El Vietnam de Carolina: una gesta entre ojos rasgados, 'torturas' y fuego amigo

El oro de Río era su objetivo y para ello se prepararon duramente. Carolina Marín y su inseparable Fernando Rivas hicieron realidad su lema: "Puedo porque pienso que puedo"

Foto: Ilustración Raúl Arias
Ilustración Raúl Arias

No es por exagerar ahora que todo el mundo habla de ella y se cuelga de su medalla, pero los éxitos de Carolina Marín en un deporte como el bádminton solo se pueden analizar -y por tanto valorar- desde la exageración. Pocas gestas mayores se conocen o son comparables en la historia del deporte. El caso de la española fue como encontrar una aguja en un pajar. Fernando Rivas, su inseparable entrenador y coprotagonista de unos resultados impensables, lo hizo al ver en una niña de 14 años, nacida en Huelva y que bailaba flamenco, a una potencial campeona del mundo. Caro era un diamante en bruto que Fernando ha sabido pulir. 

Entre millones y millones de practicantes asiáticas, desde chinas a japonesas pasando por indias, indonesias, tailandesas y coreanas, ahí se ha colado Carolina Marín, imponiéndose técnica, táctica, física y mentalmente a todas ellas. A grito 'pelao' para intimidarlas aún más si cabe, Marín se ha ganado el respeto -y el temor- de sus rivales y también la admiración y el cariño de quienes no entienden un carajo de bádminton, aunque viéndola jugar no solo disfrutan, sino que perciben lo difícil que era acabar con el monopolio de las jugadoras de ojos rasgados en un deporte prácticamente clandestino en España. No es por exagerar, no, pero para llegar donde ha llegado, a lo más alto del podio de los Juegos de Río, Carolina también ha vivido su particular Vietnam, en el que no han faltado ni sangre ni sudor ni lágrimas. 

Fernando Rivas, junto a Carolina Marín, tras ganar el oro olímpico de bádminton en los Juegos de Río. (Reuters)
Fernando Rivas, junto a Carolina Marín, tras ganar el oro olímpico de bádminton en los Juegos de Río. (Reuters)

"Para aguantar lo que Caro está aguantando, hay que tener un deseo muy grande de ganar el oro en los Juegos", confesó Fernando Rivas en una entrevista con El Confidencial la semana de viajar a Río. El entrenador de la doble campeona del mundo, de Europa y ahora también olímpica, ha preparado a su pupila con el mismo objetivo de siempre: lograr la excelencia. Y lo ha hecho a su manera, pero siempre junto a un equipo de trabajo que completan su segundo, el danés Anders Thomsen, los fisios Diego Chapinal y Alberto Gallego, el prestigioso 'coach' Juan Carlos Álvarez Campillo, los técnicos Ernesto García, Rafael Vázquez y Yoana Martínez, así como otro grupo de colaboradores que analiza partidos y más partidos formado por Enrique Bernardos, Carlos Longo, Vicent Martínez... Todos liderados por Fernando y entregados a la causa de Carolina.

Ventiladores en las paredes del pabellón del CARD de Madrid para entrenar con viento, algo que sucede en algunos pabellones donde el uso del aire acondicionado suele resultar inevitable, circunstancia que condiciona enormemente el juego. Una cámara con una humedad del 90% en la que encerrarse durante los descansos para acostumbrarse al ambiente que la aguardaba en Río. Cientos de partidos analizados en un pequeño despacho en el que la presencia del 'gran danés' Anders lo convierte en diminuto. Todo tipo de cachivaches sobre unos tapices especiales para poder soportar las durísimas sesiones de entrenamiento. Una máquina de última generación para trabajar la fuerza e, incluso, unos torniquetes que se colocan en las piernas y las dejan sin circulación, lo que obliga a hacer un esfuerzo mayor.

Sí, una serie de 'torturas chinas' para pulir al máximo ese talento innato de Carolina Marín para el bádminton, y que gracias al llamado 'método español' de Fernando Rivas le ha permitido, no solo llegar, sino instalarse como la mejor jugadora del mundo. Sarna con gusto no pica y a la andaluza le encanta practicar horas y horas un deporte del que se ha convertido en referencia, pero lo que ha tenido que esforzarse y sacrificarse para llegar donde ha llegado solo lo saben ella y quienes han estado a su lado. "Lo que está aguantando en los entrenamientos no lo ha aguantado nadie. Hasta un entrenador danés que nos visitó en Ibiza me dijo que ningún hombre lo aguantaría", nos explicaba Rivas en la entrevista antes mencionada.

Carolina ya tenía antes de ir a Río de Janeiro dos campeonatos del mundo, pero el oro olímpico brilla más, tiene más repercusión y de hecho ha sido capaz de congregar frente al televisor a millones de espectadores, la mayoría de los cuales jamás hubieran pensado que un día disfrutarían y sufrirían viendo un partido de bádminton, además de asistir a un momento histórico. Desde un punto de vista técnico y táctico, los triunfos de Caro serían comparables a que, por ejemplo, el velocista español Bruno Hortelano derrotara al mismísimo Usain Bolt. No, no es una exageración: esta es la gesta de Carolina Marín.

Aunque suene raro, el peor enemigo de Carolina y Fernando Rivas ha estado (y todavía sigue estando) en casa. David Cabello, presidente de la FESBA, aún tuvo la osadía de dejarse ver en la entrega de medallas, aunque Carolina se encargó de escenificar el distanciamiento con un dirigente que, incapaz de gestionar el éxito, no dudó en ponerlo en peligro. Basta con recordar las palabras de Carolina en Santander, donde desveló su sufrimiento -"me he sentido como una porquería"- y pidió públicamente la dimisión del citado Cabello.

Carolina Marín, entre Pusarla y Okuhara en el podio de Río, con Cabello y Samaranch al fondo. (Reuters)
Carolina Marín, entre Pusarla y Okuhara en el podio de Río, con Cabello y Samaranch al fondo. (Reuters)

A pesar de la euforia o la emotividad, de estar viviendo el momento de gloria con el que tanto había soñado, la onubense se mantuvo fría y, a diferencia de lo que hizo con Juan Antonio Samaranch júnior cuando le entregó la medalla de oro, ni dio opción a David Cabello de hacerse la foto que este buscaba. Cuando ganó su segundo Mundial, en Yakarta, lo más cerca que estuvo el presidente de la FESBA de esa imagen fue al otro lado de la cámara, mientras Caro posaba con todo su equipo. Sí, lo raro es que la fotografía no saliera movida y que, al menos hasta este sábado, sea la que ilustre su cuenta de Twitter @caro_marin2 que, después de la eclosión vivida en Río, se acerca ya a los 100.000 seguidores. 

Esta vez, Carolina se limitó a darle educadamente las gracias varias veces a Cabello, sin apenas inclinarse para evitar los besos de Judas y no tener que escuchar lo que su todavía presidente le decía, posiblemente palabras que nada tenían que ver con sus actos. Con decir que dentro del propio bádminton español hay quien piensa que David no quería que Marín ganara el oro...

Por cierto, el dirigente granadino está pendiente de un juicio por plagio, razón que recientemente llevó a dimitir a un miembro del COI, algo que él no solo no ha hecho, sino que incluso parece dispuesto a presentarse a la reelección. Sí, verle como si nada en los Juegos de Río resultó tan bochornoso como la imagen de José Luis Sáez, el inhabilitado expresidente de la Federación Española de Baloncesto, en las gradas junto al ministro Iñigo Méndez de Vigo y el presidente del CSD, Miguel Cardenal.

"La suerte es para los que la necesitan", me respondió Fernando delante de Carolina cuando me acerqué al CARD de Madrid para despedirme de ellos a tres días de viajar a Río. Y lo cierto es que no la necesitó. La resiliencia, virtud que Rivas siempre destaca de su puplia, hizo acto de presencia en la final, después de perder el primer set, algo que no había sucedido en todos los Juegos. Lo que vino después, todo el mundo pudo verlo y disfrutarlo. Carolina y Fernando ganaron 'el partido de su vida', precisamente el título del libro escrito por ambos y cuya lectura es imprescindible no sólo para conocer los secretos de sus éxitos, sino también para entender y valorar el mérito que tiene lo que han logrado. 

A mi bola

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