Tribuna
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Más silencio y más sonrisa
En una sociedad cada vez más rota e intoxicada, es conveniente ejercitar prácticas autodefensivas. El silencio es una de ellas y, a buen seguro, altamente eficaz, al igual que sonreír
En tiempos poco lúdicos y en donde la sociedad se ve cada vez más rota e intoxicada, sería conveniente ejercitarse en ciertas prácticas o modos de vida que sean autodefensivos. Se trata de actitudes y gestos adecuados para una mayor paz interna frente al ruido ambiental. Además, son mensajes que pueden apaciguar ánimos que se expresan con una lamentable violencia. El silencio es uno de ellos y, a buen seguro, altamente eficaz.
Ante la idiotez, la palabrería, el oído que nada escucha o el argumento que rueda sin razón, lo mejor es callar. Ante el resentimiento que se disfraza de falsa indignación, la mejor respuesta sigue siendo callar. Porque el silencio es como una música acompasada que ralentiza el tiempo. Y deja en el aire la palabra odiosa o la voz inane. El silencio, así, es una terapia que apacigua el alma y cura las heridas provocadas por los males entrecruzados del sinsentido. Un sinsentido que se abre paso entre gritos, opiniones forzadas o simplezas disfrazadas de supuestas verdades.
Ante la idiotez, la palabrería, el oído que nada escucha o el argumento que rueda sin razón, lo mejor es callar
El silencio crea espacios en los que entenderse y respeta aquellos en los que no nos entenderemos nunca. Porque somos distintos y la perfección es un ideal inalcanzable. Callarse no es otorgar sin más. Porque existe un silencio que interpela, sugiere y, a modo de Orfeo con la lira, desactiva los brotes violentos. No nace de la nada sino de una vida que habla por sí misma. No retumba, solo indica, señala y calma. El silencio, de esta manera, nos arropa y defiende.
La sonrisa es otra de las potencias que tenemos para no ser abatidos por temporales en los que se dan la mano la ignorancia y la imbecilidad. Sonreír quiere decir reír un poco. No es la burda carcajada, que tanto molestaba a Platón, sino algo que parece escaparse de lo más tierno de nuestro ser.
La sonrisa tiene un efecto extraordinario: desarma al contrario y da satisfacción al sonriente
La risa denota siempre, si exceptuamos la burlona que lastima, alegría. Con la risa nos expandimos, nos movemos a gusto, ponemos en marcha el humor. Un chiste, un cómico o un comentario jocoso nos hacen reír. Con la sonrisa, sin embargo, todo es más austero pero más profundo. Y tiene un efecto extraordinario. Se ha dicho que la sonrisa de un niño podría parar una guerra. Una sonrisa madura que surge con espontaneidad no lograra parar una guerra, pero es un bastión contra tanto guerrillero suelto. Desarma al contrario y da satisfacción al sonriente.
En un mundo que corre alienado y en donde la falta de cordura se mueve al son del dinero, necesitamos protegernos, nos viene bien como cobijo contra tanto frío. El silencio y la sonrisa pueden ser nuestros patrones. Desarmamos sin armas y posamos una mirada limpia en el mundo.
En tiempos poco lúdicos y en donde la sociedad se ve cada vez más rota e intoxicada, sería conveniente ejercitarse en ciertas prácticas o modos de vida que sean autodefensivos. Se trata de actitudes y gestos adecuados para una mayor paz interna frente al ruido ambiental. Además, son mensajes que pueden apaciguar ánimos que se expresan con una lamentable violencia. El silencio es uno de ellos y, a buen seguro, altamente eficaz.