Arbeloa, del 'chorreo' de Anfield a una demagogia que genera antimadridismo

"No entiendo cómo queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad", escribió Arbeloa, el mismo que disfrutó ganando 4-0 al Madrid con el Liverpool

Foto: Arbeloa disputa un balón con Raúl, durante el Liverpool-Real Madrid de Champions en 2009. (EFE)
Arbeloa disputa un balón con Raúl, durante el Liverpool-Real Madrid de Champions en 2009. (EFE)

Como bien escribió Eduardo Galeano, "el fútbol es la única religión que no tiene ateos". Lo que no nos dijo el brillante escritor uruguayo es que en el fútbol hubiera unos evangelizadores de pacotilla. Sabido es que no hay nada más superficial que hacerse de un equipo por el simple hecho de que gana, pues en ese caso el sentido de pertenencia es tan interesado como impostado. Vamos, algo sí como hacer la Primera Comunión solo por los regalos.

"No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad". Este fue el mensaje que Álvaro Arbeloa (Salamanca, 1983) escribió en su cuenta de Twitter al término del Real Madrid-Bayern y que explica a lo que me refiero. En su nueva condición de comentarista de Real Madrid Televisión, es lógico pensar que el ex jugador buscó el aplauso fácil de los madridistas, aunque al mismo tiempo molestó a los aficionados del resto de equipos, la mayoría de ellos incondicionales a pesar de no llegar a finales -o en algunos casos llegar y perderlas- a unos colores tan dignos como los que más y, a diferencia de Arbeloa, sin necesidad de cobrar por ello, sino en muchos casos pagando religiosamente una cuota de socios o abonados.

​Por si no recordaban o directamente no lo sabían, cuando en diciembre de 2016 Arbeloa regresó a Liverpool para jugar contra los 'reds' con la camiseta del West Ham, le hicieron una entrevista en la que tuvo un especial recuerdo para el famoso 'chorreo' de la Champions de 2009. "Recuerdo cuando ganamos 4-0 al Real Madrid en Anfield. Fue una noche fantástica", dijo, posiblemente buscando un buen recibimiento. "Vamos a disfrutar del momento porque no todos los días se gana 4-0 al Madrid en Champions", comentó después de aquel encuentro el salmantino, para quien entonces la felicidad no era ser del Real Madrid, sino del Liverpool, sencillamente porque era el club que le pagaba. ¿O acaso alguien cree que en la final de Kiev tendrá el corazón dividido?

Sí, es normal que ahora que ha regresado a trabajar al Real Madrid -y con más razón si cabe al hacerlo como comentarista de una televisión propia de Corea del Norte-, Arbeloa haya vuelto a ponerse, no la camiseta blanca, sino la bufanda. Aunque es cierto que el club que preside Florentino Pérez hace tiempo que se convirtió en universal, con la inmensa mayoría de sus aficionados -o clientes, sería más correcto decir- fuera de Madrid, de España e incluso de Europa, no por ello debería haber perdido los valores que le hicieron grande, y especialmente uno del que siempre presumió don Santiago Bernabéu: el señorío.

Lo cierto e irrefutable es que el Real Madrid vuelve a estar por tercer año consecutivo en la final de la Champions, la cuarta en los últimos cinco años, lo cual tiene un mérito enorme. Sin embargo, y porque en el fútbol no se analiza en función del resultado, sino el juego, no debería olvidarse que para llegar a ella tuvo que volver a sufrir por su desesperante falta de juego, pese a contar con futbolistas de sobra para tenerlo, gestionarlo e imponerlo. Con 22 remates, once de ellos a una portería bien defendido por Keylor Navas, once córners y una posesión del 60% pese a jugar en el Bernabéu, el Bayern lo hizo todo para ganar, pero le faltó la suerte que tuvo el Madrid para no perder.

La suerte de que el árbitro y sus auxiliares no vieran un penalti por mano de Marcelo justo antes del descanso y de que nada más reanudarse la segunda parte Tolisso cediera un balón a su portero y este se hiciera un lío que permitió a Benzema, sí, otra vez Benzema, marcar el 2-1. Pueden llamarlo como quieran, flor de Zidane o magia del Madrid en Champions, pero lo cierto es que los madridistas solo respiraron tranquilos cuando el árbitro pitó el final del partido.

Los jugadores celebran la clasificación para la final de la Champions 2018. (Reuters)
Los jugadores celebran la clasificación para la final de la Champions 2018. (Reuters)

Fomentar el antimadridismo

"Yo creo que sí hay antimadridismo", dijo Lucas Vázquez tras los polémicos cuartos de final contra la Juventus, para sumarse así a lo dicho en la misma línea por Zidane. "Fastidia muchísimo ver al Madrid ocho años seguidos en semifinales y la gente se alegra de nuestros males", afirmó el gallego, aunque son precisamente comentarios como los de Arbeloa tras el empate ante el Bayern los que generan ese antimadridismo. ¿Tanto cuesta reconocer, por ejemplo, la superioridad de los alemanes en ambos partidos? ¿Acaso no es suficiente alegría volver a estar en la final para no aceptar que el Madrid no mereció ni siquiera empatar en el Bernabéu?

Que el Real Madrid es el mejor club del mundo no hace falta que lo diga Florentino Pérez y lo repitan sus adláteres por el simple hecho de agradarle. Su palmarés está ahí y su gen competitivo, especialmente en la Copa de Europa, también. Sin embargo, ser de un equipo de fútbol no es habitualmente una elección racional, al menos para quienes les guste este deporte y no todo lo miden por lo que ganas, sino por lo que sientes. Dudo mucho que a un solo madridista la noche del famoso 'chorreo' en Anfield le pareciera "fantástica", por más que entonces el presidente fuera Boluda y no Florentino. En cambio, a Arbeloa sí se lo pareció y así lo sigue recordando años después, de ahí que ahora no debería ir dando clases de madridista. Aunque, claro, si cobra por hacerlo y una parte, que no toda, de la afición se lo toma en serio...

P.D: De Benzema si eso hablamos otro día...

A mi bola

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