La impotencia de Busquets, ¿el siguiente en la lista negra del dueño del cortijo?

Sergio Busquets, único superviviente del Barça en la Selección, paga más que nadie el ida y vuelta de Luis Enrique, al que Inglaterra le dio una lección de humildad... y de táctica

Foto: Sergio Busquets corre tras Harry Kane durante el España-Inglaterra. (Reuters)
Sergio Busquets corre tras Harry Kane durante el España-Inglaterra. (Reuters)

Tras la victoria en Cardiff, la tercera consecutiva con Luis Enrique en su banquillo, la Selección encadenó 27 partidos seguidos sin perder e iba camino de igualar su racha de 1997 (31) y quién sabe si incluso la de 2009 (35), récord mundial. Sin embargo, Inglaterra no fue la de Wembley (1-2) y le endosó una derrota en casa (2-3), algo que no sucedía en partido oficial desde hace 15 años, cuando Grecia ganó 0-1 en La Romareda. Desde entonces, 34 victorias y cuatro empates. De hecho, si nos remontamos un poco más en el tiempo, desde el Mundial 82 España solo había perdido otro encuentro de competición como local, ante Francia (1-2) en 1991.

El partido del Heliópolis, que ya empezó mal con la vergonzosa pitada al 'God save the Queen', fue un bajonazo en la supuesta remontada postmundialista de la Selección, por más que muchos sigan olvidando u obviando lo que pasó en Rusia para que todo se fuera al garete. Y no solo por el resultado, que al final hasta quedó maquillado con otro postrero gol de Sergio Ramos, sino por la pobre imagen ofrecida, especialmente en la primera parte. Cuando el árbitro pitó el final del partido, Sergio Busquets lanzó un pelotazo -algo indigno en él- fruto de la impotencia, con tan mala fortuna que impactó en Szymon Marciniak. El polaco fue directo hacia él con la tarjeta amarilla en la mano, pero el centrocampista catalán se disculpó y finalmente se libró de la amonestación. Normal que estuviera enfadado.

Pero antes de seguir con Busquets, no quitemos los focos de quien tanto los ha acaparado desde que fue nombrado seleccionador por obra y gracia de Luis Rubiales, el omnipresente presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF). "En la primera parte nos han superado muchas veces y hemos cometido muchos errores individuales", fue el análisis en caliente que hizo Luis Enrique, el primero que llegaba crecido al duelo contra Inglaterra y que salió con el rabo entre las piernas por más que intentara disimularlo. No sé qué entiende el asturiano por "errores individuales", pero los tres goles de Inglaterra llegaron en claros desajustes colectivos o tácticos de España, a los que hay que sumar, claro está, la calidad de los Kane, Sterling y Rashford para ejecutar a De Gea, quien poco o nada pudo hacer.

Es verdad que los cuatro defensas, desde los centrales -Ramos y Nacho- a los laterales -Jonny Otto y Marcos Alonso- no estuvieron acertados, pero la culpa no fue solo de ellos, sino de todo el equipo y, por supuesto, de quien los alineó y preparó. Después de haberse llevado más flores de las que merecía, pues basta con recordar cómo le fue a España con Julen Lopetegui hasta el Mundial, Luis Enrique no puede irse de rositas tras la histórica y sonrojante derrota ante Inglaterra, pues nunca en su historia la Selección se había ido perdiendo al descanso por 0-3 en un partido oficial. Solo Escocia lo consiguió en un amistoso disputado en 1963.

Sergio Busquets, junto a Thiago, se queja al árbitro con Sterling en el suelo. (Reuters)
Sergio Busquets, junto a Thiago, se queja al árbitro con Sterling en el suelo. (Reuters)

En contra de muchas lecturas, yo creo que Inglaterra no vapuleó a España al contragolpe, pues, como dijo Lucho, ya fuera consciente o inconscientemente, "nos ha costado presionarles". Efectivamente, porque los ingleses salieron jugando desde atrás, moviendo el balón con criterio y superando, no solo la primera línea de presión de los Iago Aspas, Rodrigo y Marco Asensio, sino también el centro del campo español. ¿Acaso eso es jugar al contragolpe? Claro que fue el propio Luis Enrique el que añadió: "Nos han generado muchas contras" y "el castigo ha sido severo, porque han sido tres transiciones y tres goles". Una incoherencia en toda regla, como las que cometió más tarde y luego comentaré.

Sin Piqué, sin Jordi Alba, sin Iniesta...

Con un Sergio Busquets aislado e impotente, el peor síntoma de que la Selección no podía jugar como se supone que pretendía, Inglaterra se impuso no solo en el marcador, sino también en el juego. El centrocampista del FC Barcelona ha pasado de jugar con Piqué -relevado por Nacho o Albiol y no por su relevo natural que es Marc Bartra-, Jordi Alba —sustituido caprichosamente por Marcos Alonso o Gayá—, Sergi Roberto -que sigue tocado y jugando de lateral- y, por supuesto, Iniesta, a hacerlo sin ninguno de ellos, por más que Thiago tenga el mismo ADN. Ya le pasó en el Barça cuando Luis Enrique ocupaba el banquillo del Camp Nou y apostó por el tridente Neymar-Messi-Luis Suárez. Lo de correr detrás del balón nunca ha sido el fuerte de 'Busi' y, por más que diga lo contrario, esto es lo que más le gusta al ahora seleccionador español. El problema es que Inglaterra aprendió la lección de Wembley y supo cómo contrarrestarle.

Luis Enrique, durante el España-Inglaterra jugado en Sevilla. (Reuters)
Luis Enrique, durante el España-Inglaterra jugado en Sevilla. (Reuters)

"La lectura positiva que hago es la segunda parte, donde mejoramos mucho, empezamos a cerrar al rival cerca de su área y tuvimos opciones", comentó Luis Enrique, quien parece olvidar —o quizás no lo quiso reconocer— que esa segunda parte estuvo condicionada por cómo fue la primera. Tras la reanudación, Gareth Southgate jugó o, mejor dicho, renunció a jugar, y su única intención fue defender el histórico 0-3 que campeaba en el marcador. El seleccionador inglés optó por un repliegue defensivo, hasta acabar jugando con cinco atrás, y sin apenas pisar el campo rival. Esto fue lo que en realidad motivó o permitió el dominio de España y sus numerosas llegadas al área inglesa. Eso sí, casi siempre a través de centros más que de pases. Más por ímpetu que por criterio o ideas.

"Está mal que yo lo diga, pero en el descanso estuve maravilloso", dijo Luis Enrique en otro alarde de chulería de momento consentida. "Lo normal habría sido matar a mis jugadores, pero no. He hecho todo lo contrario, les he reforzado", añadió. Sí, es cierto que prefirió no señalar a nadie tras el 0-3 con el que España se fue al vestuario y que no fue hasta la hora de partido cuando hizo cambios. Paco Alcácer y Ceballos relevaron a Saúl y Aspas y es verdad que la Selección ganó en ritmo, aunque para entonces Inglaterra ya estaba incomprensiblemente atrincherada y la única solución que encontró su equipo fue colgar balones al área pequeña de Pickford.

La incoherencia de Luis Enrique

Para seguir con su discurso cargado de soberbia e incoherencias, el seleccionador español dijo que "soy un entrenador experto y con personalidad y estoy preparado para cualquier fiesta". Aunque luego pretendió ir de humilde: "Yo no puedo corregir nada. Los jugadores son los protagonistas. Mi método en el descanso a veces es pegarle una patada a una mesa y cagarte en todo y a veces no". ¿En qué quedamos? Es evidente que a Luis Enrique todavía se le ríen las gracias por aquello de la novedad, el falso buenismo que Rubiales quiere implantar en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas y, sobre todo, después de sus primeros tres resultados. Claro que al cuarto llegó la primera victoria y fue de las que duelen.

"Nos vendrá bien cargar pilas, analizar jugadores y ver la próxima lista, que va a ser interesante", fue el último y enigmático mensaje de Luis Enrique, quien sufrió una cura de humildad, si bien el peor síntoma que dio España fue la impotencia de Busquets, un jugador que solo sabe jugar en equipo, aunque para eso hace falta que lo tenga. Por cierto, el centrocampista catalán se atrevió a reivindicar a Jordi Alba. "Llevaba ya mucho tiempo viniendo y como compañero lo echo de menos porque estoy acostumbrado a tenerlo, pero la decisión es del míster", dijo Sergio. Pues que se ande con cuidado el único superviviente del Barça en la Selección, pues sabido es cómo se las gasta el dueño del cortijo y el rojiblanco Rodri viene pegando fuerte.

A mi bola
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