¿Transparencia o escaparatismo?

“Es una selección que hace el patronato de puertas adentro. Del tema de la transparencia hablaría de dos tipos: está la de escaparate, esa que se

Foto: El presidente del Patronato del Teatro Real, Gregorio Marañón, junto a su director general, Ignacio García-Belenguer. (Efe)
El presidente del Patronato del Teatro Real, Gregorio Marañón, junto a su director general, Ignacio García-Belenguer. (Efe)
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    “Es una selección que hace el patronato de puertas adentro. Del tema de la transparencia hablaría de dos tipos: está la de escaparate, esa que se hace para que se vea, y la otra la de hacer las cosas bien, para convencer. Todo lo que yo hago es transparente, pero no está sometido a un escaparate”, declaró Gregorio Marañón, presidente del patronato del Teatro Real, a El Confidencial en relación con el reciente nombramiento y cese de Joan Matabosh y Gerard Mortier, respectivamente. Confieso que por más que intento captar ese delicado matiz entre la “transparencia puertas adentro” y el “escaparatismo para que se vea” mi mente no consigue elevarse a las sutilezas del presidente del Teatro Real.

    Siempre pensé, hasta este momento, que la transparencia era una práctica que trataba de asegurar que las decisiones “se viesen”, que las acciones de los responsables se expusiesen a la luz pública porque esa exigencia minimizaba los riesgos de la arbitrariedad y el personalismo. Pero no, estaba equivocado, ahora resulta que los que deciden confrontar públicamente sus acciones lo hacen con una intención torticera. Lo correcto, lo apropiado es gobernar “puertas adentro”, “para convencer”, “para hacer las cosas bien”.

    ¿Qué pensarían los clásicos de este nuevo enfoque? Para los griegos la esfera pública era el único escenario en el que las acciones de un hombre adquieren carta de naturaleza porque pueden contrastarse, distinguirse y legitimarse. Solo el tirano gobierna “puertas adentro” porque su conducta está dominada por la convicción de que los gobernados deben ser benevolentemente guiados y por temor a que su autoridad sea constantemente cuestionada. Por supuesto, los clásicos admitían que existen acciones y decisiones que deben ventilarse “puertas adentro”, pero se trataba siempre de acciones relativas a la vida privada, relacionadas con la “propiedad privada”.

    El problema es que el Teatro Real no es una propiedad privada de nadie, ni de su presidente, ni de su patronato y, por supuesto, tampoco de los políticos de turno. La función del presidente y de los miembros del patronato del Teatro Real es, precisamente, garantizar que las decisiones relativas a ese bien público, que se sostiene con los impuestos de muchos contribuyentes y donantes, no se ventilen “puertas a dentro”, como si se tratase de un bien privativo, sino asegurarse de que se aireen para que adquieran carta de naturaleza.

    Aunque han transcurrido 2.500 años, los fundamentos del buen gobierno formulados por los filósofos y estadistas griegos siguen totalmente vigentes. El areópago de ayer ha sido sustituido hoy en día por la web, el mejor canal, ¡sí, escaparate!, con el que contamos para rendir cuentas públicas. Nunca ha sido más sencillo ni más barato como hasta ahora rendir cuentas públicamente. Y si nos tomamos unos minutos para examinar la web del Teatro Real comprobaremos que la rendición de cuentas (otra institución que inventaron los griegos) brilla por su ausencia en la institución de la Plaza de Oriente.

    ¿Cómo es posible que el Teatro Real no publique en la web los estados financieros del último ejercicio? ¿Cómo podemos saber cuál es la situación patrimonial de la institución? No es admisible. ¿Qué pasaría si el Metropolitan de Nueva York no publicase sus estados financieros, las cuentas generales y el informe de auditoríanbsp;Impensable. Aquí pueden consultarlas (páginas 28 a 43).

    Se ha criticado mucho estos días la estrategia y la programación de Mortier estos últimos años. El Teatro Real tiene un problema desde hace tiempo. Cuenta con muchos abonados que aportan unos recursos estables a la organización, muy necesarios para el sostenimiento y la planificación -esta es la parte positiva-, pero cuya edad media es muy alta. El Teatro Real necesita innovar en su repertorio para atraer a los jóvenes; si no lo hace se juega su futuro. El problema es cómo conjugar la conveniencia de tener unos ingresos estables que proceden fundamentalmente de abonados, con gustos muy clásicos, con la necesidad de renovar nuestra oferta para atraer al público del futuro.

    Ese es el gran reto que han tenido que abordar todos los teatros y auditorios en el mundo. El patronato es el órgano encargado de fijar las líneas estratégicas de la organización.¿Qué hace el patronato del Teatro Real? ¿Tiene una estrategia clara? ¿Cuál es? ¿Por qué no la cuelgan en su web como hacen todas las instituciones culturales serias? En este link pueden bajarse el plan estratégico de la Sydney Opera House. Muy probablemente para el Sr. Marañón la estrategia forme parte de esas cuestiones delicadas que hay que ventilarla “puertas adentro”, “para convencer”, “para hacer las cosas bien”.

    ¡Qué diferencia con Victoria Doidge, directora de comunicación y marketing de la Sydney Opera House, que no tiene miedo de presentar sus estrategias y retos en público! ¿Se imaginan al encorsetado patronato del Teatro Real presentando en Vimeo la estrategia digital con sus abonados? Yo tampoco. Supongo que para el presidente del patronato del Teatro Real esas ocurrencias forman parte del “escaparatismo” propio de las antípodas.

    Javier Martín Cavanna. Director de la Fundación Compromiso y Transparenciawww.compromisoempresarial.com

    Tribuna
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