El Madrid ficha a un vasco y el Athletic, a un africano (pero no a Marco Asensio)

Eneko Delgado recala en Valdebebas, mientras a Youssouf Diarra le vale su breve paso por Pamplona para ir a Lezama, donde el madridista fue descartado pese a ser hijo de vasco

Foto: Marco Asensio celebra su gol en la final de la Champions. (EFE)
Marco Asensio celebra su gol en la final de la Champions. (EFE)

En el verano de 1989, tras la marcha de Loren al Athletic de Bilbao previo pago de los 300 millones de pesetas de su cláusula de rescisión, la Real Sociedad decidió por votación en una asamblea de socios compromisarios cambiar su política deportiva y compaginar su tradicional apuesta por la cantera con la llegada de fichajes. En contra de lo que se piensa y porque en aquellos momentos el mercado extranjero era, calidad-precio, mucho más asequible económicamente que el nacional, hasta la contratación del asturiano Boris en 2002 todos los fichajes que hizo el equipo donostiarra fueron de jugadores no españoles. Así, la primera incorporación fue la del delantero británico John Aldridge, aunque, insisto, fichar solo extranjeros no fue lo que se aprobó.

Mientras tanto, en Bilbao, donde este mismo verano pretendían repetir con el realista Jon Bautista lo que en su día hicieron con los Loren, Etxeberria o Zubiaurre, venden y presumen de mantener intacta su filosofía de jugar solo con futbolistas vascos o salidos de la cantera de los equipos de Euskadi y Navarra. Sin embargo, y aunque les cueste reconocerlo, en el club que ahora preside Josu Urrutia no dejan de hacerse trampas al solitario, pues su política deportiva no es la que parece y cada vez se parece más a la que realmente es.

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Basta el ejemplo más reciente de que mientras un jugador vizcaíno como Eneko Delgado jugará la próxima temporada en el Real Madrid, el Athletic firmará a Youssouf Diarra (Bamako, 13-9-98) para incorporarlo, de momento, al Basconia, su tercer equipo, aunque con vistas a dar pronto el salto al segundo. José Mari Amorrortu, director deportivo del club bilbaíno, intentó convencer al ya ex jugador del Danok Bat cuando se enteró de que se marchaba a Valdebebas.y, tal y como contamos en El Confidencial, después no dudó en mentir y filtrar que Eneko había sido descartado por los técnicos de Lezama. El bilbaíno estaba en la agenda de Chelsea, con el que se estuvo entrenando, Barcelona, Betis, Valencia y Eibar, aunque al aparecer el Real Madrid lo tuvo claro.

Sí, el caso de Delgado contrasta con el de Youssouf Diarra, quien con ocho años llegó a Lleida procedente de Mali. Empezó a jugar en el Cervera, el equipo de la localidad en la que residía. Posteriormente lo hizo en el Tarraga, el Cervera de nuevo y la Bordeta, antes de recalar en el Lleida juvenil. Hace dos temporadas, justo después de no poder jugar el Mundial Sub 17 por una lesión de tobillo, llegó a Pamplona para seguir con sus estudios y fichó por el Ardoi, club vinculado a Osasuna. Este año, jugando ya en el pamplonés Txantrea, el Athletic le llevó a Lezama para hacer una prueba y convenció.

El presidente del Athletic, Josu Urrutia, durante una rueda de prensa. (EFE)
El presidente del Athletic, Josu Urrutia, durante una rueda de prensa. (EFE)

La incorporación de Diarra, además de levantar cierta polémica, vuelve a dejar en evidencia la filosófica del Athletic, que en su ideario establece como bases para jugar en el equipo bilbaíno haber nacido en Euskadi o ser formado en cualquiera de los equipos de cantera vascos, incluidos entre estos los navarros. Claro que esa formación siempre se había entendido dentro de un proceso natural, algo que en el caso de Diarra no sucede, pues lo mismo que se fue a vivir a Pamplona por consejo de un agente FIFA, pudo haber ido a cualquier otra ciudad o, incluso, otro país. Además, no es la primera vez que el Athletic utiliza esa fórmula de asimilación express.

Youssouf Diarra
Youssouf Diarra

“El Athletic es una utopía hecha realidad", dijo este martes Josu Urrutia en el Biscay ESG Global Summit, un foro sobre inversión responsable en el que el presidente rojiblanco siguió vendiendo la moto. Cabe recordar que en la primera plantilla rojiblanca se dan actualmente los casos de Aymeric Laporte y Enric Saborit. El francés fichó siendo un niño tras pasar por el Aviron Bayonnais cuando él es natural de Agen, una localidad que está 250 kilómetros más al norte. Por su parte, el catalán llegó al Athletic tras despuntar en las categorías inferiores del Espanyol aprovechando que su madre se trasladó a trabajar a Vitoria. Normal que, según Urrutia, uno de los cuatro aspectos que en su opinión con básicos para liderar un proyecto sea “tener claro que estamos ante la narración de un cuento”. Él los cuenta de maravilla.

Curiosamente, mucho más sencillo lo tuvieron en Lezama para haber fichado al ahora madridista Marco Asensio, pues su padre es vizcaíno y, además, siempre estuvo pendiente de que surgiera esta posibilidad. "No entiendo por qué no le ficharon si es hijo de un vasco de Barakaldo. Yo era partidario de haberlo fichado", opina el ex seleccionador español Javier Clemente. "Un hijo de vasco tendría que poder jugar en el Athletic. En la etapa de Pedro Aurtenetxe en el Athletic se hizo un estudio sobre hijos y nietos de oriundos vascos. Yo era partidario de traerlos. ¿Por qué no? Estamos hablando de unos vascos que se fueron a Argentina o Uruguay en la época de la guerra y sus hijos para mí también son vascos", explica Clemente.

Lo peor de todo, y de lo que más se quejan no pocos aficionados del Athletic, es que el fichaje de Diarra contrasta con el proceder hacia jugadores formados en Lezama desde pequeños y a los que no se les dan oportunidades, de ahí que tampoco sean pocos los que preferirían irse a Zubieta, donde la Real sigue trabajando la cantera con naturalidad, mientras ficha, ya sea en el mercado nacional o internacional, aquello que considera necesario para reforzar una plantilla en la que la mayoría de jugadores son de casa. Como decía John Toshack, responsable de fichajes tan rentables deportiva y económicamente como los de Kodro, Karpin o Nihat, "la Real compra tiempo". Sí, y sin hacerse trampas al solitario como el 'cuentacuentos' de Urrutia. .

A mi bola
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