Y de repente, el Ajax les recuerda a muchos que (todavía) les gusta el fútbol

El juego del Ajax, verdugo en Champions del Madrid (sin Cristiano) y de Cristiano (en una Juve que no es el Madrid), sirve para recordar que el objetivo es el mismo, pero lo bonito es el camino

Foto: Los jugadores del Ajax celebran su segundo gol a la Juventus. (EFE)
Los jugadores del Ajax celebran su segundo gol a la Juventus. (EFE)

Quizás por su osadía, su inocencia o su pasión por disfrutar sobre un terreno de juego, ahí donde otros no juegan para ganar, sino que sufren por la imperiosa necesidad de hacerlo. Quizás porque su fútbol, tan descarado como entretenido, es el que nos gustaría que hiciera nuestro equipo. Quizás porque, a pesar de contar con un menor poder financiero, ha sido capaz de eliminar al Real Madrid (sin Cristiano) y a Cristiano (en una Juve que no es el Madrid), en ambos casos tras un mal resultado en la ida (1-2 y 1-1, respectivamente), ganando la vuelta como visitante (1-4 en Madrid y 1-2 en Turín) y, lo más importante de todo, demostrando ser mucho mejor equipo.

Muchas pueden ser las razones por las que multitud aficionados al fútbol empatizamos estos días con el Ajax -aunque en mi caso la cosa viene de lejos-, pero lo cierto es que es así. Sin duda, un motivo de celebración, pues a buen seguro que, viendo el repaso que los holandeses le dieron a la Juve, muchos hinchas habrán recordado que todavía y pese a todo les sigue gustando el fútbol. Sí, el fútbol como juego y no como negocio, en el que solo importa el resultado, ganar partidos y acumular títulos. Ingresar más y más millones para poder gastarlos. En definitiva, ese fútbol en el que no hay aficionados, sino clientes que no sienten pero sí padecen.

Y es que hablar del Ajax es hablar de fútbol y no del fútbol. Por ejemplo, hablar de conceptos como la importancia de los interiores, los encargados de generar el juego por su capacidad y criterio para pasar, pero también los primeros en ejecutar la presión tras pérdida, con el fin de recuperar el balón lo antes posible y en campo contrario. Separándose de los centrales para permitir líneas de pase y colocándose a la espalda de la línea de presión rival, donde en el caso de estar marcados irrumpe la figura del llamado 'tercer hombre' para crear superioridad. Los famosos triángulos holandeses que ejecuta el Ajax y que el Barça llevó a su máxima expresión con Pep Guardiola y con Xavi, Iniesta y Messi, claro.

A Erik ten Hag, el modesto entrenador del equipo holandés, le preguntaron si su equipo está influenciado por los métodos del ahora entrenador del Manchester City y su respuesta fue: "Bueno, en términos de estructura, puedes comparar el estilo del Ajax con la forma de jugar de Guardiola. Pero, por otro lado, Guardiola aprendió, en cierta manera, de Johan Cruyff. Y decir Cruyff es decir Ajax". Y así es. Precisamente por eso cuesta tanto entender cómo el Barça ha perdido toda la identidad y depende única y exclusivamente del, sin duda, mejor jugador del mundo.

Como escribe Ignacio Benedetti en su 'Correspondencia de un náufrago' con la que nos deleita en cada número del magazine 'The Tactical Room', "mientras más atención prestemos a los chufleteros y sus venenosos altavoces, peor le irá a este juego que tanto nos ha dado. Si queremos que la patria futbolera no caiga derrotada, es necesario devolverle su fuerza y poner el foco en el juego mismo, en lo que dentro de él se genera". Y esto es precisamente lo que ha provocado el Ajax. No solo retratar a esos chufleteros a los que el fútbol ni les gusta ni les interesa más allá de la polémica, sino también poner el foco en lo realmente importa: el juego.

Cristiano se lamenta durante el Juve-Ajax, con Andre Onana al fondo. (EFE)
Cristiano se lamenta durante el Juve-Ajax, con Andre Onana al fondo. (EFE)

Ese abismo hacia el que nos dirigimos

"Ganar es una meta, inmediata, pero jamás será el objetivo primario de un equipo de fútbol", añade el mencionado periodista venezolano, sin referirse al equipo holandés, pero claramente pensando en los pocos equipos que juegan como el Ajax. "Este debe ser la construcción y la evolución de una cultura competitiva que le permita a determinado colectivo adaptarse y subsistir a las condiciones que impone la competencia, es decir, su hábitat natural", añade, por si hay dudas y en una clara sintonía con Antonio Iriondo, el entrenador del Rayo Majadahonda del que hace poco escribí y al que no me cansaré de reivindicar.

Por cierto, no puedo estar más de acuerdo con el 'náufrago' Benedetti cuando en la misma carta escribe que "en el paradigma del espectáculo futbolístico, antes el periodista era alguien que observaba, pensaba y comunicaba, mientras que hoy no es más que un hincha con diploma que se cree representante de ese colectivo que marcha sin prisa ni pausa hacia el abismo". Un abismo del que solo pueden rescatarnos equipos como el Ajax, un club que, según el Deloitte Money League, no está entre los 30 clubes más ricos de Europa.

Porque el fútbol es en la mayoría de los casos más un deber -la obligación de ganar- que un placer -la diversión de jugar-. Un triste viaje, como definió Eduardo Galeano la historia del fútbol. "Una victoria solo dura un día, pero la reputación puede durar toda una vida", dijo el difunto Johan Cruyff. "Ganar es una cosa importante, pero tener tu propio estilo, tener personas copiando tu estilo, admirándote, ese es el mayor regalo que te ofrece el fútbol". En definitiva, por juego y filosofía, como para no empatizar con el Ajax, ese equipo que les recuerda a muchos que (todavía) les sigue gustando el fútbol...

A mi bola

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