La insoportable necedad del Pep (y el enorme error de frivolizar con la Duodécima)

Las incoherencias, más incluso que las ofensas, de Guardiola reciben críticas que se pueden calificar de lógicas, pero sobra alguna que lo único que hace es confundir a la opinión pública

Foto: Pep Guardiola, junto a Carles Puigdemont, aplaude al finallizar un acto con el lema 'Referéndum es democracia'. (EFE)
Pep Guardiola, junto a Carles Puigdemont, aplaude al finallizar un acto con el lema 'Referéndum es democracia'. (EFE)

Como era de esperar, la presencia y participación de Pep Guardiola en el primer acto de apoyo al referéndum secesionista anunciado por Carles Puigdemont para el próximo 1 de octubre le costó al entrenador catalán ser despellejado por analistas, columnistas o tertulianos políticos. No en vano, el técnico del Manchester City acusó al Gobierno de España de "poner en marcha una persecución política impropia de una democracia en la Europa del siglo XXI", reclamó "ayuda internacional" para enfrentarse "a los abusos de un Estado autoritario" y acabó su alocución en catalán, español e inglés con un desafiante "votaremos aunque el Estado español no lo quiera".

Antonio Fernández. BarcelonaAntonio Fernández. Barcelona

Hay que valorar que un personaje público dé la cara y se moje en asuntos políticos o sociales, pero lo que no se debe es chapotear en los charcos y, por supuesto, ofender con comentarios como que España es un Estado autoritario y poner en duda nada menos que su democracia. Lo dijo Voltaire: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo". Guardiola tiene todo el derecho a sentir, hacer y decir lo que quiera, pero, por más que apele a la libertad de expresión, él la ha tenido y la tiene para hacerlo, de ahí que no se entiendan algunas de sus soflamas. Eso sí, con lo inteligente que es, parece mentira que lea el primer papel que le pongan delante. Porque si no conocía el contenido del manifiesto, mal, pero si lo sabía, peor.

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Mi admirado Pep -lo fue como futbolista y ahora lo es como entrenador- debería recordar que no somos lo que decimos, sino lo que hacemos, y su privilegiada vida está llena de experiencias que poco tienen que ver con lo que ahora predica, de ahí que resulte tan sencillo echárselas en cara. Y no me refiero solo al recurrente hecho de haber vestido la camiseta de la Selección española en 47 partidos, y con la que anteriormente se colgó el oro en los Juegos de Barcelona 92. También a su vinculación a dos "Estados autoritarios", como Qatar, del que fue embajador con vistas a la organización del Mundial 2022, o los Emiratos Árabes Unidos, cuyo jeque es propietario del multimillonario City, su actual club.

Pep Guardiola, durante su discurso secesionista en Barcelona. (Reuters)
Pep Guardiola, durante su discurso secesionista en Barcelona. (Reuters)

Por cierto, y por si a Guardiola se le había pasado por alto, pues entonces ya no entrenaba al Bayern, el pasado mes de enero el Tribunal Constitucional alemán dictaminó que el land de Baviera no tenía derecho a celebrar un referéndum de independencia porque su secesión vulneraría la Ley Fundamental de Alemania. ¿Les suena? Pues sí, y, lo siento, pero tengo serias dudas de que cuando Pep regrese a Múnich, capital de Baviera, se atreva a calificar a Alemania de "Estado autoritario".

"La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír", sentenció George Orwell, aunque en el caso de Guardiola es precisamente lo contrario, pues ahora dice lo que muchos catalanes quieren oír, si bien antes hizo lo que esos mismos catalanes tanto detestan. El compromiso nunca puede ser a la carta. No se puede ser coherente a ratos y consecuente solo cuando me viene bien, Cualquier causa conlleva renuncias. Como escribí en su momento, el independentismo militante de Oleguer retrata el oportunista de Pep. "Si hubiera existido un estado catalán, habría jugado con la selección catalana porque soy de Santpedor, pero en aquel momento no era viable", ha llegado a decir.

Guardiola, con Messi en primer plano, durante el enfretamiento de Champions entre City y Barça. (Reuters)
Guardiola, con Messi en primer plano, durante el enfretamiento de Champions entre City y Barça. (Reuters)

Claro que una cosa es criticar la actitud de Guardiola desde una perspectiva política, en la que yo me niego a entrar pues no es mi negociado, y otra llevarlo al ámbito futbolístico. "Si (Guardiola) está aludiendo (con lo del Estado autoritario) a la Duodécima y a la Liga, comprendemos su frustración: la hegemonía del Real Madrid empieza a resultar ciertamente abusiva. Y para colmo el único título que puede celebrar su Barça colonial lo entrega el Rey de la metrópoli".

Aunque solo sea porque en casos tan serios como el que nos ocupa es mejor decir el pecado, pero no el pecador, omito el firmante de semejante frivolidad. Este tipo de comentarios son los que más daño hacen a una opinión pública en la que, como decía Unamuno, "cuando menos se lee, más daño hace lo poco que se lee". Mezclar churras con merinas, es decir, fútbol con política, es una coctel habitualmente explosivo y, por tanto, peligroso.

Enrique MarínEnrique Marín

Parafrasenado la famosa novela de Milan Kundera 'La insoportable levedad del ser', la película que está protagonizando Guardiola con el asunto catalán bien podría titularse 'La insoportable necedad del Pep', de ahí que lo mejor sea hacer oídos sordos o al menos no llevarlo al plano deportivo, pues lo mismo que el catalán ha demostrado ser un gran entrenador como antes un gran futbolista, este domingo exhibió sus escasas dotes de político, aunque, claro, sabido es que para ser político, cuanto peor se es, más lejos se llega...

A mi bola

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