¿Seguro que quieres ser crítico de series? No es tan guay como te crees

¿Seguro que quieres ser crítico de series? No es tan guay como te crees

Los periodistas especializados en ficción televisiva podemos ver los capítulos antes de que lleguen a la pequeña pantalla... Pero es un privilegio menos glamuroso de lo que podría pensarse

Foto: Mi alter ego canino listo para disfrutar de la televisión. (iStock)
Mi alter ego canino listo para disfrutar de la televisión. (iStock)

Hace unos días, una compañera de redacción me preguntó si me habían dado acceso (“ya”) al estreno de la nueva temporada de una conocida serie. Esta es una pregunta tan habitual para mí como los estrenos en el calendario de series, y en el argot periodístico a estos adelantos los llamamos “screeners”. Le contesté que sí, pero antes de permitirle que expresase cierta alegría, le conté las condiciones. Desde el momento en el que accediese al episodio, tenía 48 horas, o dos accesos (clics) para verlo.

Tal y como le sucedió a mi interlocutora, usted, querido lector, se encontrará ahora con un gesto sorprendido y extrañado ante unas medidas que imponen urgencia y constancia. Es cierto que lo normal es que cuando uno se sienta a ver un episodio de una hora de duración, pueda conseguirlo en el primer intento. Pero tal vez no. Tal vez quiera verlo en más de una ocasión para tomar nota de los aspectos más importantes de la trama. Tal vez tenga problemas con la conexión de internet, con el navegador (que no sería nada nuevo), con el gato que se sienta sobre el teclado o con un apagón.

Lo lógico es pensar que no sucederá ninguna de esas cosas, pero si por alguna razón interrumpes tu primer visionado, o solo encaja en tu calendario laboral en dosis de 30 minutos, la inquietud se adueña de ti ante el segundo. Y no digamos ante el tercero. Una situación en la que no puedes evitar preguntarte por qué te imponen medidas que, en este caso, solo complican tu agenda. Pero como comentaré más adelante, también hay otras normas que dificultan el visionado y la experiencia.

Así que aquí estoy yo, dispuesta a desmitificar la suerte de poder ver los estrenos antes que el resto de los mortales. Una desdicha que tiene dos inconvenientes de partida. A no ser que te proporcionen la temporada completa, una rareza, cuanto antes veas un capítulo, más tiempo tendrás que esperar para incorporarte a la emisión televisiva y ver el siguiente. Y cuando lo ves, debes hacerlo en soledad y en silencio, adelantándote (mudo) a la conversación que genera su estreno y luchando contra los deseos de comentarlo con el mundo.

Los suplicios tecnológicos

A diferencia de los estrenos de cine, en los que se realizan pases de prensa en salas comerciales, la mayoría de las cadenas de televisión y plataformas de streaming proporciona a los críticos y periodistas especializados claves y enlaces que les permiten acceder a la web en la que se aloja el estreno en cuestión. Unas páginas que están creadas y gestionadas por la cadena que emite la producción originalmente o por su distribuidora. Para obtener el acceso, a veces tienes que firmar unos documentos llamados “embargo”, en los que explican lo que se puede contar, o más bien lo que no, del contenido que te han proporcionado, y a partir de qué fecha puedes hacerlo.

Cuando pasas las “siete pruebas de Netflix” y logras acceder a la cueva del tesoro, es decir la web en cuestión, el primer minuto es decisivo. La velocidad de carga será directamente proporcional a la fe que la compañía responsable de la web (y de la serie) tienen en su producto. Algo que también queda patente en la vistosidad de la interfaz y si ofrece más contenidos que el propio capítulo. El tamaño de la zona de reproducción así como el sonido, resultarán decisivos para la experiencia del visionado y cualquier defecto en estos aspectos pueden estropearla.

El icono de los subtítulos, que ni siquiera pido que estén en español, suele brillar por su ausencia. Todo lo contrario sucede con “la mosca identificativa”. Porque no hay cosa que produzca más alegría a un crítico de series que ver sobreimpresionado en pantalla, durante 50 o 60 (o más) minutos, su correo electrónico (completo), su nombre, o una versión de lo que un teclado norteamericano permite del mismo. Alo$a, Aloça y Alo&a aquí para servirles.

Piratería, desorden y anuncios idílicos

La culpa de todos estos obstáculos la tiene la piratería, el competitivo mundo en el que las cadenas se disputan cada espectador y cada usuario y, obviamente, la desconfianza intrínseca que provoca un periodista. Pero el mes pasado tuve la oportunidad de sumar a la lista de “cosas que me pasan con los "screeners” dos nuevas experiencias, a cada cual más surrealista.

Una noche, después de cenar, me dispuse a ver el primero de los cuatro episodios de una serie de estreno que su cadena me había proporcionado. Y cliqué en el primero que aparecía en la lista, situando mi mirada en el lugar en el que debía de colocar el ratón, más que en el título. El comienzo de la historia me pareció raro, pero hoy en día no hay nada extraño en la ficción televisiva, así que continué. Y 50 minutos después descubrí que el episodio que había visto no era el primero, aunque estaba situado como tal en la página. Al día siguiente me enteré de que no era la única persona a la que le había pasado esto.

Dos días después, otro email a rescatar, para encontrar la web y clave que proporcionan el acceso. Tras sobrevivir a la arqueología del buzón de correo, recurrir al atajo de teclado para copiar y pegar una clave inimaginable (e inmemorizable) y pulsar “play” sucedió algo inesperado. Durante más de dos minutos aparecieron en pantalla sugerentes imágenes de una comunidad autónoma española.

Sol, playa, tapas y diversión, con una banda sonora muy identificativa y la impresión de bonitas frases en inglés. Una promoción publicitaria con un mensaje muy concreto para un público muy específico: los periodistas especializados en series de televisión de medio mundo. Hombres y mujeres que, supuestamente, disfrutan de un buen sueldo con el que plantearse un viaje a ese lugar en el que reina la luz y la felicidad, y que tan bien les han vendido antes de permitirles llevar a cabo su trabajo. Que es a lo que verdaderamente han ido a esa web.

Penitencias de la profesión

De esta sucesión de penitencias se libran series como ‘Juego de Tronos’ o ‘The Walking Dead’ para las que la paranoia por el pirateo es tal que el canal de turno descarta la creación de una plataforma que pueda ser pirateada y libere el esperado producto. Y los periodistas nos vemos obligados a trasnochar como un fan más, para tener nuestro trabajo listo cuando el estreno se sume a la conversación. Aunque también hay cadenas como Showtime que, casualmente, año tras año, ven como sus series llegan a las páginas pirata antes de que sean emitidas. Una costumbre que no suele perjudicar sus audiencias, y puede contribuir a crear expectación.

Dicho esto, me van a permitir que mande un cariñoso saludo para aquellos responsables de prensa españoles que se desviven por hacer posibles los dichosos “screeners”. Obviamente, lo que ustedes acaban de leer es el desahogo de alguien que ha tenido la “suerte” de hacer de una de sus aficiones, las series de televisión, parte de su profesión. Y como tal, cuenta con un blog en el que puede tener el atrevimiento de ponerle pegas a las pequeñas cosas del día a día seriéfilo. Esas adversidades que te obligan a ver cosas que “realmente” no quieres ver. Y que también hacen posible que puedas escribir sobre creaciones que te han emocionado y crees que todo el mundo debe disfrutar. Pues eso.

Desde Melmac

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