Los ofendidos andaluces son un chiste

La poscensura es un chiste, y los chistes son humor que depende del poder. ¿Pero quién tiene más poder, el que hace el chiste o la masa que lo trata de censurar?

Foto: Los estereotipos son una de las muchas fuentes de las que bebe el humor, y en las redes se multiplica. (iStock)
Los estereotipos son una de las muchas fuentes de las que bebe el humor, y en las redes se multiplica. (iStock)

La productora Plano a Plano, autora de la serie 'Allí abajo', que explota los tópicos sureños, ha desautorizado a su guionista Sergio Santesteban por hacer un chiste sobre tópicos del sur. Increíble pero cierto. Parece un chiste en sí mismo. Nuestra época es un chiste. La poscensura es un chiste. Ampliando: el guionista Sergio Santesteban tuiteó: “La primera vez que escuché la Salve Rociera pensé que el estribillo decía: «Leo leo leo leo leo leo», pero luego caí en que era una canción andaluza y eso no podía ser”. Un chiste sin mucha garra, nada original, si me lo permite Sergio, pero correcto.

Tira del estereotipo de que los andaluces no leen. Es un tópico desgastado, pero todavía se puede sacar de ahí algún chiste. El riesgo es que sea un chiste flojo. Hace unos años podían decirte, ante un mal chiste, que no se habían reído. Al humorista nada le duele más que un chiste que no despierta ni una carcajada. Pero hoy exigen tu despido, plantean un boicot a la productora y a la serie donde trabajas, te insultan a cientos por las redes sociales, te llaman racista incluso, te amenazan. Y tu productora se acojona. Y el mismo chiste por el que, seguro, te ríen la gracia en privado, se convierte en una bronca pública, en dejarte en bragas ante los iracundos andaluces ofendidos, en desautorizarte.

No hay raza, no hay género que esté libre de estereotipos. Los blancos somos malos. Los hombres no sabemos hacer dos cosas a la vez

Esto, por cierto, lo escribe y lo publica en un diario digital un murciano. Como todo el mundo sabe, los murcianos ni sabemos escribir ni conocemos todavía internet. Así que este artículo es un milagro. Léanlo como tal.

Los estereotipos son una de las muchas fuentes de las que bebe el humor. No tiene por qué salir un chiste fresco de esa fuente. Su agua está sucia por los prejuicios, por el machismo, la xenofobia, etc. Un humorista que llena un cubo en esa fuente se arriesga a algo peor que el boicot: los afectados por el estereotipo, si son hábiles, pueden convertirlo a él en chiste. No hay comunidad autónoma, no hay raza, no hay género que esté libre de los estereotipos. Los blancos somos malos. Los vascos somos unos brutos. Los hombres no sabemos hacer dos cosas a la vez. Ríase un hombre de la forma de conducir de las mujeres si quiere. Quedará incapacitado para ofenderse cuando una mujer explote su estereotipo y se mofe de él.

El equilibrio del humor dependía de esto. Y quedaba trastocado en cierta forma por el poder. Como toda disciplina, el chiste tiene su deontología. Es, sin embargo, una deontología discutible. No hay verdades absolutas porque el humor es escurridizo y flexible, relativista. El chiste de Sergio funciona desde el momento en que a alguien le ha hecho gracia. De nada sirve entonces que salgan los pajilleros de la indignación a decir que no es gracioso. Una sola risotada salva a un mal chiste. A ver si nos enteramos de esto. Las cosas no son graciosas o dejan de serlo. Hacen gracia al que mira y no hacen gracia al que resbaló con la piel del plátano. El contexto es esencial.

El humor y el poder

Decía que el humor depende del poder. Díganme ahora quién tiene más poder, si un guionista con una cuenta de Twitter o una masa inflexible y furiosa que exige en una red social el despido hasta empujar a la productora a desacreditar al autor del chiste. Díganme quién tiene más poder, si un tipo que se mofa de un estereotipo o cientos de ofendidos unidos contra él, con el concurso de algunos medios de comunicación, que publican noticias que solo buscan acrecentar la ofensa.

Quién tiene más poder, si un tipo que se mofa de un estereotipo o cientos de ofendidos unidos contra él, con el concurso de los medios de comunicación

El poder, como el humor, bebe de muchas fuentes. Esto también es algo que tendríamos que ir entendiendo ya de una vez. Hay poder en las redes. A veces ese poder sirve para cosas buenas. Por ejemplo, las redes consiguieron hundir a uno de los productores más poderosos de Hollywood y pusieron en bancarrota su empresa. Hace unos años, el poder de Harvey Weinstein lo hubiera blindado. Weinstein te hubiera podido pisar el cuello si lo acusabas de algo. Podía acabar con tu carrera. Si Weinstein ha caído por la presión de las redes, creo que es hora de que pensemos de otra forma sobre el poder. Sobre todo, cuando tantas veces se usa ese poder con rencor y arbitrariedad.

Total: Sergio Santesteban hizo un chiste en Twitter que a mí, personalmente, no me hizo gracia. Sin embargo, la situación que produjo el chiste se volvió más y más graciosa a medida que pasaban las horas. Los ofendiditos, con sus parrafadas infumables y su dignidad de baratillo, son ridículos. Alguien que reacciona a un chiste reivindicando muy serio que los andaluces sí saben leer se convierte automáticamente en una caricatura. Así que el chiste de Santesteban acabó trayéndome la risa. Risa de los que exigen a la productora su despido, y del acojone de su productora. Más que un chiste, parece que el mundo poscensor le ha escrito a Santesteban las primeras líneas de un guion.

Tribuna

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