Illarra: ni fue un capricho de Florentino ni nadie le vetó (como a Iñigo en el Barça)

Su golazo a las órdenes de Lopetegui en Israel, es decir, con el técnico y en el país en el que en 2013 se consagró en el Europeo Sub 21, reivindica al jugador (de ida y vuelta) de la Real

Foto: Illarramendi, junto a su ex compañero Nacho, celebra el gol de la victoria de España ante Israel. (EFE)
Illarramendi, junto a su ex compañero Nacho, celebra el gol de la victoria de España ante Israel. (EFE)

"Llegué siendo un niño y ahora me voy como un hombre", dijo entre lágrimas Illarramendi el día que se despidió de la Real Sociedad para fichar por el Real Madrid. Sin embargo, cada partido que pasa desde que regresó a Zubieta, da igual que lo hiciera con o sin el rabo entre las piernas, parece claro que donde Asier llegó como un niño y se marchó como un hombre fue de Valdebebas. Aún recuerdo algunos mensajes de madridistas que celebraron su traspaso, a pesar del pésimo negocio que supuso para su club ficharle por más de 32 millones de euros y venderlo dos años después por alrededor de 17, eso sí, en el fichaje más caro de la historia de la Real.

Y tuvo que ser en Israel, precisamente el país en el que se dio a conocer internacionalmente en el Europeo Sub 21 de 2013 junto a los Isco, Koke, Thiago, Nacho, Bartra, Carvajal, Iñigo Martínez, Rodrigo, Morata y De Gea, ahora todos internacionales absolutos, y de nuevo a las órdenes de Julen Lopetegui, donde Illarra recordó que su fichaje por el Real Madrid no fue un capricho de Florentino Pérez. Su gol, golazo puede decirse, dio la victoria a España en Tierra Santa, cerró de manera brillante la clasificación de La Roja para el Mundial 2018 y sirvió para reivindicar a un futbolista cuya experiencia es un ejemplo de que no siempre la mejor opción es la que más ceros y títulos ofrece.

Si el Illarra que se vio en Anoeta antes de quitarse las rayas azules ya tenía muy buen nivel, el que volvió tras su fugaz paso por el Madrid es un futbolista, no sólo más maduro personalmente, sino con mucha más confianza en sus posibilidades, quizás lo que necesitó para poder triunfar en el Bernabéu. Llegó arrastrando unas molestias físicas, le faltó la confianza de Ancelotti, siempre se vio a la sombra de Xabi Alonso y el partido de Dortmund le convirtió en un blanco demasiado fácil. Así, mientras Illarra apenas tuvo protagonismo en la consecución de los títulos que ganó en el Madrid, en la Real se ha convertido en un jugador fundamental, sobre todo desde que Eusebio se encontró -después de mucho probar- con la terna que el mutrikuarra forma junto a Zurutuza y Xabi Prieto.

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"Me ha costado un poco tomar esta decisión, pero creo que es la buena. Futbolísticamente es algo irrechazable", dijo Asier cuando se marchó de la Real. El tiempo se encargó de quitarle la razón, aunque la experiencia en la capital de España le hizo más fuerte. “Mi objetivo era disfrutar sobre el campo de más minutos porque en el Madrid no tuve tantos. Al final lo conseguí y es lo que buscaba. Estoy en casa a gusto, disfrutando del fútbol y contento", reconoce ahora que vuelve a triunfar vestido de txuri urdin. El Athletic le ofreció un dineral, pero él tuvo siempre claro que si dejaba el Madrid era para volver a la Real. Ahora no vive en Mutriku, sino en San Sebastián. De hecho, se hizo a la vida de un gran ciudad como Madrid, donde incluso montó un negocio con otros futbolistas, pero siempre echó de menos el lugar donde mejor se encontró.

Xabi Alonso sustituye a Illarramendi durante un partido de LaLiga en el Bernabéu. (EFE)
Xabi Alonso sustituye a Illarramendi durante un partido de LaLiga en el Bernabéu. (EFE)

El caso de Iñigo Martínez

Este mismo verano fue su compañero y amigo Iñigo Martínez quien estuvo a punto de dejar la Real para irse en su caso al FC Barcelona. Tal y como ya contamos en El Confidencial, el central era una petición expresa del nuevo técnico azulgrana, Ernesto Valverde, quien también le pretendió como posible sustituto de Aymeric Laporte en el Athletic cuando el francés estuvo en conversaciones con el Manchester City y el propio Barça. Sin embargo, y después de que el presidente Josep María Bartomeu telefoneara a su homólogo realista Jokin Aperribay para informarle de sus intenciones, movimientos en el vestuario de Messi para que su compatriota Mascherano no tuviera más competencia en la zaga, hicieron que de nuevo Bartomeu llamara a Aperribay para comunicarle que finalmente descartaban el fichaje de Iñigo.

Es respetable, además de comprensible, que cualquier futbolista piense que irse al Madrid o al Barcelona es una oportunidad "irrechazable", como en su día pensó y dijo Illarra. Sin embargo, y tal como el propio Asier vivió en primera persona, no siempre dar un paso de estos conlleva necesariamente encontrar la felicidad, por mucho dinero que ganes y fama que te preceda. A veces, como en el caso del mutrikuarra, hay que regresar a casa cual hijo pródigo para comprobar que para ser feliz no hace falta necesariamente cambiar de camiseta. Ahí está el ejemplo de Xabi Prieto, a quien con motivo de su partido 500 con la Real el público de Anoeta tributó ante el Villarreal una ovación en el minuto 10, el dorsal que el donostiarra tanto dignifica y que en su día llevó Jesús Zamora.

Illarra, ante Borja Mayoral, en el partido de LaLiga entre la Real y el Madrid en Anoeta. (EFE)
Illarra, ante Borja Mayoral, en el partido de LaLiga entre la Real y el Madrid en Anoeta. (EFE)

El testimonio de Satrustegui

Precisamente, el 10 de la Real bicampeona de Liga ha publicado un libro en cuyo prólogo otro mito como Satrustegui cuenta que "el Barcelona presentó una oferta para ficharnos a Zamora, a Arconada, a López Ufarte y a mí que, de haberla aceptado, la Real podría haberse pagado la construcción de un estadio propio". Según el máximo goleador de la historia del club txuri urdin, "nosotros no salimos de la Real porque no queríamos irnos de nuestro club de toda la vida. Y nada tiene que ver con la existencia en aquella época del derecho de retención. Con la magnífica relación que teníamos con el presidente, Orbegozo jamás nos habría retenido. Para los futbolistas de nuestra generación, la Real era nuestra casa y no queríamos dejarla por dinero".

Pues sí, aunque todavía haya muchos que piensen, y no sin motivos para hacerlo, que el fútbol ha perdido toda su esencia y que ya no quedan jugadores que no miren únicamente el color del dinero sino los de la camiseta que de verdad sienten, ahí está el mencionado caso de Xabi Prieto. Si bien con un paréntesis en el Real Madrid, también está el de Illarra, a quien cuesta visualizar volviendo a hacer otra vez las maletas. A diferencia de lo que le sucedió a su amigo Iñigo, en el Madrid nadie vetó su fichaje, sino que fue él solito quien se equivocó, aunque sabido es que rectificar es de sabios. Su golazo en Jerusalén cierra el círculo. Estar en el Mundial de Rusia dependerá de él y de su paisano Lopetegui, quien hizo bien en colocarle junto al centenario Busquets, pues si algo es Illarra es polivalente.

A mi bola

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