Compromiso con la Cultura, doble dirección

Cualquier patio de butacas muestra una imagen necesaria: la de un público distanciado y con mascarilla, pero capaz de disfrutar del acontecimiento cultural escogido, como siempre había hecho

Foto: El Teatro Real reabre sus puertas con 'La Traviata'. (EFE)
El Teatro Real reabre sus puertas con 'La Traviata'. (EFE)

El día de la clausura de Madrid en Danza en los Teatros del Canal, la artista Rocío Molina remataba el espectáculo 'Caída del cielo' con una impactante carrera entre el público. Justo antes de dar el salto desde el escenario al patio de butacas, la bailarina se puso una mascarilla. A mi lado, el científico Eduardo López Collazo me susurró “es la mejor campaña que puede hacerse”. El sector de las artes escénicas y musicales ha hecho un esfuerzo extraordinario por adaptarse a esta nueva etapa poscovid. El público, que ha vuelto a completar el aforo -reducido- de las salas de conciertos, teatro o cine respeta la distancia de seguridad, usa su mascarilla, se pone gel en las manos y comprende las mil pequeñas molestias con las que tenemos que convivir a partir de ahora.

También las puestas en escena se han adaptado. La sensación de ver morir a Violetta a dos metros de los brazos de Alfredo en el aria final de la Traviata, o la estética de un original y bien resuelto brindis sin baile, se suma a las nuevas experiencias que en el ámbito de los espectáculos culturales estamos viviendo cada día. Cualquier patio de butacas o recinto de cine, teatro, ópera, concierto o similar, muestra una imagen necesaria: la de un público distanciado y con mascarilla, pero capaz absolutamente de disfrutar del acontecimiento cultural escogido, como siempre había hecho.

La apertura en Madrid del Teatro Real, o los Teatros del Canal, abriendo paso entre los escenarios europeos y con el cartel de no hay entradas desde la primera subida del telón; la reactivación progresiva de las salas de cines, invitándonos a los últimos estrenos; y la cantidad de conciertos, y acontecimientos de índole cultural en salas cerradas o espacios abiertos a los que desde hace un mes tenemos el privilegio de poder asistir, muestran el compromiso bidireccional con un sector especialmente castigado por la pandemia, y que sin embargo ha sido el más generoso a la hora de ofrecernos su actividad a través de varios canales posibles. El espectáculo no se paró nunca, y fue, en los peores momentos de la pandemia, consuelo para nuestra pena y cura para las heridas del alma.

La reacción de un público agradecido llenando aforos es una muestra de solidaridad con nuestros músicos, actores, bailarines, tramoyistas y directores, guionistas y utilleros, iluminadores, jefes de sala, taquilleros. Es la prueba indiscutible de que, tanto los responsables de cultura de la administración como la industria, han sentado las bases higiénicas y de seguridad necesarias para que los espectadores vuelvan a sus asientos, separados pero seguros y se olviden durante un par de horas de la historia reciente.

El público es el eslabón clave de un compromiso de doble dirección con la cultura, sector que ha despertado de la pesadilla con el firme propósito de procedimentar cuanto sea necesario para no tener que bajar el telón de nuevo. Y este eslabón tiene un comportamiento ejemplar, alejado de algunas otras actividades que nada tienen que ver con la emoción que causa un solo de violín, un monólogo, una historia bien contada e interpretada, o un paso a dos.

A día de hoy, no hay noticia de un solo rebrote iniciado en una sala de música, teatro o cine

La mascarilla no resta un ápice a la satisfacción y al aplauso. Y el público madrileño así lo siente. Y así lo está viviendo. Desde el triple principio de la colaboración, la responsabilidad y el compromiso. Por eso, a día de hoy, no hay noticia de un solo rebrote iniciado en una sala de música, teatro o cine.

Además de ello, un verano de turismo de proximidad abre aún más el abanico de opciones para aplaudir en pueblos y plazas a quienes nos han hecho la vida un poco más amable durante nuestro encierro. Sigamos comprometidos con ellos. Está en nuestras manos. La cultura es segura, y trabajaremos para que lo siga siendo.

*Marta Rivera de la Cruz, consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid.

Tribuna
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