Irene Escolar y el teatro de Van der Weyden

La actriz de 26 años recuerda el impacto del 'Descendimiento' en visita de colegio al museo

Foto: La actriz Irene Escolar
La actriz Irene Escolar

Es fácil hablar de teatro y pintura con una actriz cuya obra favorita del Museo del Prado es El descendimiento (1435), de Roger van der Weyden (1399-1464). Porque para el pintor flamenco todo era teatro y quizá sea en esta enorme tabla –de la que ya hablamos hace días con el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos- donde la representación escenográfica toca techo: desde la composición a los personajes. Irene Escolar (Madrid, 1988) también cita a Jan van Eyck (1390-1441) y El matrimonio Arnolfini (1434), porque nada es casual, porque los dos maestros cruzaron sus vidas constantemente, porque hubo un tiempo en que estos dos cuadros convivieron con los mismos reyes, hasta que José Bonaparte roba el retrato de la pareja, junto a otras tantas joyas, en su huida de España.

“Me impactó mucho cuando la vi con mi clase, en una visita del colegio al museo. No la esperaba tan grande ni tan monumental. Me llamó la atención la postura de Cristo y de la Virgen, las lágrimas de una de las tres Marías. Todos los personajes encajados como si no cupieran en la escena. Recuerdo todo lo que me contó mi profesor, desde la composición al simbolismo”, explica. Desde luego, Descendimiento, Tríptico de Miraflores o Calvario son obras que hacen de los siglos y los gustos ridículas anécdotas.

La actriz de carrera imparable tanto en cine como en teatro, interpretó a la princesa Juana en la serie de televisión Isabel. Para dar forma a este personaje recurrió al inmenso cuadro de Francisco Pradillo, donde Juana mira totalmente ida el cadáver de su esposo, en un momento del trayecto hasta Granada, donde sería enterrado Felipe el Hermoso. No es un cuadro que le impresione tanto como nuestro protagonista, sin embargo encuentra detalles propios de su oficio en las maneras del pintor español. 

Pintores y directores de escena, artistas dando vida a lo que no la tiene pero quiere representarla. El arte de la escenografía de Van der Weyden es evidente al diseñar las relaciones de los grupos de personajes; el trabajo de dirección de los caracteres y las personalidades de los personajes buscando la máxima credibilidad en sus rostros sobre la escena que representan; los colores que manipulan la mirada del espectador, moviéndose únicamente al dictado del pintor, el director, el creador. “Compone para dar foco donde quiere, que el ojo del espectador vaya donde él diga”, cuenta Escolar sobre la maestría escenográfica de los artistas flamencos del siglo XV. 

Un Prado al día

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