Madrid será Magaluf: así extiende el Ayuntamiento la plaga del alquiler turístico

El nuevo plan del equipo de Carmena que se vende como un freno a la turistificación no es tal sino, por el contrario, una relajación de la norma vigente

Foto: Dos turistas toman el sol semidesnudos en la Puerta del Sol de Madrid. (Henar Ortega)
Dos turistas toman el sol semidesnudos en la Puerta del Sol de Madrid. (Henar Ortega)

El Ayuntamiento de Madrid acaba de aprobar inicialmente el Plan Especial de Regulación del Uso de Servicios Terciario en la Clase de Hospedaje. Se presenta al público como una restricción de este Uso que protegerá a los residentes y en general al Uso Residencial, frenando la turistificación de las zonas centrales de la ciudad de Madrid. Conviene saber que no es tal sino, por el contrario, una relajación de la norma vigente.

Y es que en la actualidad el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid diferencia entre el “Alojamiento permanente de las personas”, Uso Residencial; y el “Alojamiento temporal de las personas”, Uso Terciario Hospedaje. En gran parte de los casos, en las zonas más saturadas, el Terciario Hospedaje no puede ubicarse en un edificio cuyo uso principal sea el Residencial si no tiene acceso independiente, plaza de garaje y zona de carga y descarga. Por eso prácticamente todas las viviendas turísticas de Madrid están hoy en situación de infracción urbanística - sin que el Ayuntamiento ni la Comunidad hayan ejercido la obligada disciplina clausurándolas.

El Plan Especial establece ahora que el acceso independiente no será exigible para aquellas viviendas que se alquilen menos de 91 días al año. Solo las que alcancen o superen ese plazo se considerarán como actividad empresarial y sí lo necesitarán. A partir de ahora será más fácil implantar una vivienda turística. Y uno puede preguntarse: si un uso es incompatible con el otro, si un hostal puede molestar a los residentes, ¿por qué habría de molestarlos solo a partir del día 91? Si es una actividad empresarial el día 91, ¿por qué no lo es el 90? Basta pensar en que en vez de una vivienda turística a un vecino le diera por instalar durante 90 días una granja de cochinos, incluso para su propio consumo, para constatar una cierta desorientación. Los Usos se definen en general por su naturaleza, no por su duración.

El centro de Madrid se está vaciando de residentes y llenando de transeúntes, algo que está a la vista y el Plan Especial reconoce

Y lo cierto es que los Usos de Hospedaje y Residencial son realmente incompatibles. Las condiciones de seguridad, conocimiento del vecindario, tranquilidad, limpieza, respeto de horarios, etc. que necesitamos para habitar no son las mismas que las que imperan en los hospedajes. Pocos quieren criar a sus hijos en un hotel. Como si esto fuera poco: los usos más lucrativos expulsan a los menos. Por eso el centro de Madrid se está vaciando de residentes y llenando de transeúntes, algo que está a la vista y el Plan Especial reconoce. Para evitarlo tenemos el Urbanismo, que protege la pervivencia de ciertos usos menos lucrativos; y -quién lo diría- la vivienda se ha convertido en una especie a proteger. Pero este Plan Especial no lo hace. Ni lo hará la disciplina, encargada de impedir que se sobrepasen los 90 días; la indisciplina está a la vista y las administraciones no disponen de medios de inspección.

Esto es lo que no entiende la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que ha recurrido las Normas de Madrid, Bilbao y San Sebastián, reclamando la plena liberalización. No se juega aquí la competencia entre formas diferentes de alojamiento turístico. Lo que está en juego es si las zonas centrales de Madrid van a ser pasto de una nueva ronda de expulsión de sus vecinos y si nuestra ciudad acabará como Praga o como Magaluf. Ya que al problema de las viviendas turísticas se suman el del ruido nocturno, el impacto de la implantación de los macro hoteles y la plena ocupación de las plazas por las terrazas, entre otros.

El Ayuntamiento de Madrid sin embargo ha encontrado una solución a estos problemas: “Propiciar la difusión centrífuga de las actividades de hospedaje”. O sea: extender la plaga a toda la ciudad. A esta altura hay que preguntarse: ¿Tienen los madrileños alguien que les cuide?

Tribuna
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