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El definitivo obituario de Franco, cincuenta años después
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José Antonio Zarzalejos

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El definitivo obituario de Franco, cincuenta años después

Con este obituario de Franco y su contexto, de Miguel Ángel Aguilar, nos liberamos de la manipulación de unos y de otros y nos adentramos en el disfrute de una obra periodística, histórica y literaria que, sin pretensiones hiperbólicas, merece mucho

Foto: El cadáver de Franco, vestido en su uniforme de capitán general. (Getty Images)
El cadáver de Franco, vestido en su uniforme de capitán general. (Getty Images)

Si convergen en un mismo relato una depurada técnica narrativa, el testimonio personal de los hechos que se describen y abundantes lecturas ajenas bien destiladas, el resultado es No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco, una narración de Miguel Ángel Aguilar que hace honor a su trayectoria periodística y reivindica el oficio profesional artesanal, lejano al manufacturado con IA. Si además el texto es tan breve como conciso y suficiente, estamos ante un brillante y definitivo obituario de Francisco Franco elaborado con la serenidad y el juicio que otorga la distancia temporal de medio siglo.

La veteranía de Aguilar, con un currículo largo, a veces proceloso y cambiante, es resistente. Como escritor supera al orador y cuando hiende el bisturí corta más que con su repertorio de ironías. Ahora solo se permite la del título (efectivamente, no había costumbre de que Franco fuese mortal, pero mortal fue) y se regala apenas alguna maldad de las suyas con las que juguetea a modo de travesuras perdonables. Aquí nos damos de bruces con el Miguel Ángel Aguilar más exacto, hondo, puntilloso y literario. Con un periodista total.

No hay capítulo del episodio que Aguilar desgrana que sea mejor que otro, porque, del prefacio a la coda, todos engarzan con exactitud relojera en secuencias hilvanadas que comienzan con la tromboflebitis de Franco, de la que el autor se entera en un bar en julio de 1975, y concluyen en la madrugada del 20 de noviembre, cuando, recién acostado, descuelga el teléfono: "Miguel Ángel, Franco ha muerto". Para rematar una faena digna de galardón, Aguilar, en ejercicio de esa su perspicacia que a veces no administra con prudencia sin importarle no hacerlo, incluye un glosario que agradecerán los lectores. Define, en términos exactos, hasta 26 conceptos que formaron parte de la jerga franquista (‘Contubernio’, ‘desarrollismo’…) y de las crípticas descripciones de los partes médicos del Caudillo (‘Peritonitis bacteriana’, ‘tromboflebitis’). Acaso un dramatis personae hubiese complementado ese glosario que es de una originalidad notabilísima.

placeholder Cubierta de 'No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco', de Miguel Ángel Aguilar.
Cubierta de 'No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco', de Miguel Ángel Aguilar.

La ignorancia histórica no admite excusa cuando se publican obras como esta de Miguel Ángel Aguilar en la que el autor enhebra digresiones biográficas que vuelven al tronco del relato con especial habilidad y definen el espacio histórico y el marco de acontecimientos en el que se produjo el óbito del dictador que pareció —quizás a los suyos más que a él— dotado de inmortalidad. Porque el periodista estuvo ahí: en la noticia de la enfermedad del general, en la Lisboa de los claveles, en la brutalidad de las cinco ejecuciones de septiembre de 1975, oyendo, desolado, las descargas y contemplando los cuerpos yacentes de los fusilados, en el Sáhara de la ‘Marcha Verde’ y, en fin, en el vestíbulo de La Paz atendiendo la lectura de los partes médicos de Franco en la imperturbable voz de Manuel Lozano Sevilla.

La aportación de Aguilar, al margen ya de la acumulación bien sistematizada de datos, fechas, circunstancias, referencias, es otro intangible necesario, hoy más que nunca: la serenidad. El autor se contiene en sus emociones y calcula los adjetivos, de tal manera que deja que la historia siga siéndolo renunciando al pasquín. Transmite en su texto rigor, pero también responsabilidad. Su alineamiento sigue siendo tan firme como hace medio siglo, pero se expresa sin esa explicitud con la que, a menudo, se ofende la inteligencia de los ciudadanos. Por esa razón, entre otras muchas, que los lectores descubrirán, con este obituario de Franco y su contexto, nos liberamos de la manipulación de unos y de otros y nos adentramos en el disfrute de una obra periodística, histórica y literaria que, sin pretensiones hiperbólicas, merece mucho la pena.

Si convergen en un mismo relato una depurada técnica narrativa, el testimonio personal de los hechos que se describen y abundantes lecturas ajenas bien destiladas, el resultado es No había costumbre. Crónica de la muerte de Franco, una narración de Miguel Ángel Aguilar que hace honor a su trayectoria periodística y reivindica el oficio profesional artesanal, lejano al manufacturado con IA. Si además el texto es tan breve como conciso y suficiente, estamos ante un brillante y definitivo obituario de Francisco Franco elaborado con la serenidad y el juicio que otorga la distancia temporal de medio siglo.

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