El altivo Luis Enrique se bajó los pantalones con Messi... y así le fue: lo ganó todo

Agobiado por una presión que él mismo se ha encargado de inflar con su carácter avinagrado, el técnico del Barça tuvo que tragar con alinear siempre a Leo y tampoco le fue nada mal

Foto: Rueda de prensa de Luis Enrique. (EFE)
Rueda de prensa de Luis Enrique. (EFE)

"Si supieran todos estos la millonada que me van a pagar..." Esta fue la contestación que Luis Enrique le dio al árbitro que durante uno de sus últimos partidos con el Real Madrid, cuando ya se sabía que había fichado por el FC Barcelona, le animó a sobrellevar los pitos que recibía por parte de la grada del Bernabéu. Sirva esta anécdota para entender a un personaje -más que a una persona- que prácticamente desde que regresó al Camp Nou para dirigir a su primer equipo no ha dejado de exprimir a sus colaboradores, hartar a sus jugadores y pegarse con los periodistas.

Con ocho títulos bajo el brazo que aún pueden ser diez, pues mientras remontar el 4-0 del PSG en la Champions es una quimera, tanto la Copa como LaLiga están a su alcance, Luis Enrique dejará el Barça tremendamente desgastado, además de arrugado. De hecho, anunciar recién empezado el mes de marzo que la próxima temporada no seguirá en el banquillo azulgrana deja claro que el asturiano no aguantaba más la presión. Necesitaba soltarla así, de sopetón, tras golear a su querido Sporting, aunque con un discurso bien preparado y, por supuesto, sin admitir preguntas de una sala de prensa a la que por una vez no vio como enemiga, sino, como dice Sergio Scariolo, "un puente con los aficionados, que tienen el derecho a tener más datos a través de los protagonistas".

Lo contamos en su día en El Confidencial. Tras la suplencia de Messi en Anoeta en enero de 2015, la ausencia del argentino en el entrenamiento del día siguiente, oficialmente a causa de una gastroenteritis, aunque 'Mundo Deportivo' aseguró que Luis Enrique pidió al club que se le abriera expediente, Josep Maria Bartomeu llamó a su despacho al técnico asturiano para dejarle claro que “en el Barça juegan Leo y diez más que tú decidas”.

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Es decir, que el presidente le impuso al entrenador la alineación de Messi como condición para seguir en el cargo. Luis Enrique tuvo entonces la opción de no aceptar, lo que posiblemente le hubiera supuesto la destitución. Pero la acató. Agachó la cabeza y en las posteriores ruedas de prensa declinó hablar sobre el asunto. Eso sí, pese a la chulería y la altivez con la que se comporta delante de los periodistas, Lucho nunca ha superado el hecho de que todos supieran lo que tuvo que tragar para mantenerse en un puesto al que también se aferró pese a la celebración de elecciones a la presidencia y que el 30 de junio dejará vacante sin dar opción a que Bartomeu le ofreciera -o no- la renovación.

Messi, en el banquillo de Anoeta, durante el partido disputado por el Barça contra la Real Sociedad el 4 de enero de 2015. (EFE)
Messi, en el banquillo de Anoeta, durante el partido disputado por el Barça contra la Real Sociedad el 4 de enero de 2015. (EFE)

Y eso que al asturiano no le fue nada mal desde su desencuentro con Messi, pues en su primera temporada en el banquillo del Camp Nou ganó el triplete -Liga, Copa y Champions-, títulos a los que más tarde sumó la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes, mientras que en la segunda repitió Liga y Copa y se llevó la Supercopa de España. Ni que decir tiene que la contribución de Leo en la consecución de estos ocho trofeos fue decisiva, como lo será en las competiciones en las que el Barça aún sigue vivo en lo que resta de la presente campaña.

Al igual que le sucede a Cristiano Ronaldo en el Real Madrid, Messi tiene alergia al banquillo y odia que le sustituyan. Por eso una condición sine qua non que deberá traer de serie el sustituto de Luis Enrique es tener asumido que Leo es insustituible. "Anunciaremos el nuevo entrenador el 1 de julio. Trabajamos con tranquilidad y discreción", aseguró Bartomeu tras el anuncio del asturiano. De ser así, el presidente del Barça no lo tendrá fácil para tapar sus cartas, pues en el caso de que el elegido fuera Ernesto Valverde (aunque sus bazas no son las mismas que cuando la dirección deportiva la ocupaba Andoni Zubizarreta) lo normal es que se supiera antes, ya que el Txingurri está pendiente de renovar o no con el Athletic, club que preside su íntimo amigo Josu Urrutia.

Aunque también se ha especulado con los nombres de otros dos exazulgranas como Koeman (Everton) y Eusebio (Real Sociedad), precisamente por el factor Messi y una renovación que es prioritaria para el Barça, el mejor colocado sigue siendo su compatriota Jorge Sampaoli. El ahora técnico del Sevilla, equipo al que tiene disputando LaLiga con Madrid y Barça, incluyó en su contrato una cláusula por la que puede irse previo pago de 1,5 millones, una cantidad irrisoria para el club catalán. Su opción, en la que iría incluida la llegada -por fin- de Juanma Lillo, es la que mayor peso deportivo tiene hoy por hoy en la entidad azulgrana.

PD: Sabido es lo diplomático que Guardiola es con todos sus colegas. A excepción del altercado dialéctico con su ahora vecino Mourinho cuando ambos dirigían a Barça y Madrid, respectivamente, ya saben, lo del famoso "puto amo", Pep siempre suele deshacerse en elogios hacia el resto de entrenadores, aunque no en todas las ocasiones piense lo que dice. No iba a ser menos en el caso de Luis Enrique. "Es un día triste porque hay pocos que sean mejor que él”, dijo el técnico del Manchester City al conocer el anuncio de que no continuará la próxima temporada en el Barça. Eso sí, bien en cierto que Guardiola dijo lo que dijo de Luis Enrique "como culé"...

A mi bola

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