Felipe González miente: la huelga general del 14-D no fue "una estupidez"

Entre las muchas cuestiones que quedan por aclarar, está pendiente definir la dimensión real de la responsabilidad de González ante uno de los grandes acontecimientos históricos del pasado reciente

Foto: Felipe González, en el Palacio del Pardo en 1988, año de la huelga general.
Felipe González, en el Palacio del Pardo en 1988, año de la huelga general.

"El motivo desencadenante de la huelga era una gran estupidez, como reconocen todos los líderes sindicales, también a toro pasado […]. La verdad es que me sorprendió enormemente que este asunto [el Plan de Empleo Juvenil (PEJ)] fuera el desencadenante de la huelga", declaró con su habitual falta de sinceridad quien fuera presidente del Gobierno, Felipe González, en 'La memoria recuperada', conocido libro de María Antonia Iglesias. Así era él. Así es.

Pasados 30 años de la huelga general del 14 de diciembre de 1988, entre las muchas cuestiones que quedan por aclarar, está pendiente definir la dimensión real de la responsabilidad de González ante uno de los grandes acontecimientos históricos de nuestro pasado vivido. Les adelantamos que el expresidente mentía dos veces en aquella entrevista: ni aquello fue una estupidez ni ningún líder sindical ha reconocido nada semejante. El 14-D fue la gran huelga general con la que soñaron sindicalistas y demás compañeros de viaje durante décadas. "Éxito total" es la expresión más común para definir lo que sucedió aquel frío miércoles del invierno de 1988.

Tras aquel punto y aparte en la historia del movimiento obrero, el expresidente ha venido lanzando una retahíla de excusas hiladas por silencios políticos altamente significativos para oscurecer aquella huelga. Nunca ha estado por la labor de argumentar qué papel desempeñó en las interioridades del 14-D —ni esperen que así sea, tal como se ha evidenciado con la reciente publicación de algunos documentos de su archivo personal a través de la fundación que lleva su nombre—. Y, como la naturaleza tiende a ser uniforme, no podemos omitir la sensación de que no veremos el día en que Felipe nos sorprenda con unas genuinas memorias. Menos mal que con el paso del tiempo y la infatigable labor de los historiadores se va desbrozando qué ocurrió en realidad —aunque con no pocas dificultades—. Mientras, seguimos esperando a que la documentación de aquel momento histórico sea de acceso público. Siempre con la sospecha de que lo que llegará será una minúscula parte, por no decir anecdótica.

Foto: Archivo de Historia del Trabajo de la Fundación 1º de Mayo.
Foto: Archivo de Historia del Trabajo de la Fundación 1º de Mayo.

La responsabilidad

Puestos a la tarea, en modo alguno se puede negar su enorme responsabilidad personal y política en el antes, el durante y el después del 14-D. En primer lugar, ante su defensa a ultranza del PEJ y su total negativa a negociar con los sindicatos o, directamente, a retirarlo tras ser rechazado al unísono por Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), el resto de movimientos sociales y demás actores de todo tipo con papel protagonista por parte del siempre olvidado movimiento juvenil. En segundo lugar, tampoco fue menor el lugar que ocupó en la campaña contra la convocatoria de la huelga general y el ataque sistemático frente a todos aquellos que la apoyaron. Y, por último, por algo tan obvio para quien haya estudiado dicho periodo: nada se hizo sin su visto bueno.

Para aquella generación política, la posibilidad de una derrota, y más ante los sindicatos, no formaba parte del horizonte de lo posible

¿A qué se debe tal actitud? González se transformó en el más fiel creyente de la "misión histórica", del proyecto de la "modernización socialista". Su fe en que solo había una única política posible, la que él ejercía, era inquebrantable. Precisamente, el PEJ se convirtió, en su día, en un mandamiento fundamental de la "agenda no pública" de esta misma estrategia macroeconómica, y en donde la generación de jóvenes del 'baby boom' se transustanciaba en camada de cobayas de laboratorio, aquel donde se ensayaban las reformas laborales precarizadoras. Tampoco resulta baladí constatar cómo, para aquella generación política, la posibilidad de una derrota, y más ante unas fuerzas sindicales a las que venían ninguneando y despreciando desde 1982, no formaba parte del horizonte de lo posible. Por esta senda se puede explicar la chulería, la prepotencia y la instrumentalización de todos y cada uno de los recursos del Estado con los que se llevó a cabo la campaña del Partido Socialista Obrero Español y del Gobierno contra el paro general.

Su permanente huida hacia adelante concluyó al amanecer del miércoles 14 de diciembre de 1988, cuando resultó más que palpable el éxito de la huelga general. Los siguientes días fueron de los más complicados para Felipe González. No solo le afectó personalmente, sino que estuvo al borde de la dimisión. Tal fecha se le quedó marcada. No era para menos: la huelga constituyó su principal derrota política en sus 14 años de gobierno. No solo se vio obligado a retirar el PEJ; con su posicionamiento y actitud, también reventó el ya precario equilibrio que mantenía más muerto que vivo el centenario proyecto común del partido y el sindicato.

Venganza

Juró, en aquel preciso momento, una futura venganza que se cobró pasados unos años cuando, en 1993, estalló el caso de la Promoción Social de Viviendas (PSV) con el que desbancó de la Secretaría General de la Unión General de Trabajadores a Nicolás Redondo. Un año después, al calor de la brutal reforma laboral neoliberal de 1994, "colocó" el PEJ bajo otra redacción abriéndose la etapa de los llamados 'contratos basura'.

Lo decíamos al principio: desde su salida del Ejecutivo, alguna que otra explicación se ha podido oír. En realidad, ha ofrecido, en cada ocasión, el argumentario preparado entonces, sumado a alguna que otra justificación entre la no verdad y el lanzamiento de explicaciones poco verosímiles en las que la idea de una conspiración internacional contra su Gobierno, el intento de cuestionar el propio éxito del 14-D y otras ocurrencias se han mezclado de forma intencionada.

González ha lanzado explicaciones poco verosímiles sobre una conspiración internacional contra su Gobierno

No es siquiera cuestión de apreturas propias de una agenda historiográfica, pero es que han pasado 30 años para haber esperado algo más de la puesta de largo de la Fundación Felipe González y su anunciada estrategia de la apertura de los archivos presidenciales. Por lo que hasta ahora se ha publicado —una serie documental denominada 'Cuadernos de notas'—, se puede concluir que todo sigue igual. Con una valoración añadida y que nos dibuja buena parte de la realidad del 'modelo archivístico español': la omisión deliberada de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español —aprobada, recordemos, bajo su mandato—.

De hecho, pocas novedades aportan tales papeles en lo que nos corresponde: la huelga general del 14-D, aquella estupidez, y el papel de Felipe González. Revisada toda la documentación puesta 'online', hay cinco cuestiones altamente relevantes: la primera, la preocupación por la convocatoria de la huelga general del 14-D fue siempre menor frente a las tareas de la futura presidencia de la CEE; apenas se puede localizar rastro documental alguno. Segunda, por lo poco que se dice sobre el 14-D, los sindicatos y el PEJ, se asiste a la construcción del argumentario liberal antisindical que desde entonces ha sostenido González.

Foto: Archivo de Historia del Trabajo de la Fundación 1º de Mayo.
Foto: Archivo de Historia del Trabajo de la Fundación 1º de Mayo.

Quizá la única novedad sea el análisis de los errores y carencias que cometió la dirección del Partido Socialista Obrero Español en su campaña contra la convocatoria del 14-D por parte del equipo capitaneado por Alfonso Guerra. Tercera, a pesar de su mayoría absoluta, nunca se atrevió a sacar adelante uno de sus proyectos más queridos: una legislación sobre el derecho a huelga que se pospuso indefinidamente. Cuarta, en un alto número de documentos sensibles nos hallamos con una palpable 'censura' que casi siempre tiene que ver con lo que nos trae aquí: se agradece que no sea en el negro habitual, sino en un verde esperanza. Y, por último, carecemos de apuntes desde el 22 de noviembre de 1988 hasta el 9 de enero de 1989. Las casualidades no suelen ser inocentes.

No obstante, el caso del 14-D y los archivos de Felipe González queda empequeñecido cuando todavía estamos discutiendo qué sucederá no solo con la documentación depositada en la Fundación Francisco Franco, sino con los archivos presidenciales de Suárez, Calvo-Sotelo, Aznar, Zapatero, Rajoy… Todo muy alentador de cara a las futuras generaciones de historiadores, a la par que aclaratorio de la impunidad que caracteriza al 'modelo español de archivos'.

Tribuna
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