no había rodado en blanco y negro. Con este recurso, el creador y el director del episodio, David Slade, tratan de reforzar la propuesta narrativa, que según la sinopsis oficial se centra en un acosador despiadado que persigue a un trío de carroñeros hasta límites insospechados. En la pequeña pantalla la historia resulta algo menos sugerente, y su violencia implacable sólo sirve para decorar un thriller psicológico que (ya) hemos visto en multitud de ocasiones.

Por último, con 'U. S. S. Callister' la antología tecnológica se adentra en un género nuevo que esta temporada ha recuperado adeptos y prestigio, la ciencia-ficción espacial. Y lo hace, tal y como lo definió la propia Annabel Jones, con una "fiesta visual absoluta" en la que nada es lo que parece. Ni siquiera Robert Daly, el capitán de la nave que da nombre al episodio y que recorre el universo junto a los miembros de su tripulación, que deberán demostrarle su lealtad en cada momento. Jesse Plemons ('Breaking Bad', 'Fargo'), Cristin Milloti ('Cómo conocí a vuestra madre') y Jimmi Simpson ('Westworld') protagonizan esta épica espacial que bien podría haber sido el próximo pelotazo cinematográfico de ciencia-ficción, y sin embargo nos tendremos que conformar con ver en la pequeña pantalla.

Imagen del episodio de 'Black Mirror' titulado 'Hang the Dj'.
Imagen del episodio de 'Black Mirror' titulado 'Hang the Dj'.

El túnel del terror

Sin entrar de nuevo en el debate sobre si 'Black Mirror' es más blandita hoy que años atrás, o si los espectadores y la realidad son lo suficientemente duros como para dejar cualquier ficción a la altura del betún, es innegable que Brooker vuelve a demostrar (en un par de ocasiones) que es uno de los mejores guionistas televisivos de su generación. Tampoco puede pasar desapercibida su clara apuesta por los personajes femeninos, que encabezan todos los nuevos episodios de la serie. Y es de agradecer la valentía y la brillantez de 'U.S.S Callister', o la oscuridad de 'Black Museum'. Pero poco más. Tal y como sucedió en 2016, las temporadas de seis episodios se le quedan grandes a Brooker, y sería de agradecer que regresara a la brevedad de antaño, en la que se estrenaban tres únicos episodios, tan estupendos como escasos.

Los relatos de Brooker, y los personajes que les dan vida, serán durante mucho tiempo la referencia necesaria a la hora de hablar de la ciencia-ficción en la pequeña pantalla. Sin embargo, a estas alturas de fiebre por las series, resulta un poco triste que 'Black Mirror' se haya convertido en una especie de túnel del terror de una feria televisiva. Cuando entras por primera vez crees que te vas a morir de miedo, pero en el séptimo viaje, cuando la momia sale de detrás de la telaraña es imposible asustarse, porque ya sabes donde está. Brooker ha innovado mucho en lo que a géneros televisivos se refiere, pero su cadencia narrativa hace que, en demasiadas ocasiones, el espectador simplemente espere a ver de dónde llega el giro macabro con el que el guionista acostumbra a aterrorizar a los espectadores. Y aunque la momia se vista de seda, de blanco y negro, o con un forro polar, momia se queda. Y sabemos que, otra vez, tratará de sorprendernos saliendo detrás de la telaraña.

Desde Melmac

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