¿Es Cataluña la comunidad más clasista de España?

El nacionalismo exhibe su desprecio hacia las clases populares: de Antonio Baños a Pujol

Foto: Imagen: E. Villarino.
Imagen: E. Villarino.

Fue solo una gota, pero para muchos la que colma el vaso. Antonio Baños, exdirigente de la CUP, utilizaba el jueves pasado la red social Twitter para burlarse del acento andaluz y -sobre todo- del supuesto bajo nivel de sofisticación de los habitantes de esa comunidad. Concretamente, reprochaba a Enric Juliana, subdirector de 'La Vanguardia', haber asistido a un congreso en Sevilla donde se debatía la situación política en Cataluña. “El 'amic' Juliana participando en foros de gran rigor intelectual: "Pisha, ehplícano el embroyo catalufo anteh de uno finoh". Y además, en la fundación Cajasol, brazo financiero de PSOE-A”, decía su tuit.

El exlíder independentista Antonio Baños en un programa de radio. (EFE)
El exlíder independentista Antonio Baños en un programa de radio. (EFE)

Este mensaje despectivo tiene especial relevancia porque Baños ejerce como cabeza visible de Súmate, plataforma civil cuyo objetivo es seducir a los catalanes castellanohablantes para incorporarse al 'procés'. El hecho de que se considere necesario una organización aparte centrada en ellos en vez de confiar en los partidos tradicionales, la ANC y Òmnium dice mucho de las lógicas discriminatorias que dominan el independentismo catalán. El propio Juliana replicó a Baños de manera contundente: "Que te dediques a ridiculizar el habla de los andaluces me parece caer muy bajo. Es un signo de debilidad política", escribía. Lejos de disculparse, Baños contestaba que era "una gracieta de Twitter" y recomendaba: "No le des más importancia". Son solo andaluces, le faltó añadir.

Pujol y las chonis

¿Estamos ante un hecho aislado? Lamentablemente, no. La mayoría recordará las declaraciones de Daniel Estulin, tertuliano de TV3: "Entiendo que Cataluña quiera irse de España, por razones obvias. Nadie quiere apoyar a Andalucía, que son unos vagos que no quieren trabajar nunca. Tienen una tasa de paro del 70 por ciento", opinaba. "Si se habla de España en Alemania, Francia y Suiza solo se menciona Cataluña. De Madrid para abajo es África del Norte", remataba. En la grabación, algunos contertulios protestan, con ganas de replicar, pero la presentadora decide cambiar de asunto, protegiendo a Estulin de cuestionamientos. Se perpetúa así el tópico de Andalucía como comunidad imposible de integrar en Europa. “La España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva”, proclamaba un cartel electoral de Convergència en 2013.

No se trata de una polémica crecida al calor del último referéndum, sino de una tendencia social de mayor alcance. Hoy resulta sonrojante escuchar a Jordi Pujol cuando hablaba en 2011 sobre las 'chonis' catalanas. "Yo que siempre he defendido los productos de la tierra, me he enamorado de una ‘choni’ de Castefa (abreviatura de Castelldefels). Las ‘chonis’ o ‘jennifers’ son chicas del mundo castellanohablante. Como la Juani de la película de Bigas Luna. Las ‘chonis’ y las ’juanis’ son el futuro del país. Bueno, una parte del futuro del país", aclara. Luego procede a citar la letra de una canción -'Jennifer'- del grupo Els Catarres: “Oh Jennifer, me tunearé el coche por ti. Oh Jennifer, iré a la discoteca Pont Aeri contigo. Y lucharemos por nuestro amor prohibido, Jennifer". Pujol concluye en tono paternal: "Aquí yo digo ‘basta’ porque en Cataluña no hay amores prohibidos. Yo quiero una Cataluña en que todo el mundo se pueda sentir como en su casa. Ahora, lo que yo pido es que si tienen uno, dos o tres hijos les enseñen catalán y que Jennifer aprenda catalán”.

"Entiendo que Cataluña quiera irse de España, por razones obvias. Nadie quiere apoyar a Andalucía, que son unos vagos que no quieren trabajar nunca"

Pujol estaba exhibiendo su tolerancia para con los emigrados del resto de la península, siempre y cuando aprendan el idioma. Se les caricaturiza como seres subdesarrollados intelectualmente, que realizan trabajos serviles en el extrarradio o las afueras. Su relato avanza entre carcajadas de los afiliados y simpatizantes de CiU. Estamos ante un claro ejemplo de la actitud condescendiente -te tolero, pero no te considero un igual- que denunciaba el filósofo Slavoj Zizek en su ensayo clásico ‘En defensa de la intolerancia’.

Tres años antes de la charla de Pujol, su esposa Marta Ferrusola había lamentado en público que un andaluz como José Montilla pudiera llegar a presidente de la Generalitat.

"A mear a vuestro país"

En noviembre de 2017, el sociólogo Ramón Cotarelo -candidato de ERC- publicaba un tuit con el siguiente texto: "Los más antiindependentistas son los más analfabetos, seguidos de los que no tienen estudios, etc... Cada cual que que sus conclusiones", escribía. Adjuntaba un gráfico donde se comparaba nivel de formación con el apoyo a la independencia. Básicamente, Cotarelo estaba cuestionando el principio democrático de que los votos deben tener igual valor más allá de nuestros títulos académicos. Otro ejemplo es Mireia Boya, diputada de las CUP, afirmando lo siguiente: “Se da la circunstancia de las clases populares serían las más beneficiadas de una Cataluña independiente. Pero no lo saben. Lean a Carod-Rovira, que dice con razón que hemos de ser más”. Se repite la canción de siempre: los de abajo son idiotas y desconocen lo que les conviene. Vamos a explicárselo nosotros porque somos muy listos y -sorpresa- porque sin ellos nunca pasaremos del cincuenta por ciento de los votos.

En el texto que recomienda Boya, publicado el 16 de enero de 2018, Rovira incluye una frase de lo más elocuente: "Las fuerzas partidarias de la independencia deben promover un proyecto de país y de sociedad no nacionalista, no esencialista, no étnica, no basada en la identidad originaria de la ciudadanía y sí en la soberanía y la identidad de futuro". Obviamente, el exlíder de ERC está proponiendo un golpe de timón, donde admite los rasgos que han caracterizado al 'procés' hasta la fecha. Puede resultar incluso cómico que el texto lo firme él, que despachó las protestas del 15-M en Plaza Cataluña con el exabrupto "los españoles que se indignen, meen, piten, chillen e insulten allí donde les corresponde, en su país". Entonces dejó claro su escaso respeto hacia las demandas sociales de los más desfavorecidos.

Los más antiindependentistas son los más analfabetos, seguidos de los que no tienen estudios

Muchas veces los columnistas 'indepes' parecen competir por ver quién firma el texto más insultante. Seguramente el ganador sería Jordi Galvés, autor de "Cornellá no es como Cataluña", publicado en noviembre de 2017. Denunciaba que "el colectivo castellanohablante es el único colectivo inmigrante que tiene la arrogancia de vivir en Cornellà como vivía Chiquito de la Calzada en Tokio, prácticamente como si no se hubiera movido de casa, de la casa de los orígenes de España y olé, una tierra mítica que no se puede dejar de venerar como en una religión extraña. Cornellà no tiene mucho de plural ni de diversa", opinaba.

Ya se sabe que cualquier barrio de rentas bajas está bajo sospecha de no ser suficientemente catalán. Galvés no alberga dudas sobre Cornellá: "Esta es la tierra plural y diversa de la que habla Inés Arrimadas, un lugar salvaje, deprimido y castigado por las diversas crisis, del que todo el que puede se va y se olvida, un territorio que hace bandera del adoctrinamiento españolista, del odio a los que no son como ellos, donde prolifera la ley del más fuerte, la violencia en todas sus formas, la ultraderecha, el sexismo, el resentimiento permanente del inmigrante que no quiere dejarlo nunca de ser, que no quiere nunca aceptar que ya vive en Catalunya y que Catalunya ya se ha convertido en su propia casa". Como analista político quizá les cause rechazo, pero como guionista de ‘Mad Max’ no tiene precio.

Macarrismo y reguetón

En algún momento hay que terminar este texto, así que lo haremos con un artículo titulado "Los quinquis", firmado por Pau Vidal en 'Vilaweb' el pasado 21 de enero. Protegido por su fular, citando a Lampedusa y Alessandro Baricco, utiliza la expresión "quinquis" para describir a los diputados de partidos no independentistas en el parlamento de Cataluña. "Insultar y provocar, mentir y amenazar han sido las estrategias clásicas del españolismo, que no las considera como algo inmoral sino como herramientas necesarias para conseguir su objetivo: quitarte el peluco y la cartera. Es decir, birlarte el país". Vidal recuerda con horror a los macarras que "nos robaban el tigretón y nos colgaban la pelota en un tejado".

Los españoles que se indignen, meen, piten, chillen e insulten allí donde les corresponde, en su país

La clásica estrategia de pintar al nacionalismo como víctima sin ninguna clase de poder. Luego pasa a señalar que son los parados españolistas, no las élites del 3 por ciento, quienes lastran el futuro de Cataluña. “Siguen estando en los parques, porque alguien tiene que ocupar los estratos más bajos: siguen bebiendo y comiendo pipas en horario laboral y destrozándose los tímpanos con reguetón, trabajando por su propia marginación”. Son la chusma, el populacho, la plebe, los que rechazan aportar algo a la sociedad.

Con este tipo de artículos, habituales en la prensa catalana, cala la idea de que los 'indepes' son profesionales competentes sin mano de obra a la altura. La mayoría del nacionalismo catalán, como explica Vidal, creció asumiendo que "alguien ha de ocupar los estratos más bajos". Ese alguien, por supuesto, son las clases populares que se sienten catalanas y también españolas. Hoy crece la irritación porque esos sectores expresan en las urnas que no piensan resignarse al papel subalterno que les habían reservado. Se solía llamar clasismo, aunque hoy apenas se escuche la palabra.

Tribuna
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