Yale suprime un curso de arte por ser "demasiado blanco, masculino y occidental"

Desde su fundación, la universidad está pensada para convertir a ignorantes en personas cultas. Esta ha sido la guía moral de una institución dura y exigente

Foto: 'Discóbolo (negro)' (2016). (Mateo Maté, VEGAP Madrid, 2017)
'Discóbolo (negro)' (2016). (Mateo Maté, VEGAP Madrid, 2017)

Disculpad la melancolía: leo en 'Reason' que Yale va a suprimir esta primavera su curso introductorio en Historia del Arte, que ofrecía a los profanos las maravillas artísticas desde el Renacimiento hasta la actualidad. El motivo: años de protestas por parte de grupos de estudiantes-clientes politizados que consideran, de acuerdo con la bazofia ideológica de moda, que el contenido es "demasiado blanco, masculino y occidental". Margaret Hedeman y Matt Kristoffersen, autores de la noticia en 'Yale Daily News', han confirmado a El Confidencial la información.

Desde su fundación, la universidad está pensada para convertir a ignorantes en personas cultas. Esta ha sido la guía moral de una institución dura y exigente que separa dolorosamente a los tontos de los listos. No siempre ha sido así: el Tercer Reich consideraba la universidad un templo para hipnotizar jóvenes en la doctrina racista, la Unión Soviética una fábrica de comunistas, y el presente, una empresa sometida al capricho de su clientela. La idea de la universidad como templo de piedra dura donde el estudiante sufre y se enfrenta a sus límites casi mueve hoy a la risa, sobre todo en las de 'élite'. 'Ok, boomer'. Ya no fuerza la adaptación del cerebro inmaduro al sólido edificio de la cultura, sino que obliga a la cultura a adaptarse a la estrechez de su vociferante clientela.

"La clase podría incomodar a algunos estudiantes debido a la blancura, la masculinidad y la rectitud abrumadoras del canon occidental"

Según 'The Yale Daily News', y cito textualmente, “el departamento de arte ha decidido que la clase podría incomodar a algunos estudiantes debido a la blancura, la masculinidad y la rectitud abrumadoras de los artistas que componen el canon occidental". "De hecho, el enfoque en el arte occidental es 'problemático', según dijo el instructor del curso, Tim Barringer, al periódico estudiantil”.

Problemático

'Problemático' es una de las palabras de moda entre los estudiantes que dicen estar 'woke' (despiertos). En Estados Unidos, estar 'woke' significa haber accedido a una sensibilidad suprema que pone al individuo en contacto con todas las opresiones sociales del universo, y que algo sea 'problemático' lleva con mucha frecuencia, por tanto, a exigencias de cancelación. Lo 'problemático' suele ser lo que a los 'woke' les parece peligroso e irritante.

Ambas expresiones delatan lo obcecada y orgullosa que es la ignorancia. Pese a que Barringer ha protestado débilmente y ha dicho que quiere que los estudiantes de Yale “se sientan confiados para analizar y disfrutar el arte occidental”, así que en sus propias palabras estaba ya el germen de la capitulación. Porque los estudiantes no deberían sentirse cómodos nunca. Si se sienten cómodos y confiados, quizás es porque no están aprendiendo gran cosa. Aprender significa estar incómodo en la ignorancia y hacer un esfuerzo sobrehumano por escapar.

Lo que está pasando en las universidades de élite anglosajonas, según explican Johnattan Haidt y Greg Lukianoff en su libro 'La transformación de la mente moderna' (Deusto), va en dirección contraria. Allí se ha vuelto normal oír a profesores de humanidades que dicen aprender mucho de sus alumnos. Durante las protestas violentas que forzaron el despido de Bret Weinstein, profesor de la Universidad de Evergreen, por cuestionar el “día sin blancos” en el que “invitaban” a todos los estudiantes “no racializados” a largarse del campus, los cobardes papanatas que dan clase allí se aliaron con sus estudiantes. El decano, arrinconado en su despacho —los 'empáticos' estudiantes no le dejaban ni salir a mear— repetía lo mucho que aprendía con la experiencia.

Si el profesor ensalza el integrismo de sus estudiantes, los ignorantes saldrán por la puerta igual de ignorantes, pero resabiados

Por supuesto que un profesor puede aprender algunas cosas de sus alumnos. Sin embargo, si esto no es la excepción, es sin duda porque ese profesor está haciendo un trabajo nefasto. Al profesor le pagan por enseñar, no por aprender. Si ensalza el integrismo de sus estudiantes en vez de mostrarles el duro camino que conduce a la sabiduría, los ignorantes que entran por la puerta saldrán por la misma puerta igual de ignorantes, pero resabiados. Es una irresponsabilidad espantosa y muy de moda gracias a una pedagogía pagafantas, clientelar y facilista. Los alumnos de un profesor que aprende mucho están, sencillamente, desamparados.

Lo que lleva a Yale a suprimir un curso que molesta a un puñado de ignorantes es, por tanto, la irresponsabilidad y el clientelismo. De la misma forma que una persona que no sabe nada sobre el arte islámico puede ofenderse si le hablan de mezquitas, un joven 'woke' que ignora el peso de la religión católica en el arte europeo puede cabrearse por su “excesiva blancura y masculinidad”. Es imposible contextualizar las obras de arte y disfrutarlas si no se aprende a hacerlo.

Vuelvo a citar textualmente la noticia que ha dado Reason: “Se ha vuelto común en los últimos años que pequeños grupos de estudiantes se rebelen contra los planes de estudios de artes liberales, porque sienten que están demasiado enfocados en artistas, autores y pensadores occidentales. Los estudiantes de Reed College, por ejemplo, presionaron con éxito a los educadores para que disolvieran un curso introductorio de humanidades. En ese caso, exigieron que todos los textos europeos sean eliminados y reemplazados por libros no europeos como una forma de reparación. El departamento de arte de Yale parece estar cambiando con los tiempos”.

Bien. Y tanto que está cambiando con los tiempos. Yale ya es prácticamente un supermercado más, donde los clientes eligen entre su amplio surtido de productos indoloros y salen unos años después con un título, todavía más ignorantes de lo que entraron. Pero que la universidad suprima cursos por las exigencias de quienes no saben nada es mucho más que una derrota del conocimiento: es una victoria del integrismo.

Eso sí, que nadie se engañe con los bandos de esta batalla. A un lado están los políticamente correctos, al otro los políticamente incorrectos, y en medio, solitaria, una poca gente que piensa, como dice Andreu Navarra en su novela 'Una especie de aventura'.

Tribuna
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