Fernando Aramburu descubre el camarote de los hermanos Marx en 'El Descendimiento'
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Peio H. Riaño

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Fernando Aramburu descubre el camarote de los hermanos Marx en 'El Descendimiento'

El escritor encuentra en la obra de Rogier van der Weyden que la representación del dolor de las víctimas no ha ocultado la dignidad con la que deben pasar a la memoria colectiva

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A lo largo de este mes hemos hablado de El Descendimiento de Rogier van der Weyden (1300-1464) con el ministro Luis de Guindos y la actriz Irene Escolar, donde salió a la luz la importancia de la escultura y los volúmenes para el pintor flamenco. También hablaron sobre la composición y la proximidad a la escenografía y lo teatral de los caracteres de sus personajes, mostrándose como dramaturgo y pintor. El escritor Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), autor de Los peces de la amargura (Tusquets) añade una nueva dimensión a la visión del cuadro: el lugar que ocupa la dignidad de las víctimas en una obra de arte, plástica o literaria.

“El descendimiento de Rogier van der Weyden lo traíamos mi compañero de aventuras contraculturales y yo aprendido del colegio. En mis tiempos se estudiaban cuadros. Una afortunada idea del profesor. Así pues, veníamos los dos versados en las diagonales paralelas del Crucificado y de María, en las verticales de los otros y de la cruz central, y en el cierre a modo de paréntesis de las dos figuras laterales”.

No se trata tan sólo de hacer arte con el dolor de las víctimas, sino de construir para ellas un lugar digno

“Mi compañero y yo, jóvenes iconoclastas por entonces, entramos al Museo del Prado con el propósito de mofarnos de las obras expuestas. De hecho, todo arte es parodiable, lo cual supone una lectura más, superficial si se quiere, pero divertida. Y el cuadro de Van der Weyden nos pareció, en nuestro desenfadado ateísmo de aquella tarde lejana, una especie de camarote de los hermanos Marx”.

“Este cuadro me ha gustado luego contemplarlo a solas. Me inspira, allá en mi pequeño núcleo humano, una intensa identificación con el sufrimiento ajeno, que aquí se manifiesta en una variedad de gestos y de posturas corporales”.

“Entre las lágrimas y la resignación, entre el dolor desatado y el pensativo sereno, se reparten las figuras. Y, según observo los pormenores del cuadro, trato de ponerme en el lugar de una u otra. De un ejercicio similar de empatía han salido algunos libros míos”.

No se trata tan sólo de hacer arte con el dolor de las víctimas, sino de construir para ellas un lugar digno con líneas, volúmenes y colores, en mi modesto caso con palabras, en la esperanza de que merezcan perdurar en la memoria colectiva”.

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