Es noticia
Menú
¿Qué cultura para Europa?
  1. Cultura
  2. Tribuna
Tribuna EC10

Tribuna

Por

¿Qué cultura para Europa?

El cultivo y el conocimiento de las tradiciones culturales europeas son, de hecho, un factor determinante al que debemos recurrir en tiempos de crisis como los actuales

Foto: Banderas de la Unión Europea. (EFE/Julien Warnand)
Banderas de la Unión Europea. (EFE/Julien Warnand)

En su sentido más amplio, la palabra cultura no abandona el origen del que procede: el latín colêre con ese significado de "cultivar" o "cuidar algo". La antropología la ha reconocido como el conjunto de rasgos y valores en los que se constituye la identidad, con la ambivalencia de, por un lado, establecer diferencias y, por otro, constituir lo que nos une. Lo que acecha es la apropiación de este concepto en su adjetivación como nacional, un uso ajeno a lo que significa una cultura transnacional, en su localización como prácticas y patrimonios artísticos, que definen la naturaleza de una cultura europea. Por lo tanto: ¿Es posible una cultura transnacional europea? ¿Cómo podemos utilizar el potencial de la cooperación artística para superar las políticas nacionalistas que acunan las culturas nacionales en Europa? ¿Qué pueden hacer las instituciones culturales frente a los brotes de exclusión identitaria que proliferan en varios países? ¿Cómo se puede defender la libertad de creación artística con acciones conjuntas y coordinadas en todo el continente?

Estas son algunas de las cuestiones que se abordarán en el encuentro "El poder del arte: una defensa de una concepción transnacional de la cultura europea", que se celebra estos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Durante dos días, setenta participantes, de cuarenta y cinco instituciones (son un total de setenta las que componen la Alianza Europea de Academias), debatirán y presentarán proyectos en los que llevan meses trabajando y llegarán a acuerdos para poner en marcha diferentes iniciativas con el objetivo de que la cultura europea contribuya a combatir los riesgos derivados del populismo identitario.

Foto: Una persona lee el Financial Times mientras una mujer duerme en un metro de Londres en 2017. (Reuters) Opinión

La Alianza se fundó en octubre de 2020 en Berlín. Por invitación de la presidenta de la Akademie der Künste de esta ciudad, unos 70 representantes de academias de arte e instituciones culturales europeas se reunieron en una conferencia híbrida para iniciar la Alianza Europea de Academias. Las instituciones participantes procedían de casi todos los países de la Unión Europea, así como de Noruega y Gran Bretaña: entre las instituciones asociadas se encontraban academias de arte de renombre, actores nacionales de la política cultural y todo tipo de organizaciones culturales de los países de nuestro continente.

Fue una señal fuerte que demostró la necesidad de una alianza transnacional basada en la solidaridad, especialmente a la luz de la pandemia de covid-19 y sus consecuencias políticas, las delimitaciones nacionales y las fantasías de aislamiento populista de la derecha. El tercer día, la "Alianza Europea de Academias" presentó en Berlín un manifiesto conjunto en el que se establece la misión de asegurar la Unión Europea como proyecto cultural para el futuro. Hay que establecer nuevas formas de cooperación que garanticen el apoyo mutuo siempre que haya una amenaza de restricciones políticas o la libertad del arte esté en peligro. La conferencia se celebró en el contexto de la presidencia alemana del Consejo de la UE y contó con el apoyo de la Ministra de Estado de Cultura y Medios de Comunicación del Gobierno Federal. Sin embargo, a pesar de este apoyo financiero, no hubo ninguna influencia por parte de las autoridades políticas sobre su contenido, un gran valor que hay es preciso preservar.

La celebración de este evento en Madrid es una muestra más de su centralidad simbólica en el panorama de la cultura europea

El hecho de que esta segunda reunión de la red se celebre en Madrid no es casualidad. Tras haber sufrido con especial dureza la pandemia, la capital española ha sido, en los meses inmediatamente posteriores al confinamiento, un punto de referencia para toda la cultura europea. Mientras los teatros, museos y centros culturales de otros países europeos permanecían cerrados, en Madrid prevalecía la convicción expresada en el lema "La cultura es segura". Con todas las precauciones y protocolos sanitarios, durante muchos meses Madrid ha acogido muchos de los eventos culturales más importantes de Europa. Un ejemplo de este reconocimiento es la concesión al Teatro Real del "International Music Award 2021" a la mejor institución operística del mundo. Ahora, casi en 2022, y cuando en gran parte de Europa los índices de infección crecen de forma alarmante, Madrid ofrece seguridad sanitaria (gracias al gran número de personas vacunadas) y una oferta cultural envidiable. La celebración de este importante evento de la Alianza Europea de Academias en esta ciudad es una muestra más de la centralidad simbólica (aunque no geográfica) de Madrid en el panorama de la cultura europea.

Esta unión del arte, la cultura y la ciencia europeas lleva a la necesidad de aliarse solidariamente frente a los ataques a valores como la diversidad o la libertad de expresión y creación, protegiendo así las bases sobre las que se asienta el proyecto europeo. El Manifiesto surgido del citado primer encuentro de Berlín subraya que "el arte y la cultura son esenciales para el funcionamiento de la democracia y la cohesión social". Además, aboga por la defensa de la libertad de las artes "como condición previa para nuestro modo de vida cultural, social y político. La base de la democracia es la independencia de las posiciones e instituciones artísticas de las prescripciones políticas, nacionales y religiosas". El estrecho vínculo de esta red europea es la oposición a cualquier forma de racismo, discriminación y violencia, lo que implica también, por supuesto, la defensa de los derechos humanos de quienes no han nacido en Europa, pero que aquí buscan una oportunidad de supervivencia y convivencia pacífica. En este mismo sentido, la Alianza aglutina a las instituciones europeas, pero mira más allá de las fronteras de nuestro continente: las amenazas a la libertad de creación artística en algunos países de América, Asia o África está también en el centro de las preocupaciones de esta red y, sin duda, centrará muchos de los debates que tendrán lugar en el Círculo de Bellas Artes.

Foto: La cultura y la creación, un sector con mucho futuro (EFE)

Para alcanzar los objetivos planteados en este proyecto cultural compartido, el concepto de "solidaridad" es fundamental. Sólo mediante la cooperación será posible mantener y defender el espacio de libertad que representa la cultura. Sólo la cohesión y la organización nos permitirán defendernos con éxito de las amenazas que pretenden reforzar todo tipo de radicalismos basados en la confrontación, la exclusión de la diferencia y el egoísmo atomista e individualista. Por ello, esta red transnacional está trabajando en nuevas formas de colaboración en las que las instituciones participantes se apoyen mutuamente y se solidaricen cuando sea necesario.

La cumbre que celebramos estos días, y que reúne a cuarenta y cinco instituciones europeas, no tiene por tanto como único objetivo reivindicar el papel de la cultura en la difícil situación de nuestro continente, aunque esta cuestión sea crucial, ya que implica un gran número de retos sociales, económicos y políticos para el sector cultural. Se trata más bien de dar un paso adelante en la defensa común de los valores europeos y exigir que el arte y la cultura sean parte integrante de la política, tanto en cada Estado como a nivel transnacional. Creemos que ha llegado el momento de situar la cultura en el lugar que le corresponde, como corazón de lo que nos identifica como europeos, y de utilizarla como herramienta eficaz contra las amenazas señaladas.

Foto: Kiril Petkov y Assen Vassilev, líderes de Continuamos el Cambio. (Reuters/Stoyan Nenov)

El compromiso de la Alianza ya ha comenzado, adhiriéndose por ejemplo a la declaración de la Sociedad de Autores Húngara. Con el pretexto de "una acción más estricta contra los delincuentes pedófilos y la modificación de ciertas leyes para la protección de los niños", el Parlamento húngaro ha aprobado recientemente una ley que "prohíbe poner a disposición de los menores de dieciocho años contenidos que representen la sexualidad de forma autotélica, o que promuevan o representen la no conformidad de género, la reasignación de género o la homosexualidad". Es evidente, como señalan los autores húngaros, la intención de confundir la necesidad de una acción más contundente contra la pedofilia con las drásticas restricciones a la libertad de expresión y a la libertad artística, y por tanto el desprecio a los derechos humanos fundamentales que están llevando a cabo las autoridades húngaras.

En la misma línea, unos meses después, la Red Húngara de Académicos emitió una declaración de protesta contra la instrumentalización política de las universidades húngaras. En el texto, que también fue apoyado por la Alianza, denunciaba la toma de posesión de las universidades por parte del gobierno: "Como si estuvieran bajo la ley marcial, cinco universidades estatales se han precipitado en un procedimiento para transformarlas en fundaciones, despojándolas de toda la autonomía que les quedaba", explicaba la declaración. Para los académicos que conforman esta red, "las transformaciones previstas aniquilarán la libertad de cátedra y de investigación; pondrán en peligro el avance de los estudiantes hacia la educación superior; supondrán un grave riesgo para la gratuidad de la enseñanza y limitarán el acceso a la educación universitaria". La transformación en fundaciones implica que el personal académico perderá su condición de funcionario, lo que puede abrir la puerta a despidos masivos. Se trata de una nueva etapa en la guerra sin cuartel contra los intelectuales y, al mismo tiempo, contra la sociedad húngara en su conjunto".

La Alianza Europea de Academias pedía y sigue pidiendo una decidida oposición a las violaciones de la libertad artística en Hungría

Este año, el 9 de mayo, la Alianza Europea de Academias aprovechó el Día de Europa para defender la libertad de las artes, especialmente en Hungría. En colaboración con el Centro Europeo para los Derechos Constitucionales y Humanos (ECCHR), la Alianza lanzó una petición online al Parlamento Europeo y presentó una queja ante la Relatora Especial de la ONU Karima Bennoune. La Alianza Europea de Academias pedía y sigue pidiendo una decidida oposición a las violaciones de la libertad artística en Hungría con los instrumentos legales disponibles y que se aplique el marco legal para proteger la independencia de las instituciones culturales y de los trabajadores de la cultura allí donde esté amenazada.

Con el fin de explorar nuevas posibilidades de cooperación para la libertad de las artes en Europa, los representantes de la Alianza Europea de Academias realizaron el 7 de septiembre de 2021 una audiencia con Sabine Verheyen, presidenta de la Comisión de Cultura y Educación del Parlamento Europeo. Se puso de manifiesto que el abuso de la ley tendría que ser probado legalmente en casos concretos para facilitar la acción contra las restricciones en forma de multas o procedimientos ante los tribunales a nivel europeo. Aquí es donde la Alianza Europea de Academias puede prestar su apoyo. En este sentido, en los próximos meses proseguirán las reuniones entre la Alianza y los políticos de la UE responsables de la política cultural.

Foto: Los representantes de las industrias culturales, en el escenario del Museo Reina Sofía. (E.C.)

Además, la Alianza apoyó plenamente la declaración firmada por el profesor Jan Hančil, rector de la Academia de Artes Escénicas de Praga en noviembre de 2020, en protesta por la persecución de estudiantes y profesores de la Academia Estatal de Artes de Bielorrusia. El profesor Hančil destacó que cientos de estudiantes y académicos, que se unieron a las protestas pacíficas contra las elecciones presidenciales, son expulsados de las universidades e incluso se enfrentan a un proceso judicial. Señala además que "cada estudiante varón recibe una tarjeta de reclutamiento junto con la expulsión de la universidad. A menudo se detiene a los estudiantes en las instalaciones de la universidad, se les encarcela y se les golpea".

A principios de este 2021, dos investigadores del Holocausto de renombre internacional, Jan Grabowski y Barbara Engelking, fueron condenados por un tribunal polaco de Varsovia a pedir disculpas a Filomena Leszczynska, que les demandó por difamar a su tío Edward Malinowski y por "dañar la identidad nacional y el orgullo nacional". En el documento de investigación 'Night Without End: The Fate Of Jews In Selected Counties Of Occupied Poland' (2018), los dos investigadores presentaban a Edward Malinowski tanto como el salvador de un aldeano judío como un colaborador de los nacionalsocialistas alemanes. El demandante acusó a los investigadores de inexactitud en los documentos de apoyo. En un momento en que el derecho a "venerar a los muertos" se considera más importante que la investigación independiente sobre el Holocausto, la Alianza Europea de Academias recordó en un comunicado que la libertad de las artes y las ciencias y la independencia de las instituciones de investigación están protegidas por el artículo 13 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. La Alianza también protestó contra la política de memoria histórica del partido gobernante polaco, "Ley y Justicia (PiS)", que ha intentado repetidamente simplificar el complejo papel de Polonia durante la época nacionalsocialista construyendo una leyenda nacional sobre una "nación que salvó a los judíos". Esta forma de revisionismo histórico, así como otras tropelías llevadas a cabo por el Gobierno polaco, no pueden ser recibidas con indiferencia y resignación, lo que explica la dura postura adoptada por la Alianza al respecto.

Foto: Varios manifestantes celebrando el fin de Nicola Ceausescu. (Reuters)

Como último ejemplo, cabe recordar los testimonios de dos escritores que han sufrido (y siguen sufriendo) las decisiones arbitrarias de los gobiernos de sus respectivos países. Sergio Ramírez (Premio Cervantes 2017), exiliado en Madrid, ha visto prohibida su última novela en su Nicaragua natal, donde corre el riesgo de ser encarcelado arbitrariamente. Por desgracia, en América Latina, los escritores y poetas han pagado con demasiada frecuencia un alto precio por la libertad de expresión y la libertad de creación literaria. "A los ojos del poder absoluto, la novela se convierte en subversiva", subrayó el escritor en la entrega de la Medalla de Oro que le concedió recientemente el Círculo de Bellas Artes. "Hay algo de lo que nadie podrá desterrarme nunca, ni siquiera el más tiránico de los poderes, y es mi propia lengua", dijo el escritor nicaragüense. Otros en su situación, en países donde su lengua está confinada en su propio territorio, han sido exiliados y censurados, y han muerto en vida. Ramírez, al igual que otras personalidades de la literatura nicaragüense, como Gioconda Belli (Premio Eñe de Literatura 2018), no cesará en su empeño de defender la libertad de creación en lengua española, intentando que sus palabras lleguen a su país aprovechando las rendijas que ofrecen las redes sociales. "Por eso las palabras se vuelven tan temibles. Porque tienen un filo, porque desafían, porque no pueden ser sometidas. Porque son la expresión misma de la libertad".

El polifacético escritor Mircea Cărtărescu, según muchos, el poeta contemporáneo más importante de Rumanía, también vivió de cerca la censura, al haber nacido y crecido en un régimen dictatorial como el de Ceausescu. "Conozco bien el valor de la libertad", dijo recientemente en un encuentro en la Escuela de Oficios Artísticos SUR, donde afirmó que no creía en el posthumanismo, sino en la humanidad en el sentido más clásico: "Prefiero creer en los valores y en el poder de las personas, porque creo que sobreviviremos y seremos capaces de superar estos problemas".

Curiosamente, tanto Cărtărescu como Ramírez, en estos discursos a los que hemos aludido, reivindicaron la herencia de Ovidio, el poeta latino desterrado, cruel y arbitrariamente, por el emperador Augusto. Confinado a las orillas del Mar Negro, recogió en su "Tristia" el dolor y la impotencia ante lo que hoy llamaríamos censura. Su único defecto, como se refleja en una carta en la que solicitaba la clemencia del emperador, era que se había "dedicado al arte".

Asistimos a la aprobación de legislaciones regresivas en materia de derechos humanos, política de igualdad o del colectivo LGTBI

Por desgracia, hay muchos ovidianos de nuestro tiempo, incómodos para el poder y los discursos hegemónicos, exiliados y perseguidos, censurados y silenciados. La libertad de expresión y la libertad de creación artística están en el centro de estas políticas de perfil nacionalista y escaso o nulo fundamento democrático. Pero no sólo los artistas, escritores e investigadores son víctimas del resurgimiento de estas políticas identitarias excluyentes y radicales. Asistimos atónitos, en el corazón de nuestro continente, a la aprobación de legislaciones regresivas en materia de derechos humanos, política de igualdad o del Asistimos atónitos, en el corazón de nuestro continente, a la aprobación de legislaciones regresivas en materia de derechos humanos, política de igualdad o del colectivo LGTBI. Surgen síntomas que conducen inexorablemente a la intolerancia y la discriminación, conceptos antagónicos a la identidad europea.

El nacionalismo identitario y radical ya está a la cabeza del gobierno en algunos países. En otros países, fuerzas políticas similares aún no han llegado al poder, pero están agazapadas esperando su oportunidad, mientras crecen al amparo del descontento económico, la crisis sanitaria o el hartazgo social. El auge de estos partidos es una de las principales amenazas para el proyecto europeo: son rápidamente identificables porque su ideología comparte algunos rasgos comunes en todos los países: crítica a las políticas migratorias, cuestionamiento de la Unión Europea, rechazo a la globalización en favor de un mayor proteccionismo, negación del cambio climático e incluso de la pandemia, crítica al feminismo... Junto a ello, todas estas fuerzas comparten una cierta nostalgia por un pasado (anterior a la creación de la Unión Europea) que consideran más beneficioso para los intereses de su país que el actual escenario de ayuda mutua, política común y solidaridad en el que se basa Europa.

Una vez identificado el problema, creemos que es el momento de aportar soluciones, y estamos convencidos de que la cultura es especialmente útil para frenar el avance de estos peligros. Y esto, quizás, porque la cultura es precisamente una de las principales víctimas. En lugar de esperar una defensa por parte de las administraciones nacionales o supranacionales, sin resignarse a quedar relegada a un segundo plano, el mundo de la cultura europea ha decidido unirse y defender la riqueza de los modos de vida que nos han legado el tesón y los sacrificios de las generaciones pasadas. La historia de Europa es una historia de conflictos. Pero es también, y sobre todo, una historia de superación. Europa, como entidad política siempre in fieri, es el fruto de décadas de duro trabajo que han conducido a un proyecto que, más allá de los símbolos, ha demostrado que no hay ideal tan utópico que no pueda alcanzarse cuando se sustenta en la voluntad de millones de personas.

Foto: El primer ministro húngaro, Viktor Orbán. (Reuters)

Son tiempos especialmente difíciles. En efecto, a este marco político incierto se suman las secuelas de la crisis económica provocada por la pandemia, que ha debilitado considerablemente el sector cultural. Sin embargo, una mirada al pasado muestra que la cultura europea ha pasado por otros momentos en los que su supervivencia se ha visto muy comprometida, pero siempre ha conseguido salir adelante. A nuestro favor tenemos hoy una serie de recursos que nos permiten estar conectados de forma constante e instantánea y que además sirven para diseñar medidas innovadoras en la defensa del arte y la cultura europea. Y de la mano de la innovación, tenemos quizá el arma más poderosa: la tradición, que es la experiencia que atesoramos, rebosante de arte, historia y cultura. El cultivo y el conocimiento de las tradiciones culturales europeas son, de hecho, un factor determinante al que debemos recurrir en tiempos de crisis como los actuales. No solo para buscar pilares sólidos sobre los que construir nuestra sociedad, sino también para revisarla, transformarla y hacerla avanzar ante los nuevos retos a los que nos enfrentamos.

Estos compromisos por parte de la Alianza Europea de Academias vuelven a ponerse de manifiesto a través de la reunión que celebramos en Madrid. Además de una mejor comprensión de la situación actual de la cultura en Europa, los debates internos y las sesiones públicas darán lugar a una serie de documentos y proyectos destinados a hacer frente a las diversas amenazas que pesan sobre nuestras sociedades y sobre la propia dignidad del ser humano. El título de esta conferencia ("el poder del arte") no es casual: defendemos con total convicción el poder del arte y, al mismo tiempo, la resistencia del arte frente al poder.

En su sentido más amplio, la palabra cultura no abandona el origen del que procede: el latín colêre con ese significado de "cultivar" o "cuidar algo". La antropología la ha reconocido como el conjunto de rasgos y valores en los que se constituye la identidad, con la ambivalencia de, por un lado, establecer diferencias y, por otro, constituir lo que nos une. Lo que acecha es la apropiación de este concepto en su adjetivación como nacional, un uso ajeno a lo que significa una cultura transnacional, en su localización como prácticas y patrimonios artísticos, que definen la naturaleza de una cultura europea. Por lo tanto: ¿Es posible una cultura transnacional europea? ¿Cómo podemos utilizar el potencial de la cooperación artística para superar las políticas nacionalistas que acunan las culturas nacionales en Europa? ¿Qué pueden hacer las instituciones culturales frente a los brotes de exclusión identitaria que proliferan en varios países? ¿Cómo se puede defender la libertad de creación artística con acciones conjuntas y coordinadas en todo el continente?

Unión Europea Crisis Parlamento Europeo
El redactor recomienda