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Las palabras y las cosas: socialdemocracia

Ser hoy socialdemócrata es algo vacío de contenido y de un uso espurio. Ese uso esconde que se trata de dar por bueno un capitalismo acrítico que desfigura la realidad

Foto:  La presentación del documento "Por una nueva socialdemocracia" de Pedro Sánchez en 2017. Eran otros tiempos (EFE Luca Piergiovanni)
La presentación del documento "Por una nueva socialdemocracia" de Pedro Sánchez en 2017. Eran otros tiempos (EFE Luca Piergiovanni)

Que las palabras no hacen las cosas es incuestionable. Pero que las palabras pueden cambiar la percepcion que tenemos de las cosas es igualmente incuestionable. En este poder lingüístico se han apoyado siempre sofistas de medios pelos, charlatanes, falsarios y mentirosos.

Sucede, sin embargo, que algunas palabras se han subido tanto a la tarima que se las considera moneda aceptable. Un par de ellas dominan nuestro espacio público. Se lanzan desde púlpitos interesados y se repiten con obediencia inconsciente. Y juegan un papel político que rezuma desfachatez. Porque de esta manera se impide pensar y se somete a la gente con facilidad pasmosa.

Una de esas palabras es Socialdemocracia. Muchos se presentan como socialdemócratas y especialmente lo hacen quienes se autotitulan de izquierdas. No importa que desconozcan la historia o el significado de Socialdemocracia. Pero la palabra funciona con la magia de lo que se convierte solo con pronunciarlo en un hecho. Habría, sin embargo, que desenmascarar esa magia tan barata como efectiva. Y es que ser hoy socialdemócrata es algo vacío de contenido y de un uso espurio. Ese uso esconde que se trata de dar por bueno un capitalismo acrítico que desfigura la realidad. Ser socialdemócrata para oponerse a la derecha es como usar un paraguas para detener un diluvio. Menos ignorancia y mas autenticidad ayudarían a poner las cosas en su sitio y que no es otro sino el de una realidad que se nos oculta.

Ser socialdemócrata para oponerse a la derecha es como usar un paraguas para detener un diluvio

La otra palabra es Estructural. La palabra se ha convertido en un argumento a beneficio de cualquier causa. Se entona con arrogancia y con aire intelectual. Pero queda muy lejos de pasar de mero sonido a un razonamiento serio. En sentido estricto, una estructura es un conjunto de piezas armónicamente situadas. En boca de políticos y sus acólitos sirve para zanjar y simplificar un problema complejo.

He escogido estos dos ejemplos dentro del enjambre de palabras que en vez de aclarar, confunden. La primera es más general mientras que la segunda es más coyuntural. Pero ambas son el retrato de una sociedad que se deshilacha.Y que si no se revierte conduce a un estado de cosas tan mentiroso que asusta. Un nihilismo que todo lo invade asoma en el horizonte. Acabo añadiendo que no soy socialdemócrata. Y que no lo digo estructuralmente.

Que las palabras no hacen las cosas es incuestionable. Pero que las palabras pueden cambiar la percepcion que tenemos de las cosas es igualmente incuestionable. En este poder lingüístico se han apoyado siempre sofistas de medios pelos, charlatanes, falsarios y mentirosos.

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