Tribuna
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El venerable mito musical de Santa Cecilia de todos los noviembres
Un pueblo de espaldas a la música y en donde el ruido ocupe todo el espacio sonoro es el signo de una sociedad que se pierde en la trivialidad
Los católicos veneran y celebran en noviembre a Santa Cecilia. Sobre esta santa se ha escrito y especulado mucho. Y mucho de lo que sobre ella se ha escrito parece que tiene poco de historia y casi todo de mito. Eso no obsta para que entrara en las distintas liturgias, en el arte, en la piedad popular y, sobre todo, en la música. Un texto en el que indica que tocaba el órgano ha servido para que se convierta en patrona de la música. Algunos creen que lo del órgano es una confusa traducción del latín cuyo significado tiene que ver más con los castigos del martirio que con el arte musical. El hecho es que la que fue presentada como virgen se convirtió en el referente cristiano de Orfeo. En el mito griego, Orfeo calmaba a las fieras y esa calma se extendía a todo. No olvidemos que música proviene de musa. Y las musas inspiraban creando las artes. El arte de la música es universal y a todos nos envuelve de una u otra manera.
Siendo todavía joven pertenecí a la Schola Cantorum de la Universidad de Comillas. Cantaba de bajo y el director era el Padre Prieto. Todo un músico y un todoterreno en la materia. El día de Santa Cecilia cantábamos su himno y nos daban una cena especial. Recorrimos media Europa cantando y respiramos un aire de libertad del que carecíamos en nuestro país. En ese coro viví la armonía musical compartida. El coro nos retrotrae a la tragedia griega y tiene el eco de nuestros ancestros humanos. Y la voz es el más importante de todos los instrumentos. He nacido en un pueblo que, cuando está triste, canta y, cuando deja de estar triste, vuelve a cantar. Armonizar distintas voces es un privilegio del ser humano. Desconfío de quien dice gozar con la música y no sabe cantar.
La música es el caldo en el que se cuece la inteligencia. Los clásicos son la música de fondo
Todo ello me lleva de nuevo a la música. Decía Nietzsche que un mundo sin música sería invivible. Otros, antes y después de él, han dicho cosas semejantes. La música es el caldo en el que se cuece la inteligencia. Los clásicos son la música de fondo. La música popular, un lugar en el que reír y descansar. Una persona sin música desfallece. Y un pueblo de espaldas a la música y en donde el ruido ocupe todo el espacio sonoro es el signo de una sociedad que se pierde en la trivialidad. Cantemos.
Los católicos veneran y celebran en noviembre a Santa Cecilia. Sobre esta santa se ha escrito y especulado mucho. Y mucho de lo que sobre ella se ha escrito parece que tiene poco de historia y casi todo de mito. Eso no obsta para que entrara en las distintas liturgias, en el arte, en la piedad popular y, sobre todo, en la música. Un texto en el que indica que tocaba el órgano ha servido para que se convierta en patrona de la música. Algunos creen que lo del órgano es una confusa traducción del latín cuyo significado tiene que ver más con los castigos del martirio que con el arte musical. El hecho es que la que fue presentada como virgen se convirtió en el referente cristiano de Orfeo. En el mito griego, Orfeo calmaba a las fieras y esa calma se extendía a todo. No olvidemos que música proviene de musa. Y las musas inspiraban creando las artes. El arte de la música es universal y a todos nos envuelve de una u otra manera.