A Luis de Guindos le gusta 'El descendimiento'
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Peio H. Riaño

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A Luis de Guindos le gusta 'El descendimiento'

El ministro de Economía y Competitividad señala la obra maestra de Rogier van der Weyden porque “se adelanta a lo que va a venir después”. “Su simetría es maravillosa”, añade

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El ministro de Economía y Competitividad señala una de las piezas claves de las que se pueden ver en el Museo del Prado como su favorita: El descendimiento, de Rogier van der Weyden (1399-1464). Junto a la Virgen Durán y Calvario forman la cima de la sofisticación de una carrera artística decisiva que enterró las fórmulas añejas del Gótico Internacional (y la de sus maestros, Van Eyck y Robert Campin). Precisamente, Luis de Guindos aprecia del cuadro que “se adelanta a lo que va a venir después”.

Los especialistas suelen destacar la maestría y la minuciosidad de la pincelada con la que trabaja, “tanto en un cuadro de bolsillo como en uno a escala monumental”, como el propio Descendimiento (dos metros de alto y casi tres de ancho). Y a pesar de su capacidad magistral para el detalle, no le interesa tanto el mundo que ve como el que se imagina.

Compone en grandes aparatos teatrales, como ocurre en el grupo del Descendimiento: es una caja escénica en la que la acción dramática está orquestada para que sentimiento, forma y fábula conmuevan al espectador. Luis de Guindos se interesa por las dotes compositivas del maestro de Tournai: “Su simetría es maravillosa”.

Esta maravilla casi desaparece en el traslado desde Lovaina (Bélgica), donde la compró María de Hungría. Fue enviado a España y alguna crónica de 1604 relata cómo debido a un percance marítimo del barco que la transportaba naufragó. “Pero el cuadro flotó y fue rescatado. Como lo habían embalado muy cuidadosamente, la pintura apenas padeció”, contó entonces Karl van Mander. Ahora naufraga en la diplomacia, porque el cuadro pertenece a Patrimonio Nacional, que lo reclama desde hace un año para reinar en el nuevo Museo de las Colecciones Reales que se inaugurará en 2016, pero El Prado se niega a devolverlo, junto con otras tres pinturas.

Hay lágrimas y dolor. Pero sobre todo hay silencio. La obra de Van der Weyden impresiona por la solemnidad mayúscula de sus composiciones. Cuerpos casi escultóricos, envueltos en telas de colores puros y estridentes rompen la gravedad, se asfixian en los límites del cuadro. El pintor como director de escena que convierte los personajes del Cristo muerto y la Virgen derrotada en dos líneas paralelas, rodeadas por dos grupos de tres y la cruz en el centro. Una pintura monumental.

Luis de Guindos Pintura Museo del Prado
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