No se saluda a los comunistas

¿Degrada a la democracia saludar a tus rivales políticos en el Congreso?

Foto: Abascal y Sánchez en las cortes (EFE)
Abascal y Sánchez en las cortes (EFE)

La periodista Cristina Fallarás abroncó el miércoles a Pedro Sánchez desde el diario 'Público'. Según ella, el socialista cometió un pecado saludando a Santiago Abascal en el Congreso con un apretón de manos. “No se saluda a los neofranquistas”, recriminó Fallarás, y no fueron pocos los que la secundaron desde las trincheras de Twitter.

Después de unas preguntas retóricas, aseguraba Fallarás en el artículo que ese apretón de manos había ofendido “gravemente” a los descendientes de los fusilados de Franco, a los inmigrantes, las lesbianas, los homosexuales, los transexuales, los defensores de los derechos humanos, quienes se juegan la vida salvando náufragos y, por descontado, a las mujeres. Ambiciosa portavocía.

En una teletertulia, hace unos días, Fallarás se negó a dirigirle la palabra a Rocío Monasterio tras acusarla de tener franquistas en su partido y alardeó de que ella sí que sabe hacer cordones sanitarios. El saludo es libre, no faltaría más, y cada cual es dueño de los cordones de sus zapatos. Pero Fallarás parece haber olvidado que las instituciones están hechas de otro material.

Si Sánchez fuera elegido presidente del gobierno por el Congreso, como parece más o menos asegurado que ocurrirá, tendrá la obligación institucional de gobernar para todos los españoles, y esto incluye a los que han votado a Vox, a los que votan nulo y a los que, en vez de votar, se la machacan con la tapa de un baúl.

Las dos orillas

Pero ella no ha sido la única en afear las cortesías de Sánchez. Desde la trinchera de enfrente emanaban protestas azules, verdes y naranjas porque Sánchez había saludado también a Oriol Junqueras y al resto de políticos presos con demasiada amabilidad, intercambiando con Junqueras, gravísimo atrevimiento, un “ya hablaremos” de circunstancias.

La grandeza de la democracia es poder saludar a tus adversarios en vez de mandar que los fusilen

Hubo quien dijo luego, en los pasillos, que ese saludo había degradado la democracia, y yo me quedé pensando que quienes recriminan un apretón de manos o un par de besos han olvidado que la grandeza de la democracia es precisamente poder saludar a tus adversarios en vez de mandar que los fusilen. Hola, qué tal, cómo estamos.


En una sociedad tribal (y qué bien la describe Ricardo Dudda en su último libro, 'La verdad de la tribu') el saludo se convierte en un deporte de riesgo. Desconfiados y recelosos, rodeados de paranoicos y acusicas, corremos el riesgo de ser marcados no ya por connivencia, sino por proximidad. Tendremos que tener cuidado de ser vistos con determinados personajes como pasaba en el franquismo si te hacías amigo de ese tío del pueblo que todo el mundo sabía que era un rojo.

En fin. Esta coral ronca de intransigencias me ha pillado con la guardia baja porque terminé hace un par de semanas un libro que te pone mirando a Paracuellos con un ojo y a Guernica con el otro: la reedición ampliada de la obra maestra de Andrés Trapiello, 'Las armas y las letras'.

Trapiello, a quien también le recriminaron que se dejase presentar el libro por Cayetana Álvarez de Toledo el día de Sant Jordi, es posiblemente el intelectual más benéfico de España en un momento como este. 'Las armas y las letras' ha crecido en páginas y en contenido desde la anterior edición, pero sigue siendo esencialmente lo mismo: un monumento a la reconciliación intelectual de España y un grito contra la intransigencia, sin relativismos.

La tercera España

Cuenta Trapiello, entre otras muchas cosas, que los poetas obreros compartían bar con los falangistas antes de que estallase la guerra, y que cuando estaban suficientemente borrachos intercambiaban, entre risas, exabruptos. Recuerda episodios devorados por la carnicería y el olvido, como el respeto amistoso entre los hermanos Machado y Jose Antonio Primo de Rivera, o la complejidad de revistas literarias como La Gaceta Literaria, donde el fascista Giménez Caballero ofrecía tribuna a comunistas, anarquistas y a quien fuera: allí publicaron por primera vez muchos de los “rojos” de la Generación del 27.

'Las armas y las letras'
'Las armas y las letras'

'Las armas y las letras' es un acto de justicia y de reparación que sólo maltrata a los que maltrataron: de un bando o del contrario, castañetean como calaveras los viles poetas chequistas o los infumables inquisidores requetés. Pero hasta en alguno de los peores encuentra Trapiello cosas que salvar: un verso afortunado, una línea llena de verdad o una vida enemiga puesta, con riesgo enorme, a salvo de los “paseos” hasta la cuneta o la tapia del cementerio.

Por encima de todo, este libro es un homenaje a la Tercera España, hoy proscrita, tachada de tibia y equidistante por esa clase de militantes que consideran que un presidente se rebaja más cuando saluda que cuando difama al adversario.

Tribuna
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