Crisis en la cultura

¿Dónde está la imaginación de los políticos contra la pandemia?

En seis meses desde las administraciones se ha sido incapaz de hacer propuestas valientes, imaginativas o al menos voluntariosas para paliar los efectos pandémicos

Foto: Trabajadores del sector del espectáculo se manifestaron el pasado 17 de septiembre por la falta de ayudas desde las administraciones (EFE)
Trabajadores del sector del espectáculo se manifestaron el pasado 17 de septiembre por la falta de ayudas desde las administraciones (EFE)

Han pasado seis meses desde el inicio del desastre pandémico y quizá el acto más imaginativo que hayamos visto en este tiempo haya sido la inauguración de un bote de gel hidroalcohólico en una estación de Metro de Madrid a cargo de dos poderes públicos de la Comunidad. Ha sido toda una performance. Un acontecimiento tan surrealista, tan estrambótico que podría haber estado firmada por un artista de las vanguardias de principios del siglo XX.

Y, de alguna forma, se agradece. Porque si algo ha faltado en todo este tiempo es imaginación, algo rupturista, diferente. Algo que nos haga girar la cabeza y digamos, eh, a ver, explica esa idea loca, que puede funcionar. Vale, lo del gel llegaba seis meses, lo cual también es sintomático. Porque desde que supimos que el virus corría por nuestras calles -sabemos que estaba desde antes, pero vamos a dejarlo ahí- se ha ido siempre detrás de él. Desde las administraciones se ha sido incapaz de hacer propuestas valientes, imaginativas o al menos voluntariosas para paliar los efectos pandémicos.

Si algo ha faltado en todo este tiempo es imaginación, algo rupturista, diferente. Algo que nos haga girar la cabeza y digamos, eh, a ver, explica esa idea loca, que puede funcionar

Por ejemplo, en el terreno de la Cultura. Tuvieron que pasar semanas para que el ministro, José Manuel Rodríguez Uribes, saliera a la palestra para decir que sí, que habría ayudas aunque fueran los créditos del ICO. Poco más. Y todo después de una fuerte contestación por parte del gremio, sobre todo de algunas figuras que siempre habían estado ligadas al partido socialista.

GRAF2687. MADRID, 10 09 2020.- El ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, asiste al desfile de Devota y Lomba en el marco de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, donde los diseñadores presentarán sus propuestas para la primavera-verano 2021 en un escenario marcado por rigurosas medidas de seguridad, con desfiles presenciales y digitales. EFE J.J. Guillén
GRAF2687. MADRID, 10 09 2020.- El ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, asiste al desfile de Devota y Lomba en el marco de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, donde los diseñadores presentarán sus propuestas para la primavera-verano 2021 en un escenario marcado por rigurosas medidas de seguridad, con desfiles presenciales y digitales. EFE J.J. Guillén

Pero con la llegada del verano y esa desescalada a todo correr en algunas partes como Madrid, el apagón. ¿Hubo alguna reunión entre el ministerio y los consejeros de Cultura para pensar cómo enfocar la temporada a partir de septiembre? No. El ministro convocó después de que hubiera protestas de nuevo por parte de los técnicos y todo el personal que trabaja en el mundo de los espectáculos y conciertos en vivo. Pero nada se había pensado en estos meses.

Por ejemplo, ¿se había llegado a un protocolo unitario para la vuelta de los teatros (o las salas de conciertos)? Desde la ocupación del aforo al distanciamiento social. Porque en algunas comunidades autónomas es de una manera y en otras de otra. Son normativas comunitarias. Así que lo que tenemos hoy es que cada teatro está haciendo un poco lo que puede.

Sin diálogo

Y si decíamos de la dejación del ministerio, en las comunidades tampoco ha habido demasiado movimiento. En Madrid se da el caso de que la normativa sobre el distanciamiento social en los teatros y salas de conciertos era de junio hasta ayer (y esto es literal). ¿Alguien la miró para septiembre por si cambiaba la situación? No. De ahí un poco el lío del Teatro Real con el aforo del Paraíso. Cumplía una normativa de hacía tres meses, con el virus en bajada y cuando ni siquiera la mascarilla era obligatoria en la comunidad. Ahora, con un Madrid en el que hay varias zonas confinadas y una sensación subjetiva de mayor peligro, la consejería de Cultura ha tenido a bien modificarla e introducir la obligatoriedad de dejar una butaca de separación entre espectadores. Ha pasado todo un verano.

En Madrid se da el caso de que la normativa sobre el distanciamiento social en los teatros y salas de conciertos es de junio. ¿Alguien la miró para septiembre por si cambiaba la situación? No


El gremio de la cultura ha tenido que salir a la calle ante su situación precaria. Una situación que no se ha producido en las dos últimas semanas sino que no era difícil de prever. Bien es cierto que no es solo un problema español. Está ocurriendo en Alemania, en Reino Unido y otros tantos países. De allí han llegado algunas ideas como la de que sea la administración la que se encargue de comprar los asientos que se quedan vacíos en las funciones. ¿Es posible? No lo sé, pero al menos es una propuesta.

Los Ron La Lá este verano en el festival de Almagro (EFE)
Los Ron La Lá este verano en el festival de Almagro (EFE)


Hace unos días la policía entró en la madrileña sala de la Riviera encontrándose con 300 personas bailando en la pista y con las barras abiertas. Los conciertos no están prohibidos, lo que no se puede hacer es bailar -hay que estar en una mesa sentado- ni consumir en la barra. En este caso, el empresario tendrá que lidiar con una buena multa. Pero no se puede confiar todo a la policía para evitar que las cosas se hagan mal. Es injustificable lo que ocurrió en la Riviera, pero ¿no se podría hacer algo para que las salas pudieran abrir, hacer conciertos más pequeños? Y si no es posible, ¿no hay manera de compensar a las salas con algún tipo de plan especial?

No se puede confiar todo a la policía para evitar que las cosas se hagan mal


Durante el confinamiento hubo quien demostró cierta agudeza. Por ejemplo, librerías que emitían bonos de compra de libros para que pasases a por ellos una vez se produjera la reapertura. Obras de teatro que se emitieron en streaming. Una librera que cogió su bicicleta y se corrió su pueblo, Tres Cantos, cada día para repartir los libros que vendía a través de su web.

Esa agudeza es la que le ha faltado a la administración. Se ha seguido al virus como un corderito. Ahora abrimos y hacemos festivales porque hay menos positivos. Ahora cerramos porque vienen mal dadas. Un cortoplacismo bastante frustrante. Una falta de diálogo entre las administraciones exasperante. Lo único que tenemos son performances de geles hidroalcohólicos. Así nos va. Lo de la #culturasegura está muy bien, pero hacen falta ya otros eslóganes y, sobre todo, hechos. La próxima temporada está a la vuelta de la esquina.

Tribuna
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