El indignado Verdasco aún estará buscando al guardia civil que le censuró en Instagram

El tenista madrileño creyó que le habían censurado en redes sociales una encuesta sobre el Gobierno. Aunque no fue así, lo realmente preocupante es que lo pensara y así lo denunciara

Foto: Fernando Verdasco, en el Open de Australia disputado el pasado mes de enero. (EFE)
Fernando Verdasco, en el Open de Australia disputado el pasado mes de enero. (EFE)

"Un país en guerra es aquel en el que escuchas un portazo y crees que es una bomba, mientras que un país en paz es aquel en el que escuchas una bomba y crees que es un portazo". Aunque no recuerdo ni tampoco soy capaz de encontrar a su autor, este parangón expuesto durante una clase de TGI (Teoría General de la Información) en mi primer año de facultad se me quedó grabado y ahora me sirve para entender e intentar explicar lo sucedido este fin de semana con la presunta censura denunciada por Fernando Verdasco.

Quizá porque están acostumbrados a subir a la red, los tenistas están siendo los más activos en las redes sociales durante el confinamiento. Así, mientras Feliciano López elogiaba la labor del alcalde de Madrid, precisamente a un madrileño como Verdasco se le ocurrió realizar una encuesta en su cuenta de Instagram sobre la gestión que el Gobierno de Pedro Sánchez está haciendo de la crisis del coronavirus. "¿Os gusta cómo está llevando el Gobierno la crisis del Covid-19?", era la primera pregunta, a la que acompañaba otra: "Si hoy tuvierais que votar, ¿votaríais al mismo Gobierno?". Para sorpresa de Fernando, cuando la encuesta llegó a las 1.000 participaciones, se cerró la opción de voto, y lo primero que pensó el tenista es que había sido censurada.

Sirva el precedente del exjugador de baloncesto Alfonso Reyes, sin duda el más 'guerrero' durante la pandemia del Covid-19, al haber vivido y contado en primera persona la enfermedad. Reyes hizo público el mensaje que le envió Twitter y que interpretó como una manera de controlar sus críticas al Gobierno. "Parece que tu cuenta incumple la política de Twitter relativa al 'spam'. Se limitará tu capacidad de seguir, dar 'me gusta' y retuitear durante el siguiente periodo de tiempo", explicó el propio Alfonso sin disimular su enfado.

Sin embargo, la verdad es que Verdasco se enredó, nunca mejor dicho, pues recurrió a su cuenta en otra red social como la mencionada Twitter para, indignado, denunciar la falta de libertad de expresión de la que pensaba que había sido víctima: "¡¡Me han bloqueado mis dos encuestas en Instagram justo a las 1.000 visitas!! Solo para que lo sepáis, quería compartirlo con vosotros", escribió en un primer mensaje, al que siguió otro en el que aseguraba: "No me he metido con nadie, ¿por qué me las bloquean? ¡Solo quería saber qué piensa el pueblo español de una forma limpia! ¿Ya no tenemos libertad de expresión???". Efectivamente, el tenista se columpió, aunque lo preocupante es por qué.

Fernando Verdasco, durante un partido del Open de Australia. (EFE)
Fernando Verdasco, durante un partido del Open de Australia. (EFE)

Del CIS de Tezanos a la Guardia Civil...

Primero fue el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que en su última encuesta incluyó una pregunta pésimamente redactada, perversamente formulada y claramente manipuladora. "¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener la libertad total para la difusión de noticias e informaciones?". Casi nada.

Salvo para sectarios o cortos de entendederas, sobra decir que la pregunta planteaba una hipótesis falsa, pues se daba a elegir entre la prohibición de los bulos y “mantener la libertad total para la difusión de noticias e informaciones”, aunque, salvo en las dictaduras autoritarias y/o totalitarias, ningún derecho carece de límites. De hecho, la Constitución española solo ampara el derecho a difundir información "veraz". Normal que a más de uno la pregunta de José Félix Tezanos, presidente del CIS, le evocara los tiempos del NO-DO —acrónimo de Noticiarios y Documentales—, que se emitía durante el franquismo.

Fenando Verdasco, durante el pasado Open de Australia. (EFE)
Fenando Verdasco, durante el pasado Open de Australia. (EFE)

Más aún si se tiene en cuenta lo que en 2013 decía el ahora vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias. "Lo que ataca la libertad de expresión es que la mayor parte de los medios sean privados. Incluso que existan medios privados ataca la libertad de expresión, hay que decirlo abiertamente", dijo el líder de Unidas Podemos, para añadir que "la mejor definición del periodismo se la leí a Luca Casarini: el periodismo es un arma que vale para disparar. Punto. Ya está".

Por si todo esto no fuera suficiente para contextualizar e incluso justificar la confusión de Verdasco, el remate fue el "lapsus" —Fernando Grande-Marlaska 'dixit'— que este mismo domingo tuvo el jefe de Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, quien en su comparecencia de prensa dijo que la jefatura del Servicio de Información del Instituto Armado "trabaja para minimizar el clima contrario al Gobierno" en la gestión de la crisis sanitaria, económica y social. Una confesión que, como no podía ser de otra forma, al menos en una democracia, provocó un terremoto político que alimenta aún más las sospechas de quienes se sienten censurados o en peligro de serlo.

Para acabar por donde empecé, la conclusión visto lo visto es que España ha pasado de ser un país en el que las redes sociales eran un balneario para la libertad de expresión, a que Instagram no permita —porque nunca lo hace— más de 1.000 respuestas en una encuesta y creas que ha sido un guardia civil el que te ha censurado, para "minimizar las críticas al Gobierno" y siguiendo las conclusiones a las que llegó Tezanos. Ya saben, la única información que vale es la oficial, aunque esté plagada de mentiras... Menos mal que siempre nos quedará aquello de que se puede engañar a alguien mucho tiempo, a muchos durante algún tiempo, pero es imposible engañar a todos durante todo el tiempo.

A mi bola
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