El marrón de jugar contra Kosovo, con Euskadi y Cataluña relamiéndose
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Kike Marín

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El marrón de jugar contra Kosovo, con Euskadi y Cataluña relamiéndose

España debe jugar contra un país que no reconoce al ser fruto de una declaración unilateral de independencia y con el que debió pedir a la UEFA el mismo criterio que con Gibraltar

placeholder Foto: Momento en el que salió Kosovo en el sorteo de la fase de grupos para el clasificatorio del Mundial 2022. (REUTES)
Momento en el que salió Kosovo en el sorteo de la fase de grupos para el clasificatorio del Mundial 2022. (REUTES)

La verdad es que es un marrón fruto de una carambola, pues inicialmente la selección de Kosovo había caído en el Grupo A de la fase de clasificación para el Mundial de Qatar 2022. Sin embargo, al estar ya la de Serbia, automáticamente pasó al B, casualmente el de España. El motivo del cambio fue puramente político y estaba previsto por los organizadores. De hecho era el mismo que se habría aplicado en el caso de que Gibraltar hubiera caído en el grupo de la selección que dirige Luis Enrique.

El problema es que, tras su decisión unilateral de independencia de Serbia, España nunca ha reconocido oficialmente a Kosovo como país, de ahí que es evidente que el fallo estuvo en no plantear a la UEFA la misma restricción que con Gibraltar, a la que el TAS instó a la FIFA a reconocer como miembro de pleno derecho. Y es que, por si fuera poco, lo mismo sucede con Grecia y Georgia, los otros rivales del grupo, mientras el quinto, Suecia, sí lo hace. Ya es mala suerte que de los 5 miembros de la Unión Europea que no reconocen a Kosovo, dos cayeran en su grupo (los otros tres son Chipre, Rumanía y Eslovaquia), además de Georgia, uno los 35 de la ONU que no lo hacen, por los 112 que sí.

Foto: La selección española, en una imagen de la clasificación a la Eurocopa. (EFE)

Cabe recordar que la federación kosovar de fútbol es miembro de la UEFA y de la FIFA desde 2016, si bien dos años antes ya disputó su primer partido amistoso autorizado, contra Omán. Su estreno oficial fue en septiembre de 2016, ante Finlandia (1-1), en la fase de clasificación para Rusia 2018, y ganó su primer encuentro dos años después frente a Islas Feroe en la Liga de Naciones. Sin duda, es el rival más débil del grupo, por detrás de Georgia, Grecia y Suecia.

El hecho de que España no reconozca como país a Kosovo ya provocó problemas en los Juegos Mediterráneos de Tarragona 2018, así como en el Mundial de Karate celebrado ese mismo año en Madrid. El Ministerio de Asuntos Exteriores tuvo que expedir el visado a los deportistas kosovares, toda vez que las normas del Comité Olímpico Internacional (COI) obligan al anfitrión a conceder la documentación necesaria a los que se hubieran clasificado. Eso sí, en Tarragona la bandera kosovar no fue mostrada en la ceremonia de apertura y su nombre fue sustituido por la denominación de Comité Olímpico de Kosovo, mientras que en Madrid tampoco pudieron usar su bandera ni escuchar su himno.

placeholder Los deportistas kosovares, durante el desfile inaugural de los Juegos del Mediterráneo de Tarragona 2018.
Los deportistas kosovares, durante el desfile inaugural de los Juegos del Mediterráneo de Tarragona 2018.

Pero hay más. En febrero del año pasado, la UEFA retiró a la Federación Española de Fútbol (RFEF) la organización del torneo clasificatorio para el Europeo Sub 17, que debía disputarse en Alcoi y Benidorm entre las selecciones de España, Ucrania, Grecia y Kosovo, y se llevó los partidos a Suiza, cerca de su sede en Nyon. Y es que el Gobierno de España ya matizó en 2018 que la participación de Kosovo "no supondría un reconocimiento implícito de ese territorio" y en nada prejuzgaría su posición sobre el Estatuto Internacional del territorio. El Ejecutivo no quería convertir un forzado trámite burocrático en un conflicto diplomático con la Unión Europea.

El año que viene la selección de fútbol de Kosovo tendrá, al menos en teoría, que pisar territorio español para jugar uno de los partidos de clasificación para el Mundial de Qatar y el Gobierno deberá validar los pasaportes de sus jugadores. Una de las opciones es que España podría presionar para jugar en territorio neutral cuando lo haga como local, pero lo más probable es que los socios de Sánchez, y quién sabe si incluso miembros de su propio ejecutivo, le presionen para que juegue contra Kosovo sin poner reservas de ninguna clase, pues de esta forma se estaría dando un paso, o al menos esa sería la intención, hacia la oficialidad de selecciones como la catalana y la vasca.

La verdadera raíz del problema

El pasado mes de julio, la representante del PNV en el Parlamento Europeo, Izaskun Bilbao, solicitó que España "reconozca la independencia de Kosovo, pues la única razón para esta negativa son los propios problemas territoriales que vive el Estado español". Guste o no, aquí está la verdadera raíz del problema. De hecho, la europarlamentaria vasca lamentó que España perdiera "la oportunidad de realizar este reconocimiento" durante el semestre de su presidencia rotatoria. "Quizá no lo haya hecho condicionado por su realidad estatal", sentenció Bilbao. Por su parte, sobra decir que los principales partidos representantes del movimiento independentista catalán presentaron mociones instando al Gobierno español para que reconociese a Kosovo para de este modo intentar sacar tajada.

placeholder Gianni Infantino, presidente de la FIFA, Pedro Sánchez y Luis Rubiales, presidente de la RFEF, en Moncloa. (EFE)
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, Pedro Sánchez y Luis Rubiales, presidente de la RFEF, en Moncloa. (EFE)

Sin embargo, y por aquello de que no hay mayor problema que el que no se quiere solucionar, no está de más de recordar que el mismísimo Hashim Thaçi, jefe político del Ejército de Liberación de Kosovo en 1999 y presidente del país balcánico hasta hace poco menos de mes tras ser imputado por crímenes de guerra, llegó a declarar que "España no es Serbia y tampoco Cataluña es Kosovo". Tampoco su primer ministro, Ramush Haradinaj, dimitido en febrero por el mismo motivo, se cansó de repetirlo: "Nunca reconoceríamos la independencia de Cataluña. Kosovo y Cataluña no tienen nada en común, y establecer cualquier analogía es un sinsentido. No se puede comparar la represión bajo el régimen de Milosevic con el Estado de derecho español; hacerlo resulta incluso ofensivo".

Un papelón para el CSD

Desde la federación kosovar ya han dejado claro que España tiene el derecho de pedir, cuando sea el anfitrión, que el partido se juegue en terreno neutral, pero que ellos quiere recibir a los de Luis Enrique en Pristina. Según el reglamento de la FIFA, "las federaciones participantes serán responsables de solicitar en el consulado o embajada del país anfitrión los visados de entrada necesarios con la suficiente antelación; si fuera necesario, requerir la asistencia de la federación anfitriona lo antes posible". Además, obliga a acordar con Kosovo los horarios de entrenamientos y recomienda correr con los gastos de su transporte, alojamiento y manutención en un hotel "de primera clase".

Aunque hay tiempo para la diplomacia y en estos asuntos nunca es bueno precipitarse, desde el Consejo Superior de Deportes (CSD) descartan que España pueda quedar eliminada de la fase de clasificación para el Mundial 2022 por su actitud hacia Kosovo y aseguran que se negociará con la FIFA —aunque en realidad deberá hacerlo primero con la UEFA— una fórmula que permita solventar los problemas con visados, bandera e himno, tal y como se hizo con el COI. Eso sí, mal empezamos si la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, dice que "vamos a negociar o discutir con la FIFA según las reglas del fútbol, por encima del derecho internacional, dos mundos separados".

El presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, siempre ha sido partidario de "encontrar un punto medio" que permita a todos los deportistas kosovares competir "sin tocar la idea, el pensamiento o la decisión que tiene tomada el Gobierno español". Pero ahora la cosa no es tan fácil, sobre todo porque el presidente de la RFEF es también vicepresidente de la UEFA, lo cual, lejos de ser una ventaja, es claramente un inconveniente. ¿Recuerdan las repetidas amenazas a España de Ángel María Villar, su antecesor en ambos cargos? Pues eso.

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