Plácido Domingo: presunción de inocencia entre bambalinas

Acusaciones anónimas y comunicado torpe. El tenor español se enfrenta a un juicio paralelo

Foto: El tenor Plácido Domingo. (EFE)
El tenor Plácido Domingo. (EFE)

Qué complicado resulta escribir sobre una persona que conoces desde hace 20 años. Desde que el 11 de octubre de 1997 el Teatro Real de Madrid se reinagurara como teatro de ópera con 'La vida breve' y 'El sombrero de tres picos', de Manuel de Falla, Plácido Domingo ha cumplido religiosamente con su visita anual al coliseo de la ciudad que le vio nacer. Cuando Plácido Domingo llega a Madrid, está en casa y se nota. Él, que es uno de los últimos divos de la ópera, entre bambalinas se mueve como pez en el agua. Conoce a todo el mundo, recuerda todos y cada uno de los trabajadores y trabajadoras del teatro, es más, a todos los llama por su nombre.

Vaya por delante que si todo lo que se cuenta en el reportaje de AP es cierto, si las nueve mujeres que acusan al tenor español demuestran el delito, si demuestran que utilizó su poder para obligarlas a tener relaciones, si en lugar de cortejo (extramatrimonial o no) fue acoso, debería caer todo el peso de la ley sobre él.

Plácido Domingo ya ha perdido el juicio de la calle

Ahora bien, no perdamos el oremus. No olvidemos que esto no deja de ser un reportaje periodístico en el que las agraviadas acusan de un presunto delito varios años después, a rebufo del movimiento #MeToo norteamericano, sin denuncia previa y desde el anonimato, por temor a las represalias. Solo la mezzosoprano Patricia Wulf ha consentido ser identificada.


Que el director de la ópera de Los Ángeles, exdirector de la ópera de Washington, uno de los grandes tenores de la historia, haya tenido relaciones consentidas con quien le haya dado la gana es su problema, que lo haya hecho agarrado a la cadena de mando y con chantajes, eso ya suena a otro cantar. Ahora bien, las acusaciones hay que demostrarlas, no se puede acusar y esconder la mano. Más que nada porque está en juego hasta su puesto como director del Teatro de Ópera de Los Ángeles. De momento, la Orquesta de Filadelfia ya ha cancelado el concierto que tenía con Plácido Domingo.

Lo que está claro es que, acusado de un delito, Plácido Domingo ya ha perdido el juicio de la calle, desde el minuto en el que ha enviado a AP un comunicado torpe, mal asesorado y poco contundente, una notificación pueril que suma argumentos para aquellos que se regodean con la lapidación pública.

“Las acusaciones de estos individuos no identificados que datan de hasta 30 años son profundamente preocupantes y, como se presenta, inexactas. Aun así, es doloroso escuchar que puede haber molestado a alguien o haberlos hecho sentir incómodos, no importa cuánto tiempo hace ya, a pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que no soy alguien que intencionalmente dañaría, ofendería o avergonzaría a nadie".

Plácido Domingo: presunción de inocencia entre bambalinas

Hasta aquí, el cantante reconoce sus escarceos extramatrimoniales, algo que puede que no sea ni siquiera noticia entre su círculo. Lo malo es la manera tan desmarañada con la que, quien haya escrito el comunicado, remata el asunto. "Sin embargo, reconozco que las reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser medidos, hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado. Tengo la suerte y el privilegio de haber tenido una carrera de más de 50 años en la ópera y me mantendré en los más altos estándares”. Estas cinco líneas son demoledoras. ¿Qué quiere decir con las reglas y los estándares? Suena a confirmación insospechada, sin embargo, sigo pensando que las acusaciones hay que demostrarlas y que la presunción de inocencia está para algo.

Tribuna
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